Desde el 2018 sobre 30 jugadores han tomado la decisión de volver a su país natal tras intentos de jugar como profesional a diversos niveles.

La Habana, Cuba - Erisbel Arruebarruena estaba proyectado para ser uno de los grandes prospectos de los Dodgers de Los Ángeles y complementar con su compatriota Yasiel Puig una dupleta temible, que diera largos años de productividad al equipo californiano y demostrara al mundo el talento que puede dar el béisbol cubano, pero el destino tenía otros planes y el talentoso infielder acabará su carrera jugando en la Serie Nacional de Cuba (SNB).

Los planes con Puig, quien protagonizó un escandaloso caso que dejó al descubierto una amplia red de tráfico de personas que extorsionaba a los peloteros cubanos que sacaban de la isla, se cuajaron y acompañó a los Dodgers a la Serie Mundial en dos ocasiones, luego de lidiar con diversos patrones de indisciplina del fornido jardinero y antes de ser cambiado a los Reds de Cincinnati.

Con Arruebarruena, por su parte, la cosa nunca atracó en puerto seguro. Tras firmarlo con una bonificación de $25 millones, los planes con el infielder no llegaron a tomar forma, a pesar de su debut en las Mayores en el 2014, cuando jugó 22 partidos con los Dodgers y en 41 turnos bateó para .195.

Luego de ese inicio, problemas de salud con una diabetes tipo 1, indisciplinas y la poca capacidad de adaptación provocaron que los Dodgers rescindieran de sus servicios el año pasado y el jugador, ni corto ni perezoso, tomó una decisión que le rondaba la cabeza con insistencia: volver a Cuba a jugar béisbol y no colgar los ganchos.

Con su determinación, Arruebarruena se convirtió, en conjunto con el veterano exligamayorista Yuniesky Betancourt, en los primeros dos cubanos con experiencia en las Grandes Ligas que retornan a su país para jugar en la SNB, un hito en la historia de Cuba.

La decisión de ambos jugadores no se dio en el vacío.

La acción responde, primero, a la flexibilización de las leyes migratorias que impedían a los cubanos regresar a su país tras perder su ciudadanía por parte del gobierno; segundo, a la determinación de la Federación Cubana de Béisbol (FCB) de readmitir a aquellos jugadores que se fueron de la isla a probar suerte en el profesionalismo, pero que no lo hayan hecho en medio de una competencia, lo cual se considera una deserción.

Los jugadores que completen sus trámites migratorios legalmente, en un proceso conocido como “repatriación”, y que no hayan desertado en medio de alguna competición, han comenzado a ser bienvenidos a la SNB desde el año pasado, lo cual se ha llevado a su máxima expresión este año, con la integración de Arruebarruena, a los Cocodrilos de Matanzas, y de Betancourt, a los Leopardos de Villa Clara, en el torneo que inicia en agosto.

El regreso a la Serie Nacional de jugadores que se fueron en un momento de Cuba para probar suerte en el béisbol profesional está, por lo tanto, de moda.

Desde el 2018 sobre 30 jugadores han tomado la decisión de volver a su país natal tras intentos de jugar como profesional a diversos niveles. Uno de los casos más sonados fue el del lanzador Roberto Hernández, quien tras firmar un contrato por $320,000 con los Indians de Cleveland, decidió volver a la isla porque no se adaptó a las condiciones de vida en Estados Unidos y a la ausencia de su familia. Hernández, considerado el mejor prospecto cubano de su clase en el 2017, lanza ahora con el equipo de Sancti Spiritus y tiró recientemente un partido sin hits ni carreras en el torneo Sub-23.

“Hemos reiterado que se trata de un proceso en crecimiento. Si en la temporada anterior jugaron poco más de 30 con ese estatus, en la venidera la cifra debe duplicarse, siempre a partir de que hayan concluido sus trámites de repatriación y participado en los campeonatos locales, aunque los territorios pueden valorar, incluso, que jueguen en otros torneos preparatorios”, dijo a El Nuevo Día. el director nacional de béisbol, Yosvani Aragón.

Fácil la determinación

Para Arruebarruena, de 29 años, la decisión no fue complicada. Asegura que su amor por el béisbol va por encima del dinero y que ahora podrá jugar en paz, frente a su gente y cerca de su familia, que es lo más importante para él.

“Primero que todo yo soy cubano y me gusta vivir en Cuba. Yo fui para los Estados Unidos y no fue por problemas políticos, sino que quería mejorar las condiciones de mi familia y probarme en el béisbol de las Grandes Ligas. Estuve con la franquicia de los Dodgers, y ahora no tengo más motivación que estar en mi tierra, con mi familia, porque me gusta estar aquí”, explicó el jugador a El Nuevo Día previo a un entrenamiento de los Cocodrilos.

“Por eso vengo a hacer mi trabajo como un cubano más, sin pensar que estuve en Grandes Ligas, como lo hacia antes de irme… Creo que los cubanos seguirán regresando, porque lo de nosotros es jugar al béisbol. Nosotros vamos a otros países a probarnos, pero amamos el béisbol más allá del dinero, de lo material. Eso es lo importante”, agregó.

A pesar de no triunfar en las Mayores, Arruebarruena regresó a Cuba en un escenario favorable, pues tiene una buena posición económica y puede garantizar un nivel alto de vida a su familia dentro del sistema socialista cubano, que ya no sanciona a quienes han decidido hacer capital en el extranjero y gastarlo en la isla.

Diferentes casos

Pero su caso no es el más habitual. La mayoría de los jugadores que han regresado lo han hecho luego de malas experiencias en el extranjero, donde cayeron en trampas de traficantes, fueron timados con promesas falsas o simplemente las cosas no salieron como ellos pensaban.

“Allí hay mucha gente que se meten en el negocio sin saber bien qué es lo que están haciendo, otros que han sido engañados, porque les dicen que inviertan ahí su dinero, sin saber siquiera cuándo lo pueden recuperar o tener ganancia. Lo digo por experiencia propia, porque loviví bastante cerca. Por suerte, las personas que me tuvieron me trataron muy bien, me ayudaron en los momentos difíciles que pasé, que los tuve. Hubo momento en que el inversionista no me podía pagar la casa y cosas así que tienes que resolver”, relató a este medio el receptor de 26 años, Oscar Valdés, quien se fue a República Dominicana bajo la creencia de que iba a ser firmado como profesional para las Grandes Ligas.

“Vi muchísima gente en esto con esos problemas y es difícil, porque están en un lugar en el que no tienes identificación, estás ilegal, no tienes a nadie de tu familia que te dé una mano y correr el riesgo de no tener dónde quedarte, eso es un problema muy grande… Siempre pienso que valió la pena, aunque no haya sucedido. Otros peloteros jóvenes también lo hicieron y llegaron. No te puedo decir que no sea un riesgo, pero cuando te toca, te toca… Hubo un momento en que me di cuenta que ya no tenía nada que hacer allí y ahora aquí seguiré peleando”, agregó el hoy receptor suplente de los Industriales de La Habana.

Este año, 18 jugadores cubanos iniciaron en la nómina de equipos de las Mayores, entre ellos estrellas como Puig, José “Pito” Abreu y Yulieski Gurriel. Además, poco más de un centenar pululan por el sistema de Ligas Menores.

Se estima que desde 2014 Cuba ha perdido sobre 350 de sus prospectos a todos los niveles, desde jugadores en desarrollo hasta peloteros con capacidad de emplearse a fondo en el béisbol rentado, quienes han abandonado el país de forma legal o ilegal para probar suerte en la pelota profesional. Sólo en el 2015 se marcharon unos 170 de ellos.


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