


La transformación demográfica, la disponibilidad de talento, los eventos atmosféricos y los cambios tecnológicos son parte de los múltiples retos que enfrentan las empresas en Puerto Rico. Sin embargo, no basta con resistir los embates para mantener a flote una operación organizacional. Para salir airosas y pasar al próximo nivel, las empresas deberán adaptarse modificando los procesos y, si es preciso, cambiando de ruta.
Para lograrlo, es necesario integrar la adaptabilidad como una métrica básica de desempeño empresarial, similar a la productividad, la rentabilidad o la satisfacción del cliente.
De acuerdo con el doctor Juan Carlos Sosa Varela, decano de la División Académica de Negocios, Turismo y Emprendimiento en la Universidad Ana G. Méndez, “la organización debe tener capacidades ágiles para adaptarse y, si la empresa es adaptable, puede lograr resultados”.
Aclaró que la adaptabilidad es distinta a la resiliencia o a cómo, a pesar de las circunstancias, la organización resiste, se recupera y continúa operando.
“En la adaptabilidad se añade la capacidad de la organización de cambiar el modelo de negocio, los procesos y las prioridades cuando la realidad así lo requiera”, explicó.
Igualmente señaló que recuperarse no siempre significa regresar exactamente al punto anterior. “Son dos conceptos que se parecen, pero se trabajan de manera distinta. Si una empresa es capaz de adaptarse, puede ser resiliente; pero una empresa resiliente no necesariamente será capaz de adaptarse”, sostuvo.
Las empresas y organizaciones que operan en Puerto Rico, según el profesor de Negocios Internacionales y Mercadeo, están bajo múltiples fuentes de cambio. Entre estas, destacó la transformación demográfica, la disponibilidad de talento para el desarrollo de sus propias organizaciones, el costo y la disponibilidad de la energía, la logística, los cambios regulatorios, los eventos atmosféricos y la tecnología.
Asimismo, indicó que otro aspecto importante es la evolución del consumidor, quien cambia drásticamente sus patrones de conducta por diversas razones y tendencias, lo que obliga a las empresas a adaptarse.
Aunque el concepto de adaptabilidad es abstracto —pues no se puede medir de la misma manera que la eficiencia—, hay otros indicadores que revelan si la empresa es sostenible a través del tiempo, entre estos, la innovación y la movilidad de talento.
“La eficiencia es medible en muchas organizaciones; nos dice cómo operamos hoy. Pero la adaptabilidad tiene otra connotación porque nos dice cuán preparados estamos para el mañana o el futuro”, expuso.
El profesor argumentó que, a diferencia de la eficiencia, en la adaptabilidad se evalúan el comportamiento y los tiempos concretos a nivel organizacional. “Es decir, cuánto tarda en detectar una señal, tomar una decisión, asignar recursos, implementar una respuesta y aprender de los resultados de la propia decisión”.
Otro aspecto clave es cómo la empresa reacciona a los cambios, ya que si se improvisa, puede interpretarse como falta de estrategia. “La adaptabilidad es una estrategia. Una empresa que se mantiene con esa capacidad de adaptarse, mantiene esa claridad sobre su propósito, su razón de ser, su misión y también sus prioridades”, resaltó.
“Cuando tienes una organización diseñada estratégicamente para esas adaptaciones, esta es capaz de modificar procesos, recursos, acciones, entre otras cosas, cuando el entorno lo amerita”, añadió.
Afirmó que si una organización sabe hacia dónde se dirige y, a su vez, cuenta con flexibilidad operacional, “es una combinación que permite que esa empresa sea sostenible a través del tiempo, pues la sostenibilidad está muy atada a la innovación del modelo de negocio”.
Como ejemplo, recordó las decisiones que tomaron los dueños de restaurantes en la isla durante la pandemia. “Algunos dueños de restaurantes decidieron cerrar porque no quisieron adaptarse para abrir cuando pasara la pandemia. Sin embargo, hubo otros que se adaptaron con Uber Eats, menú en formato digital, formato pequeño o carry out; eso es la adaptabilidad. Tuvieron una claridad estratégica, pero también flexibilidad operacional, una capacidad necesaria para la continuidad del negocio”, dijo.
Por otro lado, mencionó la integración de la inteligencia artificial (IA) en los procesos de adaptabilidad organizacional.
“Muchos procesos decisionales de la empresa pueden acelerarse con la IA y eso es muy importante en el proceso de adaptación. Esto requiere que la empresa sea flexible, porque una empresa rígida no se volverá adaptable simplemente por comprar tecnología”, argumentó.
“Claro, tanto la tecnología como la IA amplifican esas capacidades en la organización y pueden acelerar su proceso de adaptación. Es un asunto de dimensionamiento, de capacidades que ya la organización ha desarrollado”, puntualizó.
Finalmente, reconoció que la capacidad de adaptarse “es también una capacidad de aprender, desaprender y volver a aprender, pero no es algo fácil”.
“Para que una empresa tenga la capacidad de adaptarse, sus equipos de trabajo deben contar con esa misma capacidad, y estos, a su vez, deben contar con individuos que se adapten. Ahí entra en juego el rol de la educación, así como la manera en que creemos en nuestras normas y valores”, concluyó.
La autora es periodista colaboradora de Suplementos.

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