La vacunación contra el COVID-19 en la isla se encuentra en las fases 1A y 1B. (Shutterstock)

Durante el pasado mes de diciembre se comenzó a vacunar contra el COVID-19 en Puerto Rico al igual en otros diez lugares del mundo. Los primeros en ser vacunados han sido los profesionales de la salud de primera línea. El Departamento de Salud cuenta con un plan de vacunación definido por fases alineado con el plan establecido en los Estados Unidos para lograr una pronta inoculación masiva y con esto alcanzar la inmunidad de rebaño de un 85%. El objetivo es desarrollar la inmunidad de rebaño para combatir este coronavirus que ha causado la pandemia que ha cambiado la forma en que nos manejamos diariamente, nos tiene con temor y mundialmente ha terminado con la vida de cientos de miles de personas. Vacunarnos es la solución.

De acuerdo con los datos reportados por los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés) y el Departamento de Salud federal toda persona mayor de 16 años debe recibir la vacuna de contra el COVID-19 en sus dos dosis si recibe la vacuna de Pfizer o la de Moderna en intervalos diferentes. Todos debemos recibir las vacunas y, hasta la fecha, solamente las personas que previamente han tenido reacciones alérgicas severas a los componentes de las vacunas y las poblaciones en las que no se investigó, no deberían recibirla. La autorización de ambas vacunas, hasta el momento, es la autorización de emergencia. En el caso de las personas con alergias severas se recomienda que se vacunen bajo supervisión médica.

Por disposición federal y los organismos de salud, existe un plan de implementación de la vacunación que el Departamento de Salud del Gobierno de Puerto Rico ha adaptado, estableciendo fases de grupos para ser vacunados de acuerdo con su riesgo de contagio. Actualmente, se proyecta abrir once centros de vacunación comandados por la Guardia Nacional de Puerto Rico y se han realizado acuerdos con algunas farmacias para la fase 1B. A la vez, se trabaja para autorizar más de 500 centros existentes adicionales, como los 330, Centros HIPPA y CDT, así como otros profesionales de la salud para hacer el proceso más accesible.

Nos encontramos en la Fase 1A de vacunación a todo el personal que interviene con pacientes directamente. Los hospitales, Centros 330, IPAS, CDT, el Colegio de Médicos Cirujanos de Puerto Rico y la Guardia Nacional ayudan en el proceso con este grupo. También en esta Fase los empleados, residentes y beneficiarios de centros de cuidado prolongado. Para estos existe un acuerdo con las cadenas de farmacias Walgreens y CVS Pharmacy para que brinden el servicio directamente en los centros mediante citas. Otros grupos que caen en la Fase 1A es el personal de los centros de diálisis y el personal de respuesta al COVID-19 y, por último, pero no necesariamente en este orden, las personas con discapacidad mental.

En la Fase 1B se vacunará a todo personal de respuesta y servicios esenciales al país que esté brindado servicio en estos momentos expuestos para poder dar reinicio o continuidad a los mismos. Los pacientes de enfermedades crónicas mayores de 65 años entran en esta fase. El cambio más significativo que tuvo el plan original fue en los sectores de la manufactura y la cadena de alimentos; y el personal federal y estatal que está activo en el cumplimiento de sus labores expuestos en esta fase, que se calcula que son más de 600,000 personas.

La Fase 1C pretende vacunar a la población mayor de 65 años, personas con discapacidades, empleados que atienden servicios esenciales y otros.

En la Fase 2, la población general mayor de 16 años sin historial de enfermedades crónicas.

Este proceso va a tomar meses y dependerá de la cantidad de vacunas que continúen llegando para que cada persona pueda recibir las dos dosis.

Estrategias para el éxito de la vacunación

Para alcanzar el 85% de la población vacunada hacen falta que los planes se ejecuten sin contratiempos para hacer el proceso más efectivo. El éxito primario del cumplimiento dependerá de la llegada constante de los suministros de la vacuna.

Otro aspecto esencial es la disponibilidad de la infraestructura adecuada donde se cuente con el equipo y el personal necesarios para administrar la vacuna. Por último, es igualmente importante que ese grupo de profesionales esté adecuadamente capacitado y adiestrado ante las condiciones particulares de esta novel vacuna. Sin embargo, aunque se están solicitando voluntarios, y eso está bien, tiene que contarse con personal que asuma la responsabilidad y que mantenga el flujo diario de esta vacunación, porque es un trabajo que tomará algún tiempo.

Para lograrlo, también hace falta tomar como referencia las estrategias exitosas implementadas en el pasado en vacunaciones masivas por VOCES en períodos cortos de tiempo. La modalidad de servicarro es una de ellas porque permite el distanciamiento físico que se recomienda, agiliza el proceso y facilita la realización en espacios abiertos, disminuyendo la posibilidad de contagios. Mientras las posibilidades de contagio sigan siendo elevadas, la modalidad de vacunación al exterior es la mejor alternativa. Al momento de lograr una reducción de contagios, la dinámica se vacunación en espacios cerrados se convierte en una alternativa viable. En este momento, necesitamos aumentar drásticamente el volumen de personas impactadas diariamente.

La autora es fundadora de VOCES Coalición de Vacunación de Puerto Rico.