


En Puerto Rico hablamos mucho de innovación y emprendimiento, pero a veces los asociamos casi exclusivamente con la tecnología, las aplicaciones y las startups. En ese entusiasmo corremos el riesgo de pasar por alto algo importante: nuestros pequeños y medianos empresarios también innovan, aunque no siempre lo llamen así.
Piensa en una panadería que empieza a distribuir sus productos en otros establecimientos, en un restaurante que encuentra otra forma de llegar a sus clientes o en una empresa familiar que ajusta su forma de operar para seguir siendo rentable. Nadie tiene que inventar un producto revolucionario. Lo que están haciendo es reconsiderar su modelo de negocio. Y eso también es innovación.
Durante los últimos años he estudiado cómo las empresas transforman sus modelos de negocio. Me interesa entender por qué algunas se adaptan a los cambios del mercado y otras, incluso con buenos productos y clientes, no. Una de las preguntas que hemos examinado es cómo atender el día a día sin dejar de explorar nuevas oportunidades. Suena sencillo, pero para una pyme que gestiona personal, inventario y flujo de efectivo, no lo es.
Esta inquietud forma parte de una línea de investigación que he desarrollado en la Universidad Ana G. Méndez, junto con colegas de la Universidad de Puerto Rico, en sus recintos de Río Piedras y Mayagüez. Nos ha interesado entender cómo las pequeñas y medianas empresas encuentran oportunidades sin descuidar las operaciones que sostienen el negocio. La colaboración entre nuestras instituciones también nos ha permitido examinar estas preguntas desde distintas perspectivas.
Imaginemos al dueño de una repostería que vende al consumidor y descubre que puede suplir a cafeterías, farmacias o gasolineras. El producto casi no cambia; lo que sí cambia es la forma de llegar al mercado. Esa decisión puede ser una innovación importante sin necesidad de inventar tecnología.
En un estudio con datos de 168 pymes, encontramos que las que combinan mejor el aprovechamiento de lo que ya hacen con la exploración de nuevas oportunidades muestran una relación positiva con la innovación en su modelo de negocio. Eso sugiere que no siempre hay que abandonar lo que se hace bien para encontrar algo nuevo.
También hemos visto que comprar tecnología no es lo mismo que innovar. Una ferretería puede mejorar su inventario con un sistema nuevo, pero si usa esa información para anticipar las necesidades de clientes comerciales y ofrecer pedidos recurrentes, ya está explorando otra posibilidad. En nuestra investigación, la transformación digital se relacionó principalmente con cambios en la forma en que se crea valor, no necesariamente con nuevos clientes o ingresos. En otras palabras, invertir en tecnología puede mejorar las operaciones, pero no garantiza nuevos mercados.
Vale la pena detenerse en ese hallazgo. Explorar no significa necesariamente arriesgarlo todo. Puede comenzar por escuchar a los clientes, probar una ruta de distribución o conversar con otro comerciante. Mientras tanto, el negocio tiene que seguir haciendo bien aquello por lo que sus clientes regresan. La innovación no sustituye la buena administración; necesita de ella para que una idea interesante se convierta en una oportunidad viable.
Por eso, antes de invertir, yo recomendaría preguntarse: ¿qué necesidad de mis clientes no estoy satisfaciendo? ¿Puedo usar mis recursos actuales de otra manera? ¿Hay posibles alianzas con otros negocios? ¿Estoy generando ingresos de la única manera posible?
No todas las respuestas requieren grandes inversiones. Una cafetería podría proveer desayunos a oficinas cercanas. Una empresa de mantenimiento podría ofrecer contratos de mantenimiento preventivo en lugar de depender de las llamadas de emergencia. Son decisiones que cualquier empresario puede evaluar: identificar una oportunidad, estimar costos, probar a pequeña escala y verificar si contribuye a la rentabilidad.
Y no confundamos crecer con innovar: abrir otro local puede aumentar las ventas, sí, pero también los costos y las responsabilidades. A veces, revisar cómo se distribuye un producto o cómo se atiende a un segmento de clientes puede ser más conveniente que expandirse físicamente.
Yo añadiría otra pregunta: ¿qué me están pidiendo los clientes que hoy tengo que rechazar? A veces las mejores ideas aparecen detrás del mostrador, por teléfono o durante una entrega. Conviene anotarlas y observar cuáles se repiten. Después, probar con pocos clientes, calcular los costos reales y medir si la iniciativa deja ganancias. Una idea puede aumentar las ventas y, aun así, no ser rentable. Esa diferencia importa mucho cuando los recursos son limitados.
Después de años estudiando estos temas, creo que la innovación debe responder a una necesidad empresarial concreta. Para muchos dueños de negocios, el reto consiste en encontrar tiempo para pensar en el futuro mientras atienden las exigencias del presente. Quizás debamos reconocer que innovar también ocurre en la panadería de la esquina o en un negocio familiar, y que la próxima oportunidad de crecimiento puede estar en lo que ya hacemos, pero visto de otra manera.
El autor es decano de la Escuela de Negocios, Turismo y Emprendimiento de la Universidad Ana G. Méndez.

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