La situación es tan alarmante que se considera que la incontinencia fecal es más prevalente que el asma y un poco menos prevalente que la diabetes.
La situación es tan alarmante que se considera que la incontinencia fecal es más prevalente que el asma y un poco menos prevalente que la diabetes. (Shutterstock)

De acuerdo con Medline Plus, la Biblioteca Nacional de Medicina de los Estados Unidos, adscrita a los Institutos Nacionales de la Salud, la incontinencia fecal se define como la incapacidad de controlar los intestinos, es decir, cuando te urge ir al baño, pero no puedes aguantarte hasta llegar.

“La incontinencia fecal es la inhabilidad de tener control del paso de las heces fecales en un marco o concepto socialmente aceptable”, explicó la doctora Marla Torres, cirujana colorrectal con oficina en Condado. Añadió que, en circunstancias normales, cuando una persona desea ir al baño, va sin problemas, pero, cuando se trata de alguien que tiene pérdida de control, va a tener accidentes en distintas escalas que van desde manchar la ropa interior con partículas de excremento hasta tener evacuaciones completas.

Según detalló la subespecialista, la pérdida de control fecal una condición seria, que no debe asociarse a un proceso normal de envejecimiento, por lo que se debe hablar de este tema.

Si bien la incontinencia fecal puede afectar tanto a hombres como a mujeres, la prevalencia es mayor en las mujeres debido al daño que podría ocurrir durante el parto vaginal, en el caso de partos prolongados o con bebés grandes, donde el esfínter del ano se lacera o tiene que ser dividido para que salga el bebé y posteriormente reparado.

Según la doctora Torres, aunque puede haber pacientes jóvenes que experimenten la incontinencia fecal por la causa obstétrica, la realidad es que la incontinencia fecal crónica se ve más comúnmente en pacientes entre los 60 y los 70 años.

“En la mayoría de estos pacientes hay varias cosas ocurriendo: la mujer entra en la etapa de la menopausia, hay pérdida de tono muscular y muchos pacientes que tienen enfermedades crónicas como diabetes, hipertensión y neuropatía empiezan a manifestar problemas a nivel sensorial”, explicó Torres. Agregó que, en estados Unidos, hasta 18 millones de personas pueden sufrir de incontinencia fecal y que 1 de cada 12 personas la experimentará en algún momento de su vida.

La situación es tan alarmante que, según la cirujana colorrectal, se considera que la incontinencia fecal es más prevalente que el asma y un poco menos prevalente que la diabetes.

Sin embargo, el temor puede impedir que los pacientes busquen ayuda o que la busquen luego de varios años de sufrir accidentes, debido a la vergüenza, el pudor y el miedo de hablarle a su médico.

“Se estima que el 54% de los pacientes que tienen incontinencia fecal no le hablan a su médico primario sobre el tema”, apuntó Torres, quien añadió que la condición está asociada a frecuentes infecciones de orina porque el tracto gastrointestinal y el urinario están cerca el uno del otro y hay contaminación de la vía genital a través de esos escapes de excreta”.

Cuando el paciente llega a la oficina médica, lo primero que se hace es un diario de vaciado, el historial médico, un examen físico, pruebas fisiológicas y el cernimiento para cáncer, si no lo tienen porque hay pacientes que tienen incontinencia fecal, porque tienen cáncer de recto y tienen escape de excreta por el tumor.

“Para definir la incontinencia, tenemos que corregir todas las variables, ya sean infecciosas, anatómicas, funcionales o sensoriales”, adujo la cirujana colorrectal. Añadió que la pérdida de control de gas, aunque más leve, es el primer síntoma de pérdida de control fecal y ya en ese momento el paciente debe buscar un tratamiento o dirigirse al médico. Entre los tratamientos se encuentran: modificación de conducta, ejercicios y cirugía, además de tratar otras condiciones de salud que pueda tener el paciente, como infecciones o controlar la diabetes, por ejemplo.

“Como médico, uno tiene que evaluar que el tracto intestinal del paciente esté libre de malignidad y que esté anatómicamente correcto. Luego de que se identifica si hay un defecto de esfínter del ano, se procede a una reparación en los pacientes que son candidatos. Si se determina que hay un problema sensorial, que es la inmensa mayoría de los casos, entonces ese paciente es candidato a una prueba de neuroestimulación”, subrayó Torres. “La neuroestimulación es un procedimiento mínimamente invasivo, donde se da un impulso eléctrico a los nervios sacrales que van hacia el recto, el ano y la vejiga, y tiene un mecanismo de retroalimentación hacia el cerebro, así que tratamos la deficiencia sensorial de la incontinencia, luego de descartar condiciones médicas”, argumentó.

La prueba de neuroestimulación se hace en dos fases. En la primera, en la sala de operaciones, se coloca un electrodo a través de una aguja, con una incisión mínima, en el glúteo y el paciente tiene un período de prueba de 10 a 14 días. “Si en ese período de prueba hay un 50% de mejoría en los accidentes fecales, el paciente es candidato para implantación de neuroestimulador”, indicó, a la vez que mencionó que este dispositivo es aprobado por la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA, por sus siglas en inglés) y que está cubierto por Medicare y planes médicos privados, con el deducible aplicable.

La estimulación no molesta y no duele. Solo es perceptible para el paciente, quien tiene completa autonomía de la terapia, que puede ser encendida o apagada, según su conveniencia.

“Ninguna terapia restablece la continencia a un 100%, pero vamos a establecer metas y objetivos reales. Queremos mejorar la calidad de vida y hoy día tenemos instrumentos para ello”, señaló Torres, quien agregó que los médicos primarios y los gastroenterólogos deben promover esta conversación en sus pacientes, para que estos se sientan en la confianza de hablar sobre el tema.

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