


Mientras lideraba una empresa de corretaje de seguros, Edna Vázquez Bonnet se enfrentaba a una angustia que, en ocasiones, se volvía solitaria: la incapacidad de encontrar para su hijo servicios de aprendizaje que respondieran a su ritmo y potencial.
Su hijo de 3 años tenía un IQ de 156, o sea, de inteligencia superior. Era hiperactivo y aprendía rápidamente, aunque de una forma distinta. Sin embargo, en aquel momento esto se consideraba un problema de aprendizaje. Grandes mentes como Albert Einstein y Walt Disney también fueron catalogadas erróneamente con dificultades similares por procesar la información de manera diferente. No obstante, ambos lograron desarrollar su máximo potencial, demostrando por qué contar con un diagnóstico certero y válido resulta indispensable.
Fue en ese momento que comprendió que no existe “una póliza que garantice el futuro de un niño; que el futuro se construye”.
Entonces, del amor –a su hijo, a la niñez, a la educación y a Puerto Rico– nació el Centro de Diagnóstico para Inteligencias Múltiples (CDIM).
“Había cientos de niños colgándose. La deserción escolar estaba en un 40 %. Y los niños no estaban aprendiendo”, rememora.
Así que fue a hablar con Baltasar Corrada del Río, alcalde de San Juan, y con Pedro Rosselló, director de Salud de la capital, y les pidió el cuarto piso del Hospital Municipal, que llevaba años clausurado.
Tras meses de procesos burocráticos y trabajos para rehabilitar el espacio, el 7 de mayo de 1987 abrió el CDIM con la intención de transformar el destino de la niñez en el archipiélago.
Y es que, en aquellos años, recuerda la doctora, las evaluaciones solían ser “trililí, por lo que el diagnóstico no era válido y los niños no aprendían”.
Por eso, inmediatamente, trasladó a la entidad sin fines de lucro la meticulosidad que aplicaba a su firma, Bonnet Insurance Brokerage Corporation.
“Yo no puedo jugar con el futuro de un niño”, manifiesta. “Siempre estamos mirando la perfección para asegurarnos de que, al final, ese niño se encamine y pueda lograr su potencial, que sea un ciudadano productivo”.
Bajo esa filosofía, Vázquez Bonnet implementó un enfoque transdisciplinario, donde pediatras, neurólogos, psiquiatras, psicólogos, audiólogos, patólogos del habla y terapistas ocupacionales examinan al menor para luego compartir los hallazgos en equipo y así comprender holísticamente sus necesidades.
Además, el centro vela por actualizar constantemente las pruebas diagnósticas –como las de Pearson, alineadas a las últimas ediciones del Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales– para evitar que instrumentos obsoletos “desvíen al niño de su camino”.
Todo proceso comienza con una conversación con la familia. La filántropa describe que muchas madres llegan agotadas emocionalmente, sin suficiente apoyo, mientras intentan comprender las necesidades de sus crías y conseguir los recursos que necesitan. Por eso, acompañarlas también forma parte de la misión.
Los cuidadores son fundamentales en el trabajo porque conocen cómo el pequeño aprende y enfrenta sus dificultades.
“Tenemos que bregar con ese niño en un entorno familiar, donde todos se involucren”, sostiene. “El hogar es muy importante para el progreso”.
Para la fundadora, también es medular una intervención temprana y certera. Por eso, el centro evalúa a niños desde los meses de nacido, para poder reconocer las dificultades a tiempo y evitar obstáculos en el periodo escolar.
“Si un niño no se concentra, no puede leer, no puede hacer asignaciones y no va a aprender”, puntualiza.
Al repasar las cuatro décadas del CDIM, más allá de los reconocimientos internacionales que han recibido –como de los expresidentes George Bush y Bill Clinton–, Vázquez Bonnet siempre vuelve a los niños.
“Lo más que me hace sentir orgullosa es cuando me traen a los nenes que se han graduado de la universidad o que están trabajando, ganándose la vida”, confiesa.
Recuerda, por ejemplo, el caso de una joven que logró completar sus estudios en España, trabaja como maestra de educación especial y está terminando una maestría.
“Ahí es que digo: ‘Hicimos bien el trabajo’. Y eso es lo importante”, reconoce.
Vázquez Bonnet calcula que el centro ha impactado la vida de más de 700,000 niños y jóvenes a lo largo de toda su trayectoria, realizando unas 1,500 evaluaciones mensuales.
Pero para lograr que más familias encuentren evaluación, orientación y esperanza, el CDIM, como organización 501(c)(3), depende en gran medida de donaciones realizadas por empresas e individuos.
“Con eso compramos las pruebas que, de otra manera, no podríamos porque nuestros servicios son gratuitos, no cobramos nada”, precisa.
Toda esta vocación de servicio le viene de su madre, Gloria Gordils, quien ha sido “la fuente de inspiración” de su vida. “Fue quien me encaminó, enseñó y exigió hacer todo lo que he hecho”, revela.
Lo mismo hizo ella con sus hijos, Chandrissa y Luis Alexandre, a quienes les inculcó la máxima que le repetía su madre: “El que sirve, sirve”.
Ahora, con los nietos también involucrados, el relevo generacional está listo para continuar el legado y seguir aportando al país.
Sin embargo, Vázquez Bonnet aún no vislumbra la misión concluida. Habla de esa responsabilidad que aún siente y de un trabajo que, para ella, solo tiene sentido si ayuda a otros a progresar.
“Me siento muy feliz porque he aportado a que en mi país –y en otros países– la gente sea más feliz, pueda encaminarse y alcanzar su potencial”, asegura. “Nacimos hace 40 años y soy la mamá de ese bebé que ya está grande. Pero la vida es una lucha y yo seguiré luchando por estos niños hasta el último hito de mi vida”.
Para donaciones, puede comunicarse al 787-722-9595. También puede realizarlas a través de la página web cdimpr.org, ATH Móvil, a CDIMPR o por Pay Pal.
El autor es periodista colaborador de Suplementos.

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