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Unos 1,800 millones de personas menstrúan cada mes y no todas se identifican como mujeres.
Unos 1,800 millones de personas menstrúan cada mes y no todas se identifican como mujeres. (Shutterstock)

La perspectiva de Ane Hernández sobre la menstruación cambió cuando empezó a identificarse como una persona no binaria.

“Más que todo, fue darme cuenta de que el proceso de la menstruación está bien basado en el género binario, en el que se piensa que solo las mujeres cisgénero menstrúan, cuando hay otras identidades de género que pueden ser cuerpos menstruantes, como los hombres trans y las personas no binarie”, contó Hernández.

Al hablar de mujeres cisgénero, se refiere a las que se identifican con el mismo género que les fue asignado al nacer. Las personas trans, en cambio, tienen una identidad de género, expresión de género diferente a la asociada con el sexo que se les asignó al nacer.

Hernández, quien se identifica con el pronombre elle, experimenta una exclusión sociocultural en la vivencia de este proceso biológico desde su identidad, pues “hasta los productos que se usan para gestionar la menstruación están hechos para las identidades de mujeres cisgénero”.

Por su parte, Kelly Daniel Díaz, un hombre de experiencia trans, compartió que siente una desconexión con la menstruación.

“Es algo que pasa porque es con el sistema reproductivo que cuento, pero no es algo con lo que yo, necesariamente, me sienta familiarizado”, dijo.

No solo menstrúan las mujeres

La menstruación es un proceso fisiológico que atraviesa a todos los cuerpos que experimentan la expulsión de sangre por el útero. Desde siempre, este proceso, también conocido como “la regla”, se ha relacionado con las mujeres cisgénero. Es decir, las mujeres que nacen con útero.

No obstante, no todas las personas que menstrúan se identifican como mujeres. Los hombres de experiencia trans, las personas intersexuales, de género no binario o fluido que tienen vagina, trompas uterinas y ovarios, también, tienen la capacidad de menstruar. Además, hay mujeres que no menstrúan, ya sea porque tengan alguna condición ginecológica, son mujeres trans o están transitando la menopausia.

Un proceso rodeado de mitos, estigmas y tabúes

Según la Entidad de la Organización de las Naciones Unidas para la Igualdad de Género y el Empoderamiento de la Mujer (ONU Mujeres), un 26% de la población mundial está en edad reproductiva, es decir, unos 1,800 millones de personas menstrúan cada mes. Ni siquiera esas cifras consiguen que el período sea considerado un asunto de salud pública.

La regla ha estado rodeada de tabúes, supersticiones y prejuicios a lo largo de la historia humana. Por esta razón, la Organización de las Naciones Unidas (ONU, por sus siglas en inglés) asegura que “convertir la menstruación en un estigma puede socavar el disfrute de los derechos fundamentales tanto de mujeres y niñas como de hombres tansgénero y personas no binarias que menstrúan”.

La menstruación debe abordarse de forma inclusiva porque todas las personas somos seres diversos, aseguró la creadora del proyecto de educación menstrual no binaria Todas Jevas, Johana Karis Molina Ortiz.

“Somos personas diversas y nuestras infancias son diversas. Y no tan solo en identidades, también en experiencia y las maneras de significar y vivenciar la menstruación. Incluso, las personas que nos identificamos como mujeres podemos vivenciar la menstruación de una forma muy diversa. Por eso, es importante que se aborde de forma inclusiva”, sostuvo Molina Ortiz.

Enfrentar la consulta ginecológica

Hernández expresó que no ha estado en un consultorio médico en el que le pregunten sus pronombres, una práctica de reconocimiento, respeto y validación para las personas trans y no binarias. En todas las ocasiones, los profesionales de la salud asumen que elle es una mujer.

“Si las personas trans dentro del binario reciben muchas violencias, pues todavía en Puerto Rico no hay un espacio para nombrarse como no binario en los papeles que uno llena”, dijo Hernández.

El género no binario es un concepto utilizado para describir a una persona cuya identidad de género no es ni hombre ni mujer.

Por su parte, Díaz contó que la mayoría de las personas trans masculinas que conoce, no visitan ginecólogo porque la experiencia “siempre es horrible”.

“Hay un montón de detonantes y desencadenantes. Te puede poner en lugares muy vulnerables”, señaló.

Y es que la medicina, como muchas otras disciplinas, no está exenta de los sesgos de género. La práctica médica dominante está marcada por el binarismo (una división entre hombres y mujeres). En la que, además, el hombre cisgénero y la heterosexualidad son el patrón y el modelo alrededor del cual giran casi todas las profesiones.

Superar esta visión implica salirse de la perspectiva más arraigada en la sociedad y empezar a reconocer una realidad social formada por una amplia diversidad de personas que rara vez encajan en esos patrones rígidos sobre la identidad.

“La primera vez que yo referí un paciente al ginecólogo, porque yo he ido madurando profesionalmente en el proceso, yo decía: ‘¿cómo envío al ginecológico a un chico trans?’ Yo sé que eso les incomoda. Y muchas veces me han dicho: ‘yo no quiero ir. Me siento incómodo sentándome en un área de recepción en donde todas son mujeres o todas están embarazadas’”, expresó la médica especialista en la comunidad LGBTTIQA+ Maribel Acevedo.

La Federación Estatal de Lesbianas, Gais, Trans y Bisexuales (FELGTB) ha evidenciado los obstáculos que suelen afrontar muchas personas trans cuando van al médico y ha elaborado un sondeo que arroja conclusiones avaladas por la ONG Médicos del Mundo. El estudio ha entrevistado a 69 personas trans de diferentes ciudades. De ellas, casi la mitad (un 48.5%) declaró haber anulado o retrasado citas médicas, tanto de atención primaria como de especialistas, por miedo a la discriminación.

“Nosotros no contamos aquí con un amplio directorio de médicos que nos amen y que quieran trabajar con nosotres, que sean solidaries. Eso es un problema porque no tenemos un sistema de salud seguro para personas queer en Puerto Rico. No tenemos un espacio para conectar con esta parte de nosotres sin que la disforia nos mate en el intento”, afirmó Díaz.

Acevedo, quien se ha convertido en un icono de la búsqueda de la igualdad para las personas trans desde un escenario salubrista, aseguró que es necesario educar a los profesionales de la salud sobre identidad de género y orientación sexual.

“Esto no lo enseñan en la escuela de medicina. Es ir educando a los profesionales de la salud y la sociedad para que seamos más empáticos y sensibles a las necesidades de cada cual”, añadió Acevedo.

Según Molina Ortiz, la gestora de Todas Jevas, quien también es trabajadora social, “la educación menstrual no binaria es aquella educación que toma en cuenta la diversidad de los cuerpos que menstrúan y reconoce que el sujeto político que menstrúa es la mujer y los distintos sujetos menstruantes”.

Por eso, enfatizó, es importante que los profesionales de la salud se eduquen en temas de diversidad.

“Cosas tan básicas como preguntar el pronombre, validar ese pronombre y respetarlo”, subrayó Molina Ortiz.

De acuerdo con un estudio realizado por la Clínica Mayo, conocer la autoidentificación de un paciente ayuda al médico a adaptar su lenguaje y comunicarle que está al tanto de su contexto. Los médicos deben consultar sobre la identidad de género y la orientación sexual de su paciente para asegurarse de que brindan una atención que cumpla las necesidades de esa persona.

Una consulta médica digna para las personas trans menstruantes

Para que las personas menstruantes diversas cuenten con una consulta médica respetable, Acevedo, quien dirige la Clínica Translucent de Centro Ararat, en San Juan, comentó que se debe tomar en consideración lo que piensan las personas que menstrúan que no son mujeres cisgénero. El médico debe conocer cómo se siente la persona que le visita como paciente con respecto a su regla.

Asimismo, Acevedo indicó que el profesional sanitario debe utilizar un lenguaje neutro si la persona experimenta disforia de género por menstruar.

“Cuando yo establezco esta relación médico-paciente y voy al tema de componentes ginecológicos, intento no mencionar la palabra ginecología. Pregunto si alguna vez le han hecho una evaluación pélvica, que es lo mismo que si ha ido al ginecólogo. Y en vez de preguntar si ha tenido alguna condición ginecológica, pregunto si ha tenido alguna situación relacionada al área genital. Soy cautelosa utilizando el lenguaje para que no le vaya a causar incomodidad o algún tipo de estrés”, explicó la médica.

También, Acevedo expresó que ella no habla de menstruación, sino de manchado porque mencionar la palabra menstruación les recuerda a muchos hombres trans un proceso que no corresponde a cómo se identifican. De igual forma, les pregunta a sus pacientes si alguna vez ha estado embarazado (en masculino) o si planifica, en su transición, quedar embarazado.

“El hecho de que podamos ayudar a que nuestros pacientes disminuyan esa disforia y su proceso sea más placentero es un éxito para nosotros como profesionales de la salud, pero también es un éxito para los pacientes que puedan tener apoyo más allá de su familia, la sociedad y los compañeros de trabajo”, enfatizó Acevedo.

La invisibilización y el estigma que experimentan la pluralidad de personas menstruantes tiene como consecuencia una falta de acceso al sistema de salud. El derecho a la no discriminación y la igualdad de género: los estigmas y las normas relacionadas con la menstruación pueden reforzar las prácticas discriminatorias. Las barreras relacionadas con la menstruación en la escuela, el trabajo, los servicios de salud y las actividades públicas también perpetúan las desigualdades de género.

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