La iniciativa incluye la Galería Taller Gorría (GTG) y el proyecto comunitario han propiciado que esta sea la zona de la capital cubana con más grafitis, conciertos y exhibiciones.

La Habana - La Habana Vieja se pudiera dividir por dos atmósferas urbanas: por un lado está la zona patrimonial, restaurada, brillante y llena de vida, y por el otro se encuentra la mayoría de la ciudad, donde los edificios agonizan y apenas llega el turismo. 

Uno de esos barrios poco agraciados es el de San Isidro, una comunidad aledaña al antiguo puerto. Aquí abundan los viejos almacenes en desuso y las historias que rememoran la época de marineros, estibadores, chulos y emblemáticos rumberos. Durante las primeras décadas del siglo XX era la zona con más prostíbulos en Cuba.  

Es una zona deprimida, pero con mucha historia, por lo que fue el sitio escogido hace casi cinco años por Jorge Perugorría, el actor cubano de mayor proyección internacional (nombrado miembro de la Academia de Cine de Estados Unidos en 2016) y su hijo Adán, para emprender un proyecto cultural que intenta cambiar la fisionomía del barrio. 

La iniciativa incluye la Galería Taller Gorría (GTG) y el proyecto comunitario “San Isidro Distrito de Arte”, el cual ha propiciado que esta sea la zona de la capital cubana con más grafitis, donde habitualmente se celebran conciertos e inauguran exposiciones de jóvenes y renombrados artistas visuales. 

“Este espacio tiene como concepto general la difusión del arte contemporáneo cubano en todas sus manifestaciones, aunque como columna vertebral están las artes visuales y la música”, explicó a El Nuevo Día Adán Perrugorría Lafuente, joven gerente y cofundador de GTG, junto a su padre, el protagonista del filme “Fresa y Chocolate”, nominado a los Oscar (1994) y actor de otros cincuenta largometrajes. 

La galería GTG se ha insertado exitosamente en el circuito de exhibición habanero. Por estos días se inauguró, colateral a la XIII Bienal de La Habana, la instalación “El difícil arte de cazar mariposas”, del propio Jorge Perugorría, quien también ha incursionado como pintor y director de cine. 

Su hijo Adán, graduado de la Escuela Nacional de Arte como músico, tecladista de la agrupación pop Nube Roja, respondió diversas interrogantes a El Nuevo Día en la sede de la galería:  

¿Cuáles son las premisas que tiene GTG? 

“Nos interesa no sólo exhibir en la galería, sino también llegar al barrio. Desde el inicio el proyecto tiene un perfil comunitario. Estamos en una zona que fue un poco marginal, desplazada dentro del Centro Histórico, una de las más deprimidas económicamente, sin acceso al turismo, donde ha ido decreciendo el nivel de desarrollo y movimiento, un lugar casi ‘virgen’ culturalmente para concretar un proyecto como este. A través de la plataforma cultural ‘San Isidro Distrito de Arte’ incluimos iniciativas interesantes de emprendedores de la ciudad o extranjeros, como Clandestina (la primera marca de diseño independiente de Cuba), o Zenit Tattoo Studio, una tienda de piercings y tatuajes. Celebramos el Festival Girl Power que dirigió la cantante cubanoamericana Cucu Diamante. Un evento espectacular con conferencias, talleres con las mujeres de la comunidad, arte en vivo en la calle y muchos conciertos. Hacemos murales y diversas intervenciones públicas”. 

¿Qué perspectivas tienen con su trabajo en la comunidad?

“Nuestras expectativas se cumplen todos los días. Cada vez nos visitan más artistas de diferentes partes del mundo, como el boricua Benicio del Toro, Stephen Palladino (quien ha trabajado con Lady Gaga), Jack Daniels, el también puertorriqueño Bikismo, artista que trabaja los tonos metálicos en el arte urbano y es reconocido en grandes festivales como Fuego a la Lata y Arecibo Street Art Project. El taller se hace cada vez más popular, contamos con más público en las actividades y colaboradores”.

¿Este es un proyecto familiar? ¿Con qué apoyos cuentan?

“Lo creamos mi padre y yo, ahora se ha sumado mi hermano pequeño Amet y mi primo Cristóbal. Si es un proyecto familiar, completamente sin fines de lucro. Lo hacemos a puro corazón. Todas las personas que han estado involucradas son amigos, artistas que conocemos e invitamos para que compartan en el barrio su trabajo. Tenemos muy buenas relaciones con el Gobierno de La Habana y la Oficina del Historiador de la ciudad, nos han ayudado a concretar estudios sociológicos. A través de los grafitis las personas de la comunidad ven arte en su vida cotidiana. Además, dentro de la galería pueden disfrutar las obras de creadores cubanos de fama internacional como Roberto Fabelo, Ernesto Rancaño, Mabel Poblet, Wilfredo Prieto, Carlos Garaicoa, René Francisco, Esterio Segura; o conocer al escritor Leonardo Padura –Premio Princesa de Asturias 2015–, guionista de la serie de Netflix ‘Cuatro Estaciones en La Habana’, donde mi padre interpreta al detective protagonista Mario Conde. La comunidad está encantada. Aquí no pasaba casi nada y ahora se presentan los músicos más importantes de Cuba, restauramos algunos espacios urbanos, incluso los propios vecinos ayudan a limpiar después de cada actividad. La participación ha transformado el barrio”. 

¿Cuál es la relación de Benicio del Toro con el proyecto?

“Mi padre y Benicio son muy buenos amigos. Él siempre ha estado muy interesado por lo temas sociales y culturales, y este es un proyecto que lo hace feliz. Benicio es un amante de Cuba y disfruta muchísimo todo ese desarrollo sostenible que se está creando a través de emprendedores cubanos. La ayuda que nos da es su presencia aquí cada vez que puede”. 

¿Qué planean para el  futuro?

“Cerca de la galería estamos construyendo el Centro de Estudio e Investigación Audiovisual 'Tomás Gutiérrez Alea', dedicado a ese gran cineasta cubano, co-director de Fresa y Chocolate. También, estamos terminando el estudio 'Eduardo Abela'. Nuestro deseo es ocupar todos los lugares que están en desuso y convertirlos en espacios para el arte y la cultura”. 


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