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Macedonia es un destino exótico con muchas sorpresas que seguramente complacen a los amantes del arte, la historia y la naturaleza. Se puede añadir, fácilmente, a cualquier itinerario europeo. Sin embargo en ocasiones se percibe como una región apartada.

La República de Macedonia se independizó de la antigua Yugoslavia en el 1991. Es un país de casi del mismo tamaño que Puerto Rico, con poco más de dos millones de habitantes en el sureste de Europa. Sus vecinos son Grecia al sur, Bulgaria al este, Albania al oeste; y Kosovo y Serbia al norte.

Al noroeste encontramos la impresionante Sar, una montaña de 1,780 metros (5,840 pies) sobre el nivel del mar, a solamente 35 kilómetros de la capital. En ella encontramos el centro de esquí más popular del país, Popova Sapka, que también ofrece paisajes escénicos y ecoturismo durante los meses más cálidos. Aunque cuenta con una variedad de hoteles y pensiones para varios presupuestos, mis acompañantes y yo elegimos las cabañas tradicionales propiedad de clubes locales.

En la capital el “Kameni Most” o puente de piedra cuenta con segmentos que datan de la caída del Imperio Romano. Pero además de ser un puente real, también sirve como puente simbólico entre el pasado y el presente de la ciudad, conectando la parte antigua con la parte moderna.

Al cruzar el río Vardar llegamos al Viejo Skopje. En la parte más antigua de la ciudad, con una historia muy rica y un impresionante legado cultural, el Bazar Antiguo ofrece elementos tanto de la Oriente como de Occidente. Aquí encontrarán otros turistas, pero también locales en su diario vivir. El castillo Kale, en pie desde el siglo 6, fue construido sobre los cimientos de otra estructura que fue terminada antes del Imperio Romano. La vecina iglesia Sveti Spas posee un imponente altar tallado completamente en madera.

Skopje también cuenta con mezquitas y otras estructuras merecedoras de una vista, que nos recuerdan los siglos que Macedonia estuvo bajo el dominio turco. Lleven zapatos cómodos para caminar por las calles adoquinadas del Viejo Skopje.

Los visitantes jóvenes querrán participar en la vida nocturna de la ciudad, y no deben faltar si hay partido de balonpié en el estadio. Estos eventos suelen ser muy concurridos y divertidos aunque el deporte no les interese tanto, pues la gente no cesa de cantar y bailar.

La ciudad de Ohrid, junto al lago del mismo nombre, es fascinante y merece una visita. Su típica arquitectura y la tendencia de extender el área de cada piso superior crea paisajes urbanos encantadores a pesar de la inquietante sensación de estar mirando “edificios invertidos”.

Un paseo en barco hasta el lado opuesto del lago es una actividad común, sobre todo a la hora del almuerzo. Todos los años se llevan a cabo un sinnúmero de actividades deportivas y culturales en el lago, como el Cruce a Nado y el Festival Internacional de Baile Folklórico.

La visita a los monasterios de Sveti Jovan Kaneo y Sveti Naum (casi en la frontera con Albania) no puede faltar. El primero sirvió de escenario en la película “Antes de la lluvia” (“Pred doždot” o “Before the Rain”) y el segundo fue fundado en el año 905 por el mismo San Naum. Cabe recordar que en Skopje hay una humilde cruz y una estatua que marcan el lugar donde nació la Madre Teresa (mejor conocida por su trabajo misionero en India) en el 1910.

Famosa por sus mosaicos, su teatro antiguo y sus baños romanos, Heraclea es la ciudad mejor preservada del antiguo Imperio Macedonio en el país. Fundada en el siglo 4 aC y conquistada por los romanos dos siglos más tarde, Heraclea fue construída en la Via Ignatia y se convirtió en una de las estaciones clave en esta importante ruta comercial. Aparte de las numerosas ruinas y artefactos hasta ahora descubiertos, Heraclea se distingue por los mosaicos en sus pisos, que datan del siglo 4. Los motivos son variados, como pavos reales, fuentes de agua, fauna y pájaros tomando de la fuente de la vida.

Además de estos lugares, Macedonia cuenta con aldeas en las cimas aparentemente inalcanzables de algunas montañas, ricos platos típicos como su Tavce na Gravce, valiosos frescos en monasterios medievales, altares completa y magistralmente tallados en madera, y una rica tradición multicultural que sobrevivió siglos de dominio turco.


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