El hotel Habana Libre, que la Revolución encabezada por Fidel Castro expropió a la compañía estadounidense Hilton, es uno de los alojamientos más conocidos de la capital cubana. (EFE / Ernesto Mastrascusa) (semisquare-x3)
El hotel Habana Libre, que la Revolución encabezada por Fidel Castro expropió a la compañía estadounidense Hilton, es uno de los alojamientos más conocidos de la capital cubana. (EFE / Ernesto Mastrascusa)

La Habana, Cuba - Cuba lanzó un mensaje de apoyo a las empresas que operan en el país, ante el escenario de la activación del Título III de la Ley Helms-Burton en Estados Unidos, y afirmó que la escalada de sanciones contra la isla por parte de la administración de Donald Trump no ha impedido el flujo de viajeros entre ambos vecinos.

El ministro de Turismo cubano, Manuel Marrero, dijo hoy en el marco de la inauguración de la Feria Internacional de Turismo de Cuba (FitCuba2019) que las empresas extranjeras pueden contar con toda la “confianza, garantía legal y acompañamiento” durante cualquier proceso en su contra.

El funcionario sostuvo que la isla “nunca abandonará a aquellos que a pesar de las adversidades han decidido apostar por Cuba, como la Unión Europea (en particular España) y Canadá”.

El Título III de la Ley Helms Burton, que fue puesto en vigor el pasado 2 de mayo y bajo el cual se presentaron ya los primeros tres reclamos legales, permite demandas en suelo estadounidense contra compañías que mantienen operaciones en propiedades confiscadas tras el triunfo de la Revolución, aunque sean de un tercer país.

Marrero indicó que “este engendro jurídico, que a quien primero afecta es a las propias entidades estadounidenses, no podrá ser aplicado dentro de Cuba, por lo que todas las empresas radicadas en el país tienen total seguridad jurídica a tenor de la Ley 118 de la Inversión Extranjera y la Ley 80 (de Reafirmación de la Dignidad y Soberanía Cubanas)”.

El ministro se refiere a dos disposiciones cubanas que desconocen la Helms-Burton como reclamo jurídico y reclama a Estados Unidos una indemnización multimillonaria por la aplicación del bloqueo o embargo económico contra la isla hace más de medio siglo.

Marrero, quien ofreció el discurso principal de la inauguración de FitCuba2019, dijo ante su principal invitada, la ministra de Industria, Comercio y Turismo de España, María Reyes Maroto, que “en momentos en que suenan tambores de guerra y se intenta imponer el aislamiento y el enfrentamiento, nosotros proponemos, mediante el turismo, la unidad, la fraternidad, solidaridad y paz”.

El ministro cubano explicó que las medidas de presión aplicadas el año pasado por parte de Estados Unidos, que incluyeron reponer regulaciones a los viajeros y limitar la capacidad de los ciudadanos estadounidenses de utilizar instalaciones turísticas pertenecientes a empresas militares, no impidieron que en el 2018 se registrara un incremento de 3.0 por ciento en los turistas procedentes de suelo estadounidense.

La mayoría de ellos vino en cruceros y esa tendencia se ha disparado en los primeros cuatro meses de este año, cuando se ha reportado un crecimiento que ronda el 93 por ciento cuando se compara con el mismo periodo del año anterior.

Ante el fracaso de las trabas a los viajes, la presión de Estados Unidos contra Cuba se centró en la activación del Título III, el cual busca amedentrar a las empresas, sobre todo las europeas, con amplia presencia en el mercado cubano.

Una estrategia que esta por verse si funcionará, pero que no ha calado de momento en las principales compañías con operaciones en Cuba, como es el caso de la cadena internacional española de hoteles Barceló. 

“No tenemos perspectivas de cambiar nuestras estrategias... Aunque al final no se sabe realmente el alcance de la ley, no prevemos cambios. Queremos estar en Cuba porque es un destino distinto y único, está destinado para ser el primero del Caribe y queremos seguir aquí defendiendo nuestros intereses… Cualquier tipo de cancelación de planes es precipitada”, dijo el director general de Barceló el Cuba, Juan Antonio Montes.

Se prevé que el sector turístico sea uno de los más afectados por el Tlitulo III. 

De las primeras tres demandas, dos fueron contra la empresa de cruceros estadounidenses Carnival, por parte de Javier Garcia Bengochea, un médico que emigró a Estados Unidos hace 59 años, quien asegura que es el dueño del puerto de Santiago de Cuba, y de Mickael Behn, un estadounidense que vive en el Reino Unido, que sostiene que es heredero del puerto de La Habana.

Ambos sostienen que Carnival debe pagarles por el uso que la empresa hace de ambos muelles en sus viajes a Cuba. La empresa ha dicho que se defenderá y que no tiene planes de limitar sus operaciones hacia la isla.

La demanda no se extendió a otras empresas que también usan los puertos, como Norweigan Cruise Lines o Royal Caribbean, pues sus matrices son europeas y podrían contrademandar en Europa a los reclamantes en Estados Unidos, lo que causaría un complejo y costoso entuerto legal. Carnival está basada en suelo estadounidense.

La tercera demanda la interpuso la empresa Exxon-Mobil, que reclama daños por casi $250 millones a la empresa estatal cubana Cuba Petróleos (Cupet) por la confiscación de instalaciones tras el triunfo de la Revolución. 

El panorama pinta complicado, pues la Unión Europea y Canadá han prometido que defenderán los intereses de sus empresarios en Cuba, por lo que han puesto en marcha estatutos igualmente extraterritoriales que complican el escenario para las acciones legales en Estados Unidos, las cuales tienen sus límites de por sí.

La Ley Helms-Burton sostiene que sólo pueden demandar propietarios de bienes valorados en más de $50,000 al momento de la confiscación o más de $427,000 actuales de acuerdo a los ajustes de inflación. Las reclamaciones deben ser contra propiedades comerciales y no viviendas comunes, la propiedad tampoco puede ser una sede diplomática y la cuota inicial para entablar el pleito ronda los $6,700.

En la práctica será difícil ganar un pleito o sostenerlo, porque serán largos y complejos, pero la incertidumbre que se genera es la mejor arma lograda por Trump.

“Esto del Título III acabará en nada, porque serán pleitos largos, complejos, que pondrán a chocar a distintas potencias económicas. Creo que hay que mirar al futuro, la perspectiva es que vendrá un presidente demócrata, que revertirá todo esto, que flexibilizará aún más las políticas de viajes e, incluso, podría ir tras el fin del embargo”, dijo John McAuliff, director ejecutivo del Fondo para la Reconciliación y el Desarrollo, una organización sin fines de lucro que impulsó el fin de los bloqueos contra Camboya y Vietnam, la cual ahora trabaja en el caso cubano.

Es cuestión de esperar. Esta es una política que la mayoría de los cubanos en Florida ni de los estadounidenses apoya y el apoyo de ellos hacia los republicanos en Miami no es tan fuerte como se piensa. Esto es política y al final a Trump lo único que le interesa son los votos de los congresistas cubano-americanos para impedir un acusación”, agregó el veterano activista.

Mientras, el impacto del Título III y el alcance de las demandas está por verse, lo que sí ha quedado claro por estos días en La Habana es que los socios de Cuba no se quedarán de brazos cruzados ante las nuevas medidas de Estados Unidos, las cuales el gobierno estadounidense ha repetido una y otra vez, que no han concluido.


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