



Cuando Myra Vélez Plumey habla de su hermana, Rhaiza Vélez Plumey, no empieza por la enfermedad. Empieza por quién era. Por lo mucho que la gente la quería. Mientras habla, sonríe al recordarla. “Rhaiza era carismática. Todo el mundo la quería”, dijo. Y no lo dice desde una nostalgia lejana, sino desde un presente donde su ausencia es un recordatorio del poder de su testimonio.

Cuando le pedí que la describiera, me contó que Rhaiza escribía notas de amor a su familia, que se destacaba en la escuela, que participaba en competencias académicas y que era amorosa con todos. Fue madre por poco tiempo. Su hijo menor tenía apenas 11 meses cuando ella falleció. Al decirlo, Myra se toma un segundo. Respira. Sigue.
Al recordar el video que Rhaiza grabó contando su historia y que se publicó después de su fallecimiento, Myra hace una pausa. Sus ojos se humedecen. Asegura que nunca imaginaron lo que ese video iba a provocar ni la cantidad de mensajes que comenzarían a recibir.
Llegaron mensajes de Puerto Rico, de Estados Unidos y de distintos países de Latinoamérica. Mujeres que contaban que habían ido al ginecólogo después de años, que se hicieron la prueba, que les encontraron algo a tiempo. Mientras Myra lo relata, se le nota el nudo en la garganta. No es solo orgullo: es dolor transformado en algo que sigue vivo.

“Tú no sabes lo que ella hizo por mí. Gracias a ese video fui al médico, me lo descubrieron a tiempo, me traté y hoy estoy superbién”, le han dicho muchas veces. Para Myra, el impacto ha sido inmenso, algo que como familia jamás imaginaron lograr. Un impacto que, recalcó, también ha sido posible gracias al acompañamiento de VOCES de Puerto Rico, que ayudó a canalizar ese mensaje y a mantener viva la historia de Rhaiza.
Para la familia Vélez Plumey, ver el video sigue siendo difícil. Cada vez que lo reproducen, duele. En él, Rhaiza habla con fe y esperanza, pero también con miedo. Habla sabiendo que quizá no estaría para ver crecer a sus hijos, pero con la certeza de que su voz podía servirle a otras mujeres.
Hoy, ese mensaje comienza en casa. Con la fuerza que la caracteriza, Myra decidió vacunar a sus hijas contra el virus del papiloma humano, educarlas y hablarles sin rodeos sobre la importancia de cuidarse. Ellas, a su vez, comparten la historia en sus espacios y hasta han dado charlas sobre la experiencia familiar. Myra hace lo mismo con sus amistades y con toda mujer que la escucha: insiste, pregunta, acompaña.
“Siempre dejamos la salud para después”, expresó, ya más firme. “Pero si no nos cuidamos, ¿quién cuida a los que amamos?”, finalizó, recordando que la historia de Rhaiza se cuenta para que otras mujeres lleguen a tiempo. Para que una cita, una prueba o una vacuna marquen la diferencia. Para que su voz, incluso hoy, siga salvando vidas.
La autora es colaboradora de VOCESPR.

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