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Gabriela Quiñones: la maternidad sin filtro de una mujer que decidió ser su mejor versión

Comparte una visión de la maternidad profundamente humana: una experiencia capaz de liberar, transformar y también confrontar las partes más vulnerables de una mujer

8 de mayo de 2026 - 12:00 AM

Gabriela Quiñones, creadora de contenido digital, y Lucas Enrique Aponte Quiñones. (BrandStudio)

En el universo de las redes sociales, donde la imagen suele dominar la narrativa, hay voces que se detienen en lo esencial. La de Gabriela Quiñones es una de ellas. Creativa, empresaria digital y madre, ha construido una presencia que no evade las contradicciones, sino que las nombra. Y ahí, precisamente, radica su autenticidad.

“Soy una mamá presente, amorosa y muy intencional”, dijo. Pero esa intención no es un ideal abstracto. Se traduce en los detalles cotidianos, en crear recuerdos y en repetir “te amo” hasta cincuenta veces al día. En su forma de maternar hay una convicción clara: el ejemplo pesa más que cualquier discurso.

“Lo que él ve en mí va a marcar mucho de quién será”, aseguró.

Sin embargo, lejos de una narrativa perfecta, Quiñones insiste en mostrar las grietas. La maternidad, contó, la ha confrontado con versiones muy distintas de sí misma.

“Hay días en los que me siento completamente capaz, y otros en los que me cuestiono todo”, reconoció. Y esto que antes podía parecer contradicción, hoy lo entiende como un balance justo entre fortaleza y vulnerabilidad.

Ese cambio interno también ha redefinido sus límites.

“Hay muchas cosas que toleré antes de ser madre que hoy jamás”, afirmó. Ser mamá, dijo, se convirtió en su “superpoder”: una fuerza que la empuja a exigir más para su hijo y para ella misma.

Se trata de un crecimiento que ha conllevado ciertas negociaciones. Por ejemplo, soltar la ilusión de control total y también aceptar que su tiempo personal ahora lo comparte con su pequeño.

“Hay cosas que ya no puedo hacer con la misma libertad de antes, y eso es real”, sostuvo. Aun así, no lo presenta como una renuncia absoluta, sino como un intercambio en el que nuevas formas de felicidad han ido ocupando ese espacio.

Uno de los terrenos más complejos ha sido su relación con el cuerpo. Durante y después del embarazo, decidió mostrarse tal cual, sin filtros ni correcciones. Esa decisión —poco común en un entorno digital altamente curado— tuvo un impacto inesperado.

“Aún hoy recibo mensajes de cómo eso ayudó a tantas mujeres”, compartió. Para ella, ese proceso ha sido una lección de respeto pues entendió todo lo que su cuerpo ha sido capaz de hacer.

Hoy, su hijo tiene seis años y aparece en sus plataformas —porque le gusta—, pero ella siempre busca un balance y mantener ciertos momentos totalmente privados.

Curiosamente, en medio de todas estas transformaciones, Quiñones no siente que la maternidad la haya limitado, sino lo contrario. “Me liberó completamente”, enfatizó. La responsabilidad, lejos de restringirla, le dio claridad. “Hoy soy mi mejor versión, porque me amo más, me acepto más, me valoro”, aseveró.

Esa claridad también le permite nombrar una verdad incómoda: la maternidad no es solo plenitud. “Te transforma de la mejor manera… y también puede derrotarte de la peor”. Recuerda semanas después del nacimiento de su hijo en las que convivían una felicidad inmensa y una tristeza profunda. “Me tomó tiempo entender que ambas cosas podían coexistir”.

En ese reconocimiento hay una ruptura con el discurso tradicional. La maternidad no como un estado idealizado, sino como una experiencia compleja, a veces contradictoria, y más que todo, profundamente humana.

Al pensar en el futuro, Quiñones no quiere que su hijo la vea solo como madre. Aspira a que entienda que también es una mujer que vive con intención, que trabaja por lo que quiere y que no teme empezar de nuevo.

“Ser su mamá es parte de quién soy, no todo lo que soy”, indicó.

Quizás ahí está la clave de su historia. Se trata de sostener ambas identidades sin que una anule a la otra. En encontrar, dentro del caos y la belleza de lo cotidiano, una versión más consciente de sí misma. Porque, como ella misma resume, lo más grande —ese amor que no se parece a nada— vive, precisamente, en lo más simple.

La autora es periodista colaboradora de Suplementos.

BrandStudio
Este contenido fue redactado y/o producido por el equipo de Suplementos de GFR Media.

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