Aún cuando estén vacunados, los abuelos y sus familias deben tomar en cuenta su situación particular para decidir si se encargan de cuidar a sus nietos que regresen a la escuela presencial. (Shutterstock)

Luego de casi un año de haber dejado a un lado las clases presenciales debido a la pandemia por COVID-19, muchos niños y niñas se preparan para regresar –o ya han regresado– a la escuela de manera híbrida (presencial y virtualmente). Esto implica reiniciar rutinas cuyo fin primordial es beneficiarse de la asistencia a clases en términos académicos, sociales y emocionales, pero con la mayor seguridad para evitar posibles contagios.

Sin embargo, aunque las nuevas vacunas contra el COVID-19 ofrecen una esperanza para retomar algunas de las actividades de la vida diaria y muchos de los abuelos pueden haber recibido, al menos, la primera dosis de una de las vacunas disponibles hasta el momento, la realidad es que el rol de los abuelos se ha visto afectado. Así, mientras algunos ya no ven o cuidan a sus nietos tan a menudo como antes de que se desatara la pandemia, otros han continuado dando ese apoyo fundamental para sus familias.

Así lo hace ellos

Johnny Gerena, quien es retirado del Servicio Postal de los Estados Unidos, se encarga de recoger a sus nietos, Pedro Juan y Alicia de Lourdes, en la oficina de su yerno, quien ha habilitado un área para que los pequeños estudien virtualmente tres días a la semana, mientras que en los otros dos los cuida en su casa, donde su esposa Milagros de Lourdes, quien es maestra y terapeuta educativa, les da tutorías.

Johnny Gerena junto a su nieta, Alicia de Lourdes.

“Aunque, por un lado, siento que estoy siendo, aún más, parte de la crianza de mis nietos, por el otro me duele que tengamos las limitaciones que tenemos”, afirma Johnny, a la vez que menciona que, con el resto del grupo familiar no se ve tan frecuentemente como quisiera, aunque, afortunadamente, por la naturaleza de sus trabajos, tanto su esposa como su hija ya están vacunadas y otros miembros de la familia deben hacerse la prueba molecular del COVID-19 con regularidad.

Si bien para Johnny ser un abuelo presente ha sido una extensión natural de su rol de padre, ante la pandemia, se muestra preocupado por el acceso a las vacunas contra el COVID-19 y la falta de organización en el proceso de vacunación. Hace apenas unos días logró vacunarse en un centro, cuando un conocido le dijo que verificara si podían atenderlo, pues la cita que había hecho desde que se abrió su fase vacunación había sido cancelada en dos ocasiones.

“El asunto de las vacunas me preocupa grandemente. Yo soy, por mucho, mayor de 65 [años], e intenté varias veces conseguir [ cita para] la vacuna. Cuando, por fin, la conseguía me la cambiaban de fecha. Así que esa parte me preocupa, porque, aparentemente, el asunto va mucho más lento de lo que yo entiendo que debiera ir”, lamenta Johnny.

Jphnny repasa las tareas con su nieto Pedro Juan.

Sobre su rutina con sus nietos, explica que, dentro de su vehículo y junto con los pequeños, espera a que su hija salga de trabajar y, cuando ella “los recoge, cada quien sigue su camino”, dice resignado. Afirma que, en la última reunión que sostuvieron como familia, decidieron que los niños no asistirían a clases presencialmente en lo que resta del año escolar.

Por su parte, para Manolo Rivera Cubano, quien está a cargo de la crianza de su nieto, José Manuel, la mayor preocupación radica en el miedo a contagiarse.

Manolo Rivera Cubano junto a su nieto, José Manuel.

“El miedo al contagio de coronavirus o a no poder evitarlo está muy presente en el posible regreso a clases presenciales y, por ello, no resulta tan fácil decidir qué hacer, y más a mi edad. Pero, con todo y esta preocupación, prefiero que mi nieto vaya a la escuela presencialmente”, comparte Manolo, al destacar que “los niños realmente prosperan cuando hay estructura y constancia, y esta pandemia está alterando ambas cosas para ellos”. Manolo es fiel creyente de que la escuela es fundamental en este proceso y que no haber asistido por prácticamente un año a la escuela ha tenido algunos impactos perjudiciales en los menores.

“Un problema que ha tenido la cuarentena para los niños es un exceso de padres y un exceso de pantallas que genera un desgaste emocional, problemas de concentración y falta de motivación. El aprendizaje siempre es social”, afirma categórico.

Para prepararse para el regreso presencial a clases, Manolo y su nieto han comenzado a practicar el uso de la mascarilla y de desinfectante de manos en horarios más extendidos dentro de la casa. “Igualmente, que tenga un marco visual de lo que significa 6 pies de distanciamiento físico. Cuando llegue a casa, tendrá un área para dejar la ropa y bañarse inmediatamente”, señala.

Para Manolo y José Manuel ha sido un año lleno de retos, ya que, “cuando comenzó la cuarentena, también nos enteramos de que cerraban su adorada escuela por falta de matrícula. Comenzó en un nuevo colegio, sin conocer a sus maestros ni compañeros y el ajuste fue más difícil. Además, le hace muchísima ilusión ir a la escuela, que nunca ha visitado. Por mi parte, me abre la oportunidad de poder hacer mis labores y gestiones con más facilidad, ya que ambos estamos en un horario de 8 :00 a.m. a 3:00 p.m., lo que nos dificulta salir, limpiar y la movilidad en la casa, en resumen, la privacidad”, abunda, al comentar que, por su edad, ya se vacunó.

Estos son solo dos ejemplos de los muchos que existen a nuestro alrededor. Tomando esto en cuenta, ¿cuál es el riesgo de los menores de infectarse por COVID-19 al asistir a las escuelas? ¿Es seguro para los abuelos cuidarlos si asisten a las clases presenciales?

Lo cierto es que las respuestas a estas preguntas deben evaluarse de acuerdo a las circunstancias particulares de cada familia y, dependen, en parte, de los cuidados que esta ejerza.

Sobre este particular, la doctora Carmen I. Suárez, pediatra y presidenta de la Sociedad Puertorriqueña de Pediatría (SPP), opina que, como parte de esa evaluación, los padres deben ser realistas en cuanto a los riesgos de salud de sus hijos en relación con el COVID-19, al asistir a las clases presenciales.

“Por ejemplo, hay niños completamente saludables que deben tener un riesgo menor de ir a una escuela y hay otros que pueden tener problemas de salud crónicos o severos que pueden ponerlos a mayor riesgo, así que el padre debe pensar en el caso particular de su hijo y tomar una decisión prudente”, sostiene.

Si bien destaca que, a nivel mundial, se ha observado que asistir a las escuelas no parece aumentar considerablemente la transmisión del virus en la comunidad, esto depende de que todos cumplan con las recomendaciones de salud pública.

“No se ha visto en otras partes del mundo, donde las escuelas están abiertas, que los contagios mayores surjan de fuentes escolares, sino que surgen de la comunidad, de lo que hacemos, de con quién nos juntamos, así que no se ha visto que la escuela represente un foco significativo para la propagación del COVID-19”, enfatiza la pediatra.

Sin embargo, ¿qué ocurre con los abuelos? Como explica, por su parte, el doctor Lumen Vera, especialista en Medicina Interna y director médico del Hospital Menonita Aibonito, los estudios han sido consistentes al mostrar que, definitivamente, la edad es un factor de riesgo que aumenta la mortalidad por COVID-19, sobre todo si existen comorbilidades. Por otro lado, destaca que, si bien “los niños tienen un sistema inmune que está madurando, por lo que pueden tolerar mejor la susceptibilidad al virus, que no se desarrolle la enfermedad o que, si se desarrolla, sea más leve y tenga menos potencial de infección, esto no significa que no se van a contaminar”, aclara el médico.

Debido a esto, ambos galenos enfatizan que se debe considerar que, aun cuando las vacunas son altamente efectivas y se prevé que será más seguro para los individuos mayores de 65 años estar cerca de otras personas (sobre todo cuando desarrollen la mayor inmunidad posible), esto no significa que no puedan enfermarse y, a su vez, contagiar a los niños y a otras personas. Tampoco significa que deban obviar las recomendaciones de precaución, pues la mayoría de la población todavía no ha sido vacunada. De acuerdo con el doctor Vera y la doctora Suárez, las vacunas aprobadas contra el COVID-19 disminuyen grandemente la posibilidad de que el virus le dé de una forma agresiva y mortal a una persona vacunada.

“El llamado es que los abuelos se vacunen”, opina la doctora Suárez, mientras agrega que “dos semanas después de la última vacuna se entiende que, si les da COVID-19, no debe ser severo, que lo lleve a un hospital o a la muerte”, dice.

El doctor Vera advierte que es preciso no crear un falso sentido de seguridad porque los abuelos ya estén vacunados, pues, el por ciento de infecciosidad del virus en la comunidad sigue siendo alto y todavía faltan muchas personas por vacunar. Al cierre de esta edición, 402,214 personas en la isla ya habían recibido al menos la primera dosis de alguna de las vacunas.

Si bien se espera que con la llegada de la vacuna de Johnson & Johnson aumente la cantidad de personas vacunadas (hasta el momento, solo 551 han recibido esta vacuna), el consenso en la isla es que todavía será necesario mantener las medidas de prevención como: uso de mascarillas, lavado de manos y distanciamiento.

Lo que debes saber

La evidencia que existe hasta el momento sugiere que la mayoría de los niños que contraen COVID-19 no tienen síntomas o sus síntomas son más leves. Por tal motivo, tanto los padres, como los abuelos, los familiares y el personal escolar, deben tomar las medidas necesarias para evitar exponerse y exponer a otros al virus, aun cuando se hayan vacunado.

A continuación, algunas recomendaciones que puedes considerar, antes de solicitarle a un abuelo o cuidador que se haga cargo de un menor que vaya a asistir a la escuela:

  • Los Centros para el control y la Prevención de enfermedades (CDC, en inglés) destacan que todos los miembros de la familia deben comprender que, mientras más cercana y prolongada sea la interacción con otras personas, mayor es el riesgo de propagación del COVID-19.
  • Es esencial elaborar un plan familiar para proteger a los miembros del hogar que tengan mayor riesgo de enfermarse gravemente.
  • Se recomienda conocer el plan de apertura de la escuela y asegurarse de que esta cuenta con los recursos necesarios para ayudar a mantener seguros a los estudiantes y a su personal. Esto incluye desde los materiales de limpieza y mascarillas adicionales, hasta contar con el personal suficiente para cerciorarse de que los niños y los jóvenes sigan las medidas de seguridad dentro de los planteles. También, revisa que tu información de contactos de emergencia esté actualizada.
  • Los CDC recomiendan que conozcas cómo se comunicará la escuela con las familias cuando identifiquen un caso positivo o exposición a alguien con COVID-19, y cómo garantizarán que se respete la privacidad de los estudiantes y del personal que allí labora.

La AAP y los CDC recomiendan repasar con los niños y los jóvenes las medidas preventivas y reforzar su importancia:

  1. Lavarse y desinfectarse las manos con mayor frecuencia.
  2. Mantener la distancia física con respecto a otros estudiantes.
  3. Usar una mascarilla.
  4. Evitar compartir objetos con otros estudiantes, lo que incluye botellas de agua, dispositivos, elementos de escritura y libros.
  5. Usar un desinfectante de manos (que contenga al menos un 60 % de alcohol). Asegúrate de que use un producto seguro.
  • La doctora Suárez recuerda la importancia de asegurarse de que los niños y los jóvenes tengan sus vacunas al día, ya que, con el cierre provocado por la pandemia, puede haberse retrasado su itinerario de vacunación, lo que los pone a riesgo de sufrir otras enfermedades prevenibles por vacunas.
  • Los CDC también recomiendan que, antes de que los niños y los jóvenes salgan de la casa, los padres revisen si estos tienen síntomas de alguna enfermedad, como: fiebre de 100.4 grados Fahrenheit o más, dolor de garganta, tos (en el caso de estudiantes con tos crónica por alergia o asma, un cambio en su tos con respecto al nivel de referencia), dificultad para respirar (en el caso de estudiantes con asma, un cambio con respecto a su ritmo respiratorio de referencia), diarrea o vómitos o dolor de cabeza intenso, en especial con fiebre. Si el estudiante muestra alguno de estos síntomas, independientemente de que sean por causa del COVID-19 o no, no debe asistir a la escuela o quedarse con los abuelos o cuidadores.

“Ahora tiene un poco más de valor la toma de temperatura porque los niños, si están enfermos, son más susceptibles a que les aumente”, apunta el doctor Vera, quien recomienda que las escuelas hacer énfasis en esta métrica de salud.

  • Para hacer esta tarea más sencilla, los CDC cuentan con el Autoverificador de coronavirus, una herramienta de evaluación clínica interactiva que ayuda los padres y cuidadores de niños de 2 a 12 años a decidir cuándo deben solicitar pruebas de detección o atención médica si sospechan que ellos o alguien a quien conocen se han infectado por COVID-19 o han estado en contacto cercano con alguien que tiene COVID-19. Es súper sencilla de usar y cuenta con un widget que las escuelas pueden incorporar a sus páginas web y ajustarlo a las necesidades de su población escolar, de ser necesario.
  • Antes de enviar a tus niños a la escuela, asegúrate de que lleven consigo sus mascarillas/protectores faciales, pañuelos desechables, desinfectante de manos con al menos un 60 % de alcohol y toallas desinfectantes para las superficies.
  • Al salir de la escuela y montarse en los vehículos, los niños deben desinfectarse las manos y cambiarse la mascarilla. Una vez los niños se vayan de la casa, los abuelos también deben cambiar sus mascarillas. No es necesario tomar medidas especiales para quelos niños se cambien de ropa fuera de la casa o en un área designada, pues, de acuerdo con la doctora Suárez, no se ha identificado que esta práctica tenga un impacto mayor en la posibilidad de contagio, salvo que se trate de profesionales de la salud que trabajen directamente con pacientes con esta enfermedad.

Lo más importante es tomar decisiones basadas en las experiencias y el nivel de riesgo de cada familia. Por ello, además de leer información relevante de fuentes confiables, los abuelos deben hablar con su médico primario, aún después de haber sido vacunados, para determinar su riesgo y decidir si cuidan o se reúnen con sus nietos durante la pandemia.

Por su parte, los padres deben hacer lo propio con el pediatra de sus hijos. “Una decisión basada en la ciencia, les dará siempre mayor seguridad”, precisa la doctora Suárez.

¿Qué deben hacer los abuelos?

  • Si eres un abuelo o cuidador, haz una costumbre preguntarles a tus hijos y a tus nietos si han estado en contacto con otros adultos o niños sin tomar las debidas medidas de precaución de contagio, como usar mascarillas o seguir el distanciamiento físico. Usa sus respuestas para decidir qué tipo de contacto tendrás con ellos, ya sea en persona, virtual, con distanciamiento físico u otro. Recuerda que, aunque te hayas vacunado, aún puedes contagiarte y también contagiar, sobre todo a otras personas que no se hayan vacunado.
  • Antes de que los niños lleguen a tu casa o los recojas, pregúntales si tienen algún síntoma, como fiebre o tos.
  • Si vas a estar con tus nietos, trata de mantenerte al aire libre o en un área bien ventilada el mayor tiempo posible: un paseo por el parque después de que lleguen de la escuela o hacer las tareas en la terraza o el balcón pueden ser buenas opciones.
  • Está pendiente a tus síntomas. Así como tus hijos y tus nietos deben monitorear sus síntomas para evitar visitarte si están enfermos, tú debes hacer lo mismo. Si tienes algún síntoma sospechoso de COVID-19, comunícate con tu médico primario para que te hagas la prueba. Toma en cuenta que, aun habiéndote vacunado, podrías enfermarte y, aunque los síntomas podrían ser leves o nulos, podrías contagiar a alguien que no haya sido vacunado.

Escuelas seguras

Estos son los elementos a los que los niños y jóvenes deben estar atentos, de acuerdo con la AAP:

  • Limpiar y desinfectar las superficies de uso frecuente.
  • Lavarse las manos frecuentemente.
  • Que los pupitres tengan distanciamiento físico.
  • Que haya menos estudiantes por salón.
  • Que los estudiantes se mantengan en el salón de clases y los maestros roten.
  • Almorzar en el mismo salón de clases.
  • Usar los espacios al aire libre, siempre que sea posible.
  • Usar mascarillas/protectores faciales (estudiante y personal docente y administrativo).
  • Tener flexibilidad para retomar la educación virtual, si la escuela cierra nuevamente.

Fuente: Academia Americana de Pediatría / healthychildren.org

¡No bajes la guardia!

En días recientes, los CDC flexibilizaron las guías para, entre otras cosas, indicar que las personas que ya habían recibido las dosis completas de alguna de las vacunas, podían reunirse entre sí, sin usar mascarillas o seguir el distanciamiento físico. Sin embargo, aunque este sea tu caso, es mejor seguir las medidas de prevención, hasta que se logre la inmunidad de rebaño en nuestra población, la cual, según el doctor Vera, se estima que debe ser de un 75 % de la población.

Sobre las nuevas guías, los CDC informan que las primeras investigaciones sugieren que, además de proteger contra los casos graves de COVID-19, que podrían provocar la hospitalización o la muerte, es probable que las vacunas autorizadas también hagan que las personas sean menos vulnerables a la infección y, potencialmente, sean menos propensas a propagar el virus. Sin embargo, esto no constituye una carta abierta para dejar de un lado las recomendaciones para evitar los contagios. Presta atención a los siguientes puntos:

  • Las personas que están completamente vacunadas con las vacunas recomendadas en Estados Unidos y Puerto Rico hasta este momento contra el nuevo coronavirus pueden reunirse en forma privada en pequeños grupos sin mascarilla ni distanciamiento físico. Se recuerda que las vacunas son Pfizer-BioNtech y Moderna. Al cierre de esta nota, la vacuna de Johnson & Johnson se estaba distribuyendo.
  • Las personas completamente vacunadas deben continuar tomando precauciones para prevenir la propagación del virus que causa COVID-19: deben continuar usando mascarillas y mantenerse alejadas de otras personas en público o mientras visitan a personas no vacunadas.

Recuerda que, debido a que esta es una enfermedad de la que los médicos y los científicos todavía están aprendiendo, habrá mucha información que cambie, según se hagan nuevos hallazgos. Lo más importante es que te mantengas informado a través de fuentes confiables, que sigas las guías recomendadas y que no bajes la guardia.

Atentos a la salud mental

Con el distanciamiento físico, la salud mental de la población en general se ha visto afectada y, para los abuelos, no ha sido la excepción. Debido a que los adultos mayores ya enfrentan retos de salud física y emocional, la pandemia del COVID-19 han agudizado, además, el sentimiento de soledad de muchos de ellos. Por ello, mantente comunicado y atento a sus necesidades.

De acuerdo con los CDC, ante estas circunstancias, es natural sentir estrés, ansiedad, angustia y preocupación. Por ello, hacerse cargo de cuidar a un nieto puede ser, para muchos abuelos, la tarea perfecta para ocupar su mente y sentirse productivos y aliviar sentimientos de temor, enojo, tristeza, preocupación o frustración; dificultad para concentrarse y tomar decisiones; y agravamiento de problemas de salud mental. Solo hazlo de manera segura.

Por su parte, los niños y jóvenes también han enfrentado retos. Ante su regreso presencial a la escuela, sigue estas otras recomendaciones:

  • Como padre, debes estar consciente de que este regreso a clases será muy diferente a lo que tu hijo está acostumbrado, por lo que debes conversar con él sobre los cambios que enfrentará antes de que se integre a la escuela. Sobre este particular, los CDC aborda algunas medidas que debes tomar en cuanto a la salud mental y el bienestar emocional de tu hijo durante la transición a la escuela presencial.
  • Habla con tu hijo sobre las diferencias con las que se encontrará en la escuela (como: mesas distanciadas entre sí, maestros practicando la distancia física, la posibilidad de quedarse en el salón de clases durante el almuerzo).
  • Habla con tu hijo acerca de la nueva dinámica de la escuela, y sobre cómo deberá interactuar con sus compañeros de clase y maestros. Averigua cómo se siente y asegúrale que lo que podría estar sintiendo es normal.
  • Debes estar consciente de que tu hijo podría experimentar cambios de comportamiento. Cambios como llanto o irritación excesivos, exceso de tristeza o preocupación, hábitos no saludables de alimentación o descanso, y dificultad para concentrarse son señales de estrés y ansiedad, y ameritan que busques ayuda profesional.
  • Averigua si la escuela tiene algún plan para ayudar a los estudiantes a adaptarse durante el regreso a clases. Es posible que los estudiantes necesiten adaptarse a los cambios que ha producido el COVID-19 en su vida diaria. El apoyo podría incluir asesoramiento escolar y servicios psicológicos, programas y planes de estudio centrados en el aprendizaje social y emocional y grupos de apoyo sociales/de pares.
  • Tanto los padres como los abuelos pueden ser un modelo a seguir para los niños al practicar el autocuidado: tomando descansos, durmiendo bien, ejercitándose, alimentándose bien y manteniéndose conectados socialmente de una manera segura.
💬Ver comentarios