


Durante algún tiempo, Julio Daniel Guzmán pensó que ser un buen padre consistía en trabajar duro y asegurarse de que a sus hijos no les faltara nada.
Con los años, el animador de TV, mejor conocido como “El JD”, descubrió que podía hacer una diferencia enorme en la calidad de vida de sus hijos, y de toda su familia, si atendía otras áreas de la crianza.
“Yo vengo de un mundo urbano, en el sentido de reggaetón y la música. De estar en mil parties y todo lo que conllevaban todos estos parties. No es fácil lidiar con los hijos porque piensas que tienes que ir a trabajar y se acabó, pagas la pensión y se acabó, pero esto es mucho más que esö, reflexionó al afirmar que el compromiso con sus hijos cambió su idea original sobre la paternidad.
Julio tiene tres hijos. Andrea, de 17 años, vive en Orlando. Ignacio y Daniel viven con él. Por ellos, se esmera en cultivar una conexión que les deje saber que él siempre está presente. Esto significa participar de las actividades escolares, hablar sobre los temas que a ellos les interesan, darles orientación y consejo, o simplemente, escucharlos.

La mudanza de su hija mayor fue una de sus primeras pruebas como padre. Cuando Andrea se mudó a Florida junto a su madre, la separación fue difícil.
“Eso me dio un golpe duro”, admitió.
Ya no podía verla cuando quisiera y tampoco bastaba con una visita rápida o una llamada. Por eso, cuando sentía que algo no andaba bien o quería sorprenderla, se montaba en un avión y viajaba para propiciar el encuentro. Julio quería que supiera que a pesar de la distancia física, él seguía estando ahí.
La paternidad también lo obligó a redefinir prioridades. Reconoce que venía de un mundo de fiestas, presentaciones y una vida profesional intensa. Al principio, asumir el peso de la responsabilidad familiar no fue sencillo. Durante años fue entendiendo que ser padre implicaba que salir a eventos ya no sería para disfrutar despreocupadamente, sino para trabajar.
“Uno piensa que lleva el dinero a la casa y ya cumplió. Pero no es así”, dijo.
La transformación no ocurrió de un día para otro. Fue afinándose con el tiempo, conversaciones y mucha reflexión. Aprendió que el compromiso con los hijos también significa quedarse en casa cuando hace falta, ayudar en las tareas cotidianas y compartir la carga familiar. Parte de esa conciencia surgió al observar a personas mayores que hoy lamentan el tiempo que no pasaron con sus familias.
“Eso no te lo enseña la universidad”, dijo.
Cuando piensa en los momentos más felices que ha vivido como padre, la lista es larga. Habla de graduaciones, campeonatos deportivos, despedidas de año y competencias de banda. Pero uno de los recuerdos que más atesora ocurrió en Florida.
Su hija participaba en una competencia musical. Julio llegó de sorpresa. Desde lejos lanzó un silbido particular que ella reconoce inmediatamente. Andrea escuchó el sonido, volteó y sonrió.
Sabía que su papá había llegado.
“Eso me hace feliz”, expresó.
También le emociona ver el orgullo con el que sus hijos hablan de su trabajo o lo observan en actividades públicas en las que participa. Lo que para él puede parecer rutina, para ellos se convierte en motivo de admiración y celebración.
Sin embargo, los valores que más le interesa transmitir van más allá del éxito profesional.
Quiere que sean empáticos, que sepan ayudar al prójimo sin esperar nada a cambio, y que mantengan la unión familiar. Por eso insiste en que sus hijos se llamen entre sí, aunque estén lejos. Que se deseen buenos días y no olviden que siempre pueden contar unos con otros. Esa conexión, aseguró, es algo que vale la pena proteger.
También reconoció que aprende constantemente de ellos. A veces, dijo, los niños encuentran soluciones sencillas para problemas que los adultos complican demasiado. Otras veces, una canción, una conversación o una observación inesperada basta para cambiar la perspectiva de toda una familia.
Cuando le pregunté qué espera que sus hijos recuerden de él cuando sean adultos, expresó el deseo de que recuerden que papá trabajó duro para echar la familia hacia adelante. Sobre todo, que siempre estuvo disponible y pendiente de ellos tanto en los momentos alegres como en los difíciles.
La autora es periodista colaboradora de Suplementos.

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