En la imagen de aprecia un panal de abejas. (GFR Media) (semisquare-x3)
En la imagen de aprecia un panal de abejas. (GFR Media)

La Habana, Cuba - La selección y mejora genética de las abejas, la optimización de la llamada flora melífera y la optimización de los productos producidos por la colmena son los tres grandes proyectos en los cuales labora el Centro de Investigaciones Apícolas (CIAPI) de Cuba, que busca alcanzar superiores resultados en la obtención de la miel, uno de los rubros exportables del país.

Adolfo Pérez, director del centro, explicó a la Agencia Cubana de Noticias (ACN) que con el primero de ellos se pretende lograr abejas altamente productoras y resistentes a las enfermedades, por lo que desde 2013 se aplica un programa en las provincias de Granma, Camagüey, Ciego de Ávila, Cienfuegos, Matanzas, Mayabeque, Artemisa y Pinar del Río, cuyos efectos son positivos, al conseguir en algunos casos un rendimiento por colmena de 132 libras de miel, lo cual consideran extraordinario.

Destacó que a esos insectos en Cuba no se les administra medicamentos ni productos químicos para el tratamiento de las enfermedades, sino que ellos resuelven sus problemas de salud a partir de su resistencia natural, hecho que calificó como importante, pues no se introducen sustancias nocivas en su producto esencial y otros de la colmena.

Expresó que a través de la capacitación los apicultores logran criar abejas “bien alimentadas que puedan expresar todo su carácter genético en la producción”.

Con respecto a la flora melífera, o sea aquellas flores que producen néctar, Pérez señaló que elaboran mapas digitales sobre la distribución territorial de esas plantas.

Manifestó que el proyecto lleva un trabajo de campo grande, pues se debe referenciar cada apiario del país, cartografiarlo y registrarlo, además de hacer un levantamiento de la vegetación y de los apicultores.

Según el director del CIAPI, tal actividad se realiza con el objetivo de contar con sistema de información geográfico que permita conocer las áreas donde se concentran las colmenas, y otras donde no hay y se desaprovecha su posible potencial melífero.

Relacionado con ese mismo proyecto se efectúan investigaciones destinadas a evaluar la productividad melífera de las especies, los productores de miel orgánica, y la distribución de la flora melífera y la apícola (plantas que proveen productos destinadas para hacer miel, polen y otras que ofrecen resina que las abejas aprovechan para su propóleo), apuntó Pérez.

Concerniente a los productos apícolas (miel, cera, propóleo, jalea real y veneno de abeja) subrayó que se estudian las características de cada uno, en aras de obtener suplementos o complementos nutricionales y fórmulas dirigidas a la elaboración de cosméticos.

También, agregó, se trabaja en un proyecto para diversificar la presentación de la miel con el fin de caracterizarla por su denominación de origen geográfico o floral, que puede ser de campanilla blanca, de romerillo, mangle o bejuco leñatero, la cual se comercializará en el mercado nacional y extranjero.


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