


Carlos Izquierdo pensaba que convertirse en padre le iba a cambiar muchas cosas. Lo que no imaginaba era que terminaría cambiando hasta la manera en que llena un carrito de Amazon.
Hoy, antes de comprar cualquier cosa, lo piensa varias veces. Evalúa si realmente lo necesita. Hace cuentas. Planifica. Piensa en el futuro. No se trata de austeridad. Se trata de priorizar para velar por el bienestar y el futuro de Ignacio
Su hijo nació en agosto del año pasado, después de varios años de espera y, desde entonces, cada decisión cotidiana parece pasar por un nuevo filtro. De repente, lo que come, lo que gasta, cómo organiza su tiempo y hasta las horas que dedica al trabajo adquirieron otro significado. Ya no se trata únicamente de sus metas o sus prioridades personales.
A sus diez meses, Ignacio todavía no habla, pero Carlos está convencido de que ya se comunica. Por eso, aunque se considera un padre estructurado, cree que una de las claves de la crianza es aprender a escuchar a su hijo y observar cómo reacciona al mundo.
“Eso va a seguir siendo clave en los próximos cuarenta años”, aseguró el creador de contenido quien comparte sus experiencias en Instagram como @carlosizquierdopr.
Como muchos padres, podría señalar grandes momentos para describir la felicidad. Pero cuando habla de Ignacio, parece encontrarla en las cosas más simples. Disfruta las rutinas cotidianas junto a su hijo. Son momentos sencillos que se han convertido en algunos de los más importantes de su día.
Aun así, hay un recuerdo que ocupa el primer lugar. El día que Ignacio lo identificó por primera vez. Carlos estaba grabando un video cuando le preguntó quién era. Entonces escuchó la respuesta.
“Papá”.
Apagó la cámara y comenzó a llorar. “Me quería derretir”, recordó.
Pero si hay algo que atraviesa toda su visión de la paternidad es la importancia de estar presente. Esa convicción nació mucho antes de que Ignacio llegara al mundo.
Proviene de una historia que guarda de su propia infancia. Su madre era arquitecta y trabajaba en el diseño del edificio del Banco Popular. En un momento importante de su carrera, debía hacer una presentación crucial ante los directivos del proyecto. Ese mismo día coincidía con el primer field day de Carlos.
Ella decidió priorizar la actividad de su hijo y la presentación finalmente se movió para otra fecha.
Años después, esa decisión le sigue acompañando.
Por eso se esfuerza en no cometer el error de sacrificar sistemáticamente la familia en nombre del trabajo. Carlos trabaja para una compañía pública estadounidense, donde las jornadas podrían extenderse indefinidamente. Sin embargo, ha aprendido a poner límites. De cinco a siete de la tarde, explicó, son de Ignacio. Y si tiene que retomar tareas más tarde en la noche, lo hace.
Lo importante es no delegar por completo la crianza ni asumir un rol secundario. Desde que nació su hijo, tomó la decisión consciente de compartir las responsabilidades con su esposa y de estar presente en las tareas diarias, incluso cuando el cansancio aprieta. Esa filosofía también influye en los valores que espera transmitir.
Todavía considera que su hijo es demasiado pequeño para comprender grandes lecciones, pero está convencido de que los valores comienzan mucho antes de las palabras. Se enseñan en el ejemplo. En cómo trata a su esposa. En cómo habla de otras personas. En cómo se relaciona con su familia.
“Las cosas que no se dicen”, explicó.
Quizás, una de las lecciones más inesperadas también vino de Ignacio. Antes de convertirse en padre, quería comprarle todos los juguetes posibles. Luego descubrió que su hijo era mucho más feliz compartiendo tiempo con él que recibiendo cosas nuevas. Así entendió que las experiencias valen mucho más que lo material.
Cuando piensa en el futuro, espera que Ignacio recuerde una sola certeza. Que fue amado desde el primer día. Y que su papá nunca dejó de darlo todo por él.
La autora es periodista colaboradora de Suplementos.

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