


Se refiere al conjunto de factores ambientales a los que una persona ha estado expuesta desde su nacimiento hasta la vejez, incluyendo su relación con el aire, el agua, los suelos y la contaminación.
El concepto fue establecido por el doctor Christopher Paul Wild, en 2005, al enfatizar la importancia de una evaluación exhaustiva del entorno que rodea al individuo durante toda su vida que, unida a los componentes genéticos, “podría conducir al desarrollo de enfermedades crónicas no transmisibles”.
Sin embargo, al tratar de identificar si existe un exposoma del puertorriqueño, hay que considerar ciertas variables que responden a la geografía del lugar en donde nace, reside, estudia y trabaja la persona, debido a las condiciones particulares del archipiélago borincano.
Para el profesor Carlos Morales Agrinzoni, director del Centro de Estudios para el Desarrollo Sustentable (Cedes), del Recinto de Cupey de la Universidad Ana G. Méndez, “definir el exposoma del puertorriqueño es bastante complejo”.
Según el planificador ambiental, “nosotros tenemos una geografía bastante compleja y accidentada que, al mismo tiempo, crea unos microclimas, unas condiciones particulares que hacen que cada lugar en Puerto Rico responda de manera diferente a los factores ambientales a los que la persona se expone”.
“Esa geografía ha incidido mucho en las condiciones socioeconómicas del puertorriqueño, sobre todo, influenciando su dieta y su salud. Así que, no solamente responde al lugar donde vive la persona, sino también a la historia ligada al desarrollo de ese lugar y a las condiciones socioeconómicas que enfrenta esa persona”, reveló.
Para explicarlo, señaló varios ejemplos de cómo las situaciones ambientales han afectado a residentes de Vieques, Culebra, Guayanilla, Guayama, Salinas y Cataño, “donde esta situación es recurrente”.
“En el caso de Vieques y Culebra, los ejercicios de práctica de la Marina de Guerra de Estados Unidos ocasionaron una serie de problemas ambientales que, a su vez, se reflejaron en la exposición de los residentes de ambas islas”, señaló.
Mientras que, en Peñuelas, “cuando estuvo la refinería CORCO (Commonwealth Oil Refining Company, Inc.) en todo su apogeo, vimos ciertos problemas con la salud respiratoria, que es un ejemplo de exposoma”, dijo.
“En ese caso particular, ocasionó serios problemas de salud en las vías respiratorias y también lo hemos visto en Guayama y Salinas, con la exposición a las cenizas de carbón y otro material particulado, como resultado de las emisiones en la zona”, acotó.
“De igual forma, Cataño también se vio expuesto a situaciones de emisiones a la atmósfera, donde, en un momento dado, tuvo un gran problema de salud con ciudadanos con padecimientos respiratorios y cáncer”, agregó.
En tanto, el planificador ambiental resaltó que “hay muchos estudios en esas zonas que han relacionado lo que es la situación ambiental y el efecto que ha tenido en la salud humana de esos residentes”.
“En este caso, hay estudios que relacionan esas incidencias de cáncer en las vías respiratorias con contaminantes presentes, ya sea en suelo o aire. Y esto es lo que se conoce como el resultado de los exposomas ambientales y el efecto que tienen en el ser humano”, sostuvo.
Según el educador, además de las condiciones ambientales localizadas, derivadas de la contaminación, hay otros eventos extremos como el cambio climático que también se toman en consideración al hablar de exposomas.
“Estamos hablando de que se alteran las condiciones ambientales particulares de esa región y, al mismo tiempo, pueden influir en la salud del ser humano, desde su niñez hasta la vejez”, argumentó.
“Igualmente, hablamos de otros factores, como los biológicos, donde ocurren ciertos eventos que desencadenan un problema en particular que puede estar afectando la salud del ser humano en un momento en particular”, afirmó.
De otra parte, aclaró que las condiciones de salud expuestas a través del concepto de exposoma no se transmiten genéticamente.
“En el caso de los exposomas, estamos hablando de esas condiciones ambientales en las que el ser humano se cría y de cómo los factores de la geografía y los socioeconómicos inciden en su salud”, resaltó.
“No necesariamente quiere decir que va a pasar de generación en generación porque, si las condiciones ambientales cambian en esa geografía en particular, vamos a tener otro tipo de exposición a otras condiciones y no necesariamente va a desarrollar las mismas enfermedades”, sentenció.
Finalmente, mencionó que “estudiar el exposoma desde la parte académica nos permite entender ciertas enfermedades más comunes en Puerto Rico e identificar los factores que pueden ser prevenibles. Esto ayuda a diseñar políticas públicas para ser más efectivas en la integración de programas focalizados en las enfermedades de los puertorriqueños en diferentes partes de la isla. Ello, respondiendo a la regionalización y la geografía particular de cada municipio”, concluyó.
La autora es periodista colaboradora de Suplementos.

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