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Uno de los muchos paisajes de la isla donde se mezclan los árboles de mango y los caballos.

Mucho más que mar turquesa, arena de polvo y una de las bahías luminiscentes más hermosas y brillantes en el mundo es la Isla Nena. Son numerosos los viajeros que visitan Vieques; y no solo de la isla grande, sino también personas que provienen de destinos tan lejanos como China, Rusia, Europa y el Medio Oriente. Pocos, sin embargo, logran desvelar los secretos ocultos de esta isla que tiene tanto para ofrecer. A través de este reportaje haremos un recorrido poco transcurrido, que gracias a un excelente guía y una invencible Jeep, hemos podido descubrir después de muchos años visitando Vieques.

La Isla Nena, llamada así por primera vez por el poeta Luis Llorens Torres, encierra grandes misterios, tesoros arqueológicos, belleza natural, reservas de flora y fauna endémica, un pueblo de espíritu solidario y un impresionante legado cultural a lo largo de 33 kilómetros de largo y 7.2 de ancho. Una leyenda popular cuenta que la palabra Vieques proviene de la familia lingüística indo antillana y significa “tierra pequeña”. Otros dicen que la Isla Nena obtuvo su nombre por el cacique taíno Bieque, que habitaba la isla hace muchos años. Los colonos ingleses, por su parte, la llamaban Crab Island, por la impresionante cantidad de cangrejos que rondaban las costas. Otros la conocen como una de las islas vírgenes españolas. 

Aparte de sus cristalinas playas que parecen haber salido de una película de los piratas del Caribe, la isla de Vieques conjuga una sierra montañosa en el centro, lagunas, extensos mangles, pantanos, arrecifes de corales y mucha vegetación endémica que incluye, pero no se limita a frutas tan exóticas como la multa (parecida en sabor y textura a la mora), pajuiles amarillos y rojos, aprines (parecidas a la cereza), grosellas, más de diez variedades de mangos, entre otros. Muchas de estas frutas, cuentan los locales, surgieron de las emigraciones y el sincretismo con  islas cercanas de Martinica y Guadalupe.

“Aquí se come lo que mi tierra produce“, dice Ismael Santiago García, mejor conocido como Tito Bloque, quien es dueño y cocinero del único restaurante viequense en el barrio de la Esperanza, que lleva su mismo nombre. En este restaurante, que se encuentra en la calle Acacia #129, las empanadillas son legendarias. Tito Bloque es quien amasa la harina y guisa los jueyes, la langosta y el carrucho para prepararlas. El ambiente que se respira aquí, como en la mayoría de la Isla Nena, es familiar. Todo el que entra se saluda y se sienta a disfrutar una rica empanadilla rellena de los frutos de mar más frescos que produce la costa viequense. Una visita a Vieques no puede completarse sin una visita al local de Tito Bloque, donde sin duda disfrutará de cocina local y de historias de antaño, que cuentan sobre la unión de la gente con su tierra, el turbulento pasado de la isla, su cultura y sus tradiciones que formarán parte de una experiencia autóctonamente viequense.

Para conocer Vieques más allá de su bahía y sus playas, merece la pena dedicarle al menos dos días de excursión tierra adentro. Muchas de las agencias que existen en la isla ofrecen tours que se limitan al snorkelling, el buceo o el viaje nocturno en kayak a la Bahía Mosquitos, o luminiscente. Para los amantes de la arqueología, la belleza natural, la ecología y la cultura, recomendamos Travesías Isleñas Yaureibo, una de las pocas agencias locales, establecida en el año 2003 por Néstor Guishard, un viequense apasionado por la historia y la cultura de su isla, que conoce los tesoros de su tierra mejor que la palma de su mano. “Para mí lo más importante es ubicar a Vieques en el mapa ecoturístico del mundo. Hacer que los turistas conozcan la historia, arqueología y cultura de aquí es mi meta principal. Vieques es mucho más que bahía y playa”, expresa Guishard, quien tiene una formación en sociología, historia y turismo y actualmente cursa su doctorado.

Sentados en el Jeep de Néstor comenzamos nuestra travesía temprano en la mañana. Hay mucho que ver y debemos aprovechar cada instante. Comenzamos en Isabel II, capital de la isla y el poblado principal. El Fortín del Conde de Mirasol es la primera edificación que observamos en la distancia (abierto miércoles-domingo 10:00 a.m. - 4:00 p.m. 787-741-1717). En su interior encontrarás un museo, una tienda, interesantes exhibiciones e información educativa sobre la historia de Vieques. 

El cementerio municipal también vale la pena admirarlo, sobre todo por la vista panorámica del canal de Vieques y la isla grande entre flamboyanes y coloridas flores que adornan las tumbas. Aquí se encuentran enterradas muchas figuras claves de la historia de esta isla. Continuamos el paseo por el norte de la isla hasta llegar a Punta Arenas, una zona que abarca varios litorales como Playa Punta Arenas, la Laguna Kiani y Monte Pirata. Cada una de estas maravillas naturales esconde una costa intocable, agua cristalina, mar que parece talco y una que otra palmera o uva de playa en la distancia. Estas tierras se encuentran en territorio del gobierno federal, algunas bajo investigación y otras que cierran a partir de las 6:30 p.m., por tanto es importante consultar primero con su guía para estar al día con la información y no toparse con imprevistos.

Hacemos una parada en Playa Caracas, que se encuentra en un área protegida que abarca un importante refugio de vida silvestre. Se recomienda sobre todo para familias, ya que a diferencia de muchas otras playas viequenses, cuenta con varios gacebos donde pueden celebrarse cumpleaños u otras actividades en grupo. Una leyenda cuenta que por estas costas entró Simón Bolívar, quien se hipnotizó con el turquesa del mar y la divinidad de la costa. La cercana playa Pata Prieta es otro hermoso lugar para pasar una tarde y darse un baño o simplemente dejarse ir y flotar sobre el mar. Hace menos de cinco años que se permitió el acceso libre al público a esta playa y por tanto, aún se conserva bastante prístina. El recorrido de esta zona puede concluir con una visita al paseo tablado de la Laguna Kiani envuelta en pantanos de mangle rojo donde habitan especies endémicas de jueyes, aves marinas, larvas de camarones, lagartos, entre otros animales. 

El Parque Arqueológico Puerto Ferro (carretera 997 al sur-este) es nuestra siguiente parada. Para llegar aquí hemos pasado por carreteras arropadas por flamboyanes cuyas hojas han formado una alfombra en el suelo. Finalmente, vemos un pequeño letrero que nos dirige al yacimiento del hombre más antiguo del Caribe que vivió hace más de 4,000 años a.C. Dos enormes piedras marcan el lugar donde, en 1991, arqueólogos encontraron los restos del esqueleto del Hombre de Puerto Ferro que ahora se exhiben en el Fortín Conde de Mirasol. Antes de este descubrimiento se creía que los humanos habían llegado al Caribe hace 2,000 años. La tumba de este hombre está rodeada de impresionantes rocas de granito, cuya procedencia y formación es desconocida. Escalamos la roca mayor, nos sentamos a tomar un descanso y admirar el paisaje en la distancia. Es interesante pensar en la antigüedad de este hermoso lugar.

Continuamos el recorrido adentrándonos un poco tierra adentro hasta llegar a Hacienda Playa Grande. Envueltos en un bosque donde reinan los quenepos y las enredaderas comenzamos a caminar siguiendo a nuestro guía. Néstor nos cuenta que la construcción de estas ruinas se llevó a cabo en 1840 y la central azucarera operó hasta 1942, cuando se marcó la llegada de la Marina. Entre los árboles detectamos paredes de ladrillo del siglo XIX, impresionantes arcos y otros restos de una bella y antigua edificación. No hay nadie a nuestro alrededor y el tiempo parece haberse detenido hace muchos años. Vemos un árbol enorme de corteza roja y nos cuenta nuestro guía que lo utilizan los locales como remedio casero para curar dolores. Más adelante envuelto a medias en una enredadera de bayahonda y otras plantas desconocidas encontramos un tren de carga que se utilizaba para transportar la caña de la central. Con cada paso hallamos más restos de lo que fue esa productiva fábrica, cuyos dueños eran una poderosa y adinerada familia de Francia. Observamos una centrífuga, canales escondidos por donde entraban los esclavos a alimentar la fábrica con carbón. Se trata de un tesoro histórico, un museo al aire libre, que aguarda tantos enigmas conocidos a medias. Precisamente por su estado de abandono, en los últimos años los viequenses han iniciado una campaña de concienciación y educación sobre la importancia de preservar estos sitios arqueológicos que conforman el patrimonio cultural.

Para información sobre restaurantes, horarios, precios, comidas u otro, consulta a: www.vieques-island.com. Para excursiones y reservaciones, contacta a Travesías Isleñas Yaureibo:  www.viequesoutdoors.com (939-630-1267). Para alquiler de carros y 4x4: Maritza’s Car Rental (787-741-0078). 

Para información sobre este destino, contacta a tu agente de viajes.


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