



De acuerdo con datos publicados por el Departamento de Salud (2021), “en Puerto Rico, el suicidio es la tercera causa de muerte violenta”. En los 21 años de este siglo (hasta agosto de 2021), esta agencia reportaba sobre seis mil muertes atribuidas al suicidio –un promedio de casi trescientas muertes al año.
La información sobre el estado de los suicidios en el país se presenta de manera clara y es, sin duda, contundente. Sin embargo, en el detalle de las causas del suicidio, las estadísticas no son específicas para todos los casos. Esta situación invisibiliza las circunstancias por las que se produce este acto violento, particularmente en el caso de las mujeres que han recurrido a esta salida sin retorno por vivir en un patrón de constantes agresiones por sus parejas.
En sus respectivos campos profesionales, a nivel general, las doctoras Frances Díaz Urrutia, psicóloga clínica e industrial, e Irma Lugo Nazario, consultora, educadora e investigadora sobre asuntos de género y derechos humanos, concurren en varias señales de un posible suicidio feminicida:
Por otra parte, la persona con ideas suicidas –independientemente que sea una mujer en una situación de violencia— se comporta de la misma manera, según las expertas:
Para la doctora Frances Díaz Urrutia, las estadísticas no precisan las causas de suicidio, lo que afecta la visibilidad de este problema social. “No lo relacionan con el hecho de haber sido víctimas de violencia (doméstica)”, dijo Díaz Urrutia. Eso afecta los datos que se recopilan sobre este tema”, explicó.
Cuando se declaró una emergencia nacional por causa de los feminicidios, muchas organizaciones afines con este importante tema realizaron constantes intervenciones en diversos foros para visibilizar este asunto. Sin embargo, aunque favorece las medidas establecidas, debe reconocerse que es un problema mucho más complejo.
“Es parte de un asunto cultural bastante arraigado. Nos enseñaron que, entre marido y mujer, nadie se debe meter y aprendimos a mirar para el otro lado ante situaciones de violencia doméstica porque los trapos sucios se lavan en casa”, admitió. “Ese asunto se calificaba como ‘vergonzoso’, por temor al qué dirán, así que nos enajenamos de la situación”, comentó.
Para la psicóloga clínica e industrial, la educación sobre valores es esencial. “Somos responsables de educar a nuestras niñas… para que se respeten y se valoren. Igualmente, se debe inculcar a los valores el respeto hacia la mujer como un igual, no como alguien que se posee o se domina”, aclaró. Mencionó, por ejemplo, la costumbre de preguntarles a los niños “cuántas novias tienes” para reforzar esa actitud de poder. “Hay que modificar esa educación para inculcar el respeto y promover la paz”, recalcó.
Por su parte, la doctora Irma Lugo Nazario habló de todos los esfuerzos que se realizan para visibilizar estos problemas a través del Observatorio de Equidad de Género, “un proyecto que busca monitorear y analizar la situación de violencia y equidad de género en Puerto Rico, generar recomendaciones de política pública y fiscalizar la respuesta de las agencias gubernamentales para abordar la violencia de género en la isla”.
En lo personal, la doctora Lugo Nazario confesó que “se aterroriza” por el nivel de violencia que existe en Puerto Rico. “Cuando ocurre un feminicidio, vemos que es el final de una vida, pero la persona ha llegado a esa decisión al no encontrar una salida de su situación que ha soportado de manera sostenida por muchos años, en distintos niveles”, planteó.
Los protocolos de observación sobre los feminicidios y otros asuntos relacionados con la violencia hacia la mujer plantean la necesidad de visibilizar aún más la situación, a juicio de la experta.
“Son temas que no se pueden dejar de hablar; hay que traerlos, dialogarlos y presentarlos en sus diversas manifestaciones: física, psicológica, sexual, económica, imposición de poder. La persona siente que no hay escapatoria porque se le van cerrando estos espacios y ese grado de desesperación es lo que la lleva al suicidio”, advirtió.
Tanto Díaz Urrutia como Lugo Nazario coincidieron, por separado, que este es un tema que involucra a toda la sociedad, porque la violencia es constante en nuestro entorno social. Por lo tanto, es importante denunciar los casos en lugar de hacernos de la vista larga.
“Es importante reconocer esto como una expresión más de ese gran problema social”, dijo Lugo Nazario. “El suicidio y el feminicidio son la forma más terrible de su manifestación”.
“Si escucha signos de violencia y percibe que pudiera haber riesgos (mayores). Si no pasó nada mayor, pues no pasó nada. Pero si ocurre lo contrario, usted salvó una vida”, concluyó Díaz Urrutia.

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