



Por años, cuando se hablaba de salud, pasaba inadvertido ese sistema que controla nuestro cuerpo: el nervioso.
De ahí surge el neurowellness, o neurobienestar, que propone, a través de la neurociencia, cuidar el cerebro y el sistema nervioso como el eje del bienestar integral.
El nuevo concepto no es una moda de las redes sociales ni una técnica esotérica. Es la aplicación de conocimientos científicos sobre cómo el sistema nervioso regula nuestras emociones, el sueño, la respuesta al estrés, la digestión, la inflamación y hasta el sistema cardiovascular.
“El sistema nervioso desempeña un papel en casi todos los aspectos de nuestra salud y bienestar. Guía actividades cotidianas como despertarse; actividades automáticas como respirar; y procesos complejos como pensar, leer, recordar y sentir emociones”, explican los Institutos Nacionales de Salud (NIH, en inglés).
Esa red autonómica, que no controlamos conscientemente, tiene dos grandes ramas: el sistema simpático, que activa los procesos de alerta, de “lucha o huida”, y el parasimpático, responsable de la calma, el descanso y la digestión.
El problema es que, debido al estrés crónico, la falta de sueño, la hiperconectividad, así como las preocupaciones sociales y económicas, hay personas que viven con el sistema simpático activado.
El estrés crónico eleva los niveles de cortisol, lo que afecta diversos procesos del cuerpo e incrementa el riesgo de padecer hipertensión, ansiedad, depresión, problemas digestivos, trastornos metabólicos, enfermedades cardiacas y accidentes cerebrovasculares, detalla Mayo Clinic.
Aquí entra el neurowellness para aprender a regular esa respuesta, activar el sistema parasimpático y devolver al cuerpo a un estado de equilibrio.
Un protagonista de esta regulación es el nervio vago, el principal canal del sistema parasimpático.
Se origina en el tronco encefálico y sus fibras se extienden hasta el abdomen, conectando el cerebro con los pulmones, el corazón, el hígado, el bazo, el estómago, el riñón, la vesícula biliar, el páncreas, el intestino grueso y el delgado.
“El 80 % de esos cables son sensores, lo que significa que el nervio vago en toda su extensión está reportando lo que pasa en todos los órganos del cuerpo al cerebro”, dijo a la BBC, Kevin Tracey, neurocirujano y presidente de los Institutos Feinstein para la Investigación Médica en Nueva York.
Entonces, un nervio vago que regula eficientemente se asocia con menor inflamación, mejor regulación emocional, mayor variabilidad de la frecuencia cardiaca, mayor resiliencia ante el estrés y un fortalecimiento del sistema inmunitario, indica la revista estadounidense Psychology Today.
¿Cómo podemos estimular el nervio vago? A continuación, algunas técnicas sencillas:
1. Aceites esenciales
“El olfato tiene una conexión privilegiada con el cerebro. La salvia o la lavanda son muy interesantes al disparar esa respuesta parasimpática”, aseguró a El Mundo el fisioterapeuta Antonio Valenzuela, autor de Estimula tu nervio vago.
2. Cantar, tararear o hacer gárgaras
Como el nervio vago atraviesa la laringe y el oído interno, vocalizar de forma prolongada –por ejemplo, el típico “om” en el yoga– o generar vibraciones en la garganta, estimula mecánicamente esa vía.
“Actividades como cantar y recitar una canción hacen vibrar la garganta y la respiración diafragmática profunda, que sabemos que estimula el nervio vago”, afirmó la psicóloga Kimberley Wilson en BBC Radio 4.
3. Cuclillas
Ponerse de cuclillas durante 30 segundos, en la mañana y en la noche, genera activación vagal, sostuvo Belén Fernández, fisioterapeuta especializada en regulación del sistema nervioso autónomo, en entrevista con Vogue.
4. Agua fría
El contacto con agua fría activa el “reflejo de inmersión” que, según la Clínica Universidad de Navarra, desencadena una serie de respuestas fisiológicas, como la reducción del ritmo cardiaco y la redistribución del flujo sanguíneo.
No se trata de prácticas extremas, es terminar la ducha con 30 segundos de agua fría o salpicarse la cara con líquido de la nevera.
5. Mueve tu cuerpo
Caminar, nadar o correr bicicleta está vinculado con un mejor equilibrio autónomo y menores niveles de estrés.
“El ejercicio ayuda al cuerpo a alternar entre los sistemas simpático y parasimpático. Ese equilibrio es clave para una buena salud cardiaca y pulmonar”, comentó el neurólogo Emad Estemalik a Cleveland Clinic.
6. Respiración y conciencia
Respirar lento, profundo e intencionadamente ayuda a decirle al cerebro que no está en peligro, mejora la variabilidad de la frecuencia cardiaca y disminuye los niveles de cortisol.
Se puede de combinar con prácticas de atención plena, meditación o yoga.
Cabe recordar que el neurowellness no sustituye la atención médica ni la terapia psicológica. Tampoco implica negar emociones difíciles o forzar el optimismo. Pero en Puerto Rico, que atraviesa por crisis constantes —económicas, climáticas, salubristas, energéticas, políticas—, regular el sistema nervioso se convierte en una herramienta preventiva. Porque un cuerpo menos inflamado e hiperactivo es un cuerpo que funciona mejor.
El autor es periodista colaborador de Puerto Rico Saludable.

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