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La Asamblea General de la ONU. (Agencia EFE)

La Habana, Cuba - Cuba recibió hoy, miércoles, un sólido respaldo en bloque de naciones a través de todo el mundo, las que expresaron en el pleno de la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) su rechazo al embargo económico que Estados Unidos mantiene contra la isla desde hace más de medio siglo.

Fue la primera de dos jornadas en la ONU para atender una nueva resolución del organismo en contra del bloqueo o embargo económico de Estados Unidos contra Cuba.

El jueves, el segundo día, se espera que se produzcan las ponencias de los principales aludidos, Estados Unidos y Cuba, así como la votación formal a la resolución de condena y las ocho enmiendas que la delegación estadounidense en la ONU propuso al documento.

Más de una treintena de representantes de países y grupos regionales hicieron uso de la palabra en el plenario, entre ellos aliados clásicos de Estados Unidos, como México.

“México rechaza la aplicación de sanciones discriminatorias y hacemos votos porque se restablezcan los vínculos entre los dos países. Creemos que este proceso fortalecerá los vínculos de la región, permitiendo un mayor flujo de personas, bienes y tecnología”, sostuvo la delegación mexicana en su ponencia.

“México seguirá apoyando al gobierno de Cuba a fin de proseguir de modernizar su modelo de desarrollo y seguimos su proceso de reforma constitucional. El bloqueo de nada favorece al cambio”, agregó.

Socios históricos de Cuba desde el triunfo de la Revolución en 1959, como Rusia y China, también defendieron que Estados Unidos ponga fin al bloqueo.

“El bloqueo ha causado restricciones muy estrictas al acceso a los sistemas tecnológicos que tienen componentes de Estados Unidos, pues no se permite que tengan más del 25% de componentes de compañías norteamericanas. Esto dificulta tener equipos de aviación, tecnología médica, etc. Además, resulta un obstáculo para el comercio cubano, ya que la Isla no tiene acceso al mercado de inversiones. A pesar de que compañías europeas desean realizar inversiones con Cuba, muchos países tienen miedo de Estados Unidos y no cooperan con la Isla”, sostuvo la declaración rusa.

“Rusia espera que los beneficios del acercamiento entre Washington y La Habana se mantengan para resolver en una forma satisfactoria para ambas naciones. Pedimos a todos los presentes que sean solidarios con el pueblo cubano en su lucha hacia la igualdad. Rusia votará una vez más a favor de esta resolución”, añadió.

Por su parte, China señaló que “lamentablemente durante muchos años se ha puesto en práctica el bloqueo económico, comercial y financiero, que sigue en pie y viola los principios de la Carta Magna de Naciones Unidas... China apoya la resolución de Cuba para poner fin al bloqueo, que todos los años se somete a votación y mantendrá los intercambios económicos y comerciales beneficiosos para el desarrollo del pueblo cubano”.

Los bloques de naciones de Asia, África, el Caribe, las naciones islámicas, entre otros, apoyaron el fin del bloqueo y anunciaron que votarán a favor de la resolución y en contra de Estados Unidos.

El Salvador, país que habló en nombre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y caribeños (Celac), indicó que es “innegable el impacto de la ilegal política en el desarrollo de la Isla, la cual causa daños cuantiosos e injustificables, y es contraria al deseo de los pueblos latinoamericanos y caribeños”.

El ministro de Relaciones Exteriores de Cuba, Bruno Rodríguez Parrilla, dijo tras la jornada a la prensa cubana que “en la ONU hubo un apoyo abrumador a la Isla y que en muchas de las intervenciones hubo una oposición a las enmiendas mendaces y políticamente manipuladoras presentadas por el gobierno de los Estados Unidos para adulterar la resolución que la Asamblea General ha aprobado ya 26 veces”.

Rodríguez Parrilla declaró que “a diferencia de años anteriores, el proceso tomará dos días: hoy se escucharon los discursos de los grupos de países y Estados miembros, y la votación sobre el proyecto de resolución que pide el fin de esa política hostil se realizará mañana, porque en lugar de facilitar un acto de votación breve como en años anteriores, el Departamento de Estado norteamericano busca alterar el proceso y analizar ocho enmiendas diferentes”.

La discusión de la polémica resolución se da en un contexto de marcada enemistad entre los respectivos gobiernos, producida por la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca, quien ha intentado demoler el histórico acercamiento que construyeron los expresidentes Barack Obama y Raúl Castro Ruz.

Trump ha utilizado como argumento principal el caso de los llamados “ataques sónicos”, un misterioso incidente mediante el cual unas dos docenas de diplomáticos estadounidenses enclavados en La Habana sufrieron daños neurológicos de diverso nivel tras escuchar un presunto ruido agudo. Ese mismo reclamo lo hizo personal canadiense, así como empleados de Estados Unidos asignados a la misión en Pekín, China.

Montándose en ese escándalo, del cual todavía no hay una solución clara y en el que Cuba niega cualquier participación intencional, Trump dejó inoperante la Embajada en La Habana, reabierta tras casi medio siglo por Obama, y ordenó restringir los mecanismos para que los estadounidenses viajen a la isla, los cuales fueron flexibilizados por la pasada administración en la Casa Blanca.

Igualmente, el presidente estadounidense ordenó una intensa ofensiva diplomática en la ONU, donde revirtió la votación de 2016, cuando por primera vez desde 1992, Estados Unidos no votó en contra de la resolución contra el bloqueo y decidió, en su lugar, abstenerse.

En el 2017, Trump dispuso un voto en contra junto con Israel, que en el 2016 también se había abstenido junto a Estados Unidos. Este año, la estrategia estadounidense ha ido en la dirección de conseguir ampliar esa base de oposición, lo que supondría una derrota para Cuba, que ha visto consistentemente cómo el apoyo en la ONU crece y crece, sobre todo entre viejos aliados estadounidenses, como Reino Unido, Francia, Alemania, España, México, Canadá, entre otros.

En ese sentido, Estados Unidos promovió un conjunto de enmiendas a la resolución que deben ser debatidas en el pleno, lo cual hará el proceso más tedioso y provocará que la discusión se empantane en la forma y no en la figura.

Cualquier cosa para Cuba que no sea el 191-2 del año pasado, supondría un retroceso, por lo que el canciller Rodríguez Parrilla ha mantenido una intensa campaña mediática para denunciar lo que entiende es una movida deliberada de la administración Trump.

La resolución tiene su historia, la cual data desde 1991, cuando se presentó por primera vez la resolución contra el bloqueo o embargo. En aquel entonces, la resolución no llegó al pleno de la Asamblea General por lo que Cuba llama “presiones de Estados Unidos”, pero desde el año siguiente el pedido ha sido aprobado consistentemente por la mayoría de los países miembro con voto en la ONU.

En 1992, la resolución fue aprobada con el apoyo de 59 países, tres votos en contra, 71 abstenciones y 46 ausencias. Desde entonces, el apoyo ha crecido como la espuma, a tal punto que, en el 2015, 191 de los 193 votos posibles fueron a favor. Sólo Estados Unidos e Israel votaron en contra.

El voto en contra de la resolución por parte de Estados Unidos en ese año tomó por sorpresa a la comunidad internacional, que esperaba un cambio de posición tras el histórico acercamiento anunciado el 17 de diciembre de 2014 por los presidentes Obama y Castro Ruz, la apertura de respectivas embajadas a mediados del 2015 y la posición pública del hoy expresidente estadounidense en contra del embargo.

En el 2016, Estados Unidos e Israel se abstuvieron, por lo cual fue la primera vez que la resolución no tuvo votos en contra, pero ese escenario cambió, cuando los dos estados volvieron a censurar la medida en el pleno de la ONU.

El bloqueo, como se le llama en Cuba y dice la resolución, o el embargo, como lo identifican en Estados Unidos, fue establecido por una orden ejecutiva del presidente John F. Kennedy el 7 de febrero de 1962, a raíz del triunfo de la Revolución cubana que trajo consigo la crisis de los misiles con la Unión Soviética.

La diferencia entre uno y otro estriba en que un bloqueo económico es considerado un acto de guerra, mientras un embargo no, o sea, es cuestión de semántica y del cristal con el cual se mire. La comunidad internacional coincide en que se trata de un bloqueo. Con el paso de los años, aquella medida de Kennedy se convirtió en una madeja de decisiones ejecutivas, regulaciones, procesos administrativos, decisiones judiciales, disposiciones extraterritoriales y leyes del Congreso que hace muy difícil su desmantelamiento en el complejo sistema estadounidense.  

Cuba reclama que, desde su implantación, el bloqueo ha causado $933,678 millones en pérdidas a su economía y que sólo entre abril de 2017 y marzo de 2018, esos daños alcanzaron los $4,321 millones.

El impacto del embargo es de amplio espectro, pues toca básicamente todos los rublos económicos del país, al tener un carácter extraterritorial y limitar la capacidad de Cuba para hacer transacciones bancarias, adquirir materia prima, comprar productos de consumo, exportar bienes y servicios, importar medicinas o equipamiento médico, entre otros.


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