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Crea vínculos saludables

Aprende a propiciar una relación sana y duradera, tanto con tu pareja como con familiares, amigos y colegas

10 de febrero de 2026 - 11:10 PM

Para quien desea mejorar la calidad de sus relaciones, primero debe trabajar el autoconocimiento emocional. (Suministrada)

En el mes de febrero es mucho lo que se habla del amor de pareja, de cómo mantener la llama de la pasión y qué regalar para agradar a esa persona con quien compartes tu vida. Sin embargo, también puede ser un buen momento para analizar cómo es la relación que tienes con otros seres queridos como familiares, amigos y hasta compañeros de trabajo.

El psicólogo clínico, Gilvic Carmona, señaló que hablar de vínculos saludables no necesariamente es referirse a un estado de perfección, sino de conciencia. Cuando se analizan detenidamente estas relaciones, es preciso entender que esas relaciones —familiares, de pareja, de amistad— tienen un impacto directo y profundo en cómo te sientes, cómo piensas y hasta en cómo habitas tu propio cuerpo.

La importancia de crear vínculos sanos

Ante la necesidad de mantener buenas relaciones con quienes te rodean, aparece una gran interrogante: ¿qué hace que un vínculo sea sano?

“Los límites permiten proteger quién soy, mi bienestar y mi dignidad personal”, explicó.

Para el doctor Carmona, hay un punto de partida que es innegociable y que puede darte la clave para tener éxito en tu búsqueda de relaciones más saludables.

“Lo más importante de todo es que tienen que ser igualitarios. Igualitarios no como un ideal abstracto, sino como una práctica cotidiana de reciprocidad. Tiene que haber una relación de reciprocidad. Tiene que haber una interdependencia en la relación, pero respetando la visión del otro. De ahí se desprenden otros elementos esenciales, como el respeto mutuo, la comunicación transparente, la confianza y validación emocional”, advirtió.

Según el experto, algo que está muy ausente en muchos vínculos actuales es la validación emocional.

“Que yo pueda ser empático con ese otro y que yo sienta que la otra persona va a ser honesta conmigo. Cuando eso ocurre, se abre la puerta a algo aún más profundo y es que yo pueda aprender a celebrar el crecimiento de los demás. No puede haber un vínculo afectivo saludable si yo no valoro y no celebro los logros de los demás”, enfatizó.

¿Qué pasa cuando se pierde la conexión?

Ese sentido de pertenencia que producen los vínculos emocionales es, muchas veces, el ancla que sostiene la salud mental y emocional a lo largo de la vida.

Por eso, cuando esas interacciones se debilitan o se rompen, “de alguna manera nos afectamos emocionalmente porque al ser humano no le gusta estar de ninguna manera aislado o sin un sentido de pertenencia”, dijo.

Y es que el psicólogo clínico destacó que no siempre es fácil reconocer cuándo una relación deja de ser saludable. Muchas personas permanecen en vínculos que generan malestar durante años.

“Uno de los factores que intervienen tiene que ver con el apego emocional. Un apego que, en muchos casos, se origina en la infancia y se manifiesta como dependencia emocional en la adultez. A esto se suma un miedo persistente: el miedo a la soledad, que aparece en distintas etapas de la vida, desde la juventud hasta la madurez y la vejez”, expresó.

Hay, además, una trampa silenciosa y es que “hemos aprendido a normalizar el malestar”. Frases como “esa persona siempre ha sido así” funcionan como justificaciones para permanecer en relaciones que duelen. En especial en la pareja, se sostiene la esperanza de que el otro cambie.

Empezar de cero

Romper con un vínculo dañino comienza con un acto de honestidad para reconocer las emociones que han llevado las relaciones a ese punto, comentó Carmona.

El experto añadió que, muchas veces, el cuerpo da señales claras antes que la razón y comparte el siguiente ejemplo: “Has compartido 10 minutos con alguien y sientes que te ha robado la energía. Ese agotamiento emocional es una alerta. Sentir ansiedad antes o después del encuentro, culpa, invalidación emocional o una merma en la autoestima son señales inequívocas de que algo no anda bien”.

Los vínculos primarios —especialmente los familiares— dejan huellas profundas. Esas experiencias tempranas son marcas que quedan para toda la vida. Desde cómo se respondía al llanto de un niño hasta cómo se manejaban los conflictos en el hogar, todo influye en la manera en que ese adulto confiará, se vinculará y enfrentará desacuerdos.

Los desafíos de estos tiempos

En la era digital, los desafíos se multiplican. Aunque la tecnología permite conexiones rápidas y a distancia, también trae superficialidad.

“Pueden darse vínculos de una manera más rápida, pero suelen ser más superficiales. La falta de presencia real, la mala interpretación de mensajes y la baja tolerancia a la frustración afectan la calidad del vínculo. Por eso, tiene que haber un proceso de presencia real y priorizar la calidad del contacto con el otro”, sugirió Carmona.

Aquí entran los límites saludables, un tema que suele generar resistencia y muchas veces es mal visto, pero hay que tener claro que “poner límites no es egoísmo, sino autocuidado”, subrayó.

Finalmente, para quien desea mejorar la calidad de sus relaciones, Carmona señaló que lo primero que hay que trabajar es el autoconocimiento emocional.

“Identificar necesidades, reconocer patrones repetidos y fortalecer la autoestima. Yo tengo que amarme y quererme tal como soy para entender que estar con alguien no puede venir con la exigencia de que yo cambie o que el otro cambie. Cuando eso no es posible, también hay que aceptar que de manera asertiva y empática, cada cual tome su camino”, concluyó.

La autora es periodista colaboradora de Suplementos.

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Este contenido fue redactado y/o producido por el equipo de Suplementos de GFR Media.

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