Dos ciudadanos observan los estragos que causó el tornato en un edificio (semisquare-x3)
Dos ciudadanos observan los estragos que causó el tornato en un edificio. (Especial para El Nuevo Día / Benjamín Morales Meléndez)

La Habana, Cuba - “Sentimos como si viniera un avión para encima y de pronto explotara una bomba, qué cosa más terrible”.

Ése es el sonido que José Acebo Covas, de 83 años, tiene vívido en su cabeza, uno que jamás olvidará, pues en sus 40 años viviendo en el reparto Casino Deportivo de La Habana, jamás se había topado con una experiencia como la experimentada entre la noche del domingo y la madrugada del lunes, cuando en medio de una intensa tempestad, un tornado golpeó con toda su fuerza el vecindario.

“Qué iba a pensar yo que era un tornado. Yo nunca había visto una cosa así por aquí. Ni el más fuerte de los huracanes había hecho tanto daño, todavía no puedo creerlo”, sostiene Don José, mientras muestra a El Nuevo Día cómo la fuerza de los vientos destruyó el interior de su casa e, incluso, tiró abajo los muros de ladrillo que levantó en su patio.

La experiencia vivida por cientos de miles de cubanos el domingo en la noche fue espeluznante.

Todo comenzó temprano en el día, cuando las autoridades emitieron un alerta de clima severo, producto de una tempestad formada en el Golfo de México que llegaría en horas de la noche a la parte occidental de Cuba.

El Instituto de Meteorología de Cuba (IMC) emitió un parte de tormentas eléctricas peligrosas rondando la 1:00 de la tarde y pidió a la población estar lista para una situación de peligro extremo.

Los frentes fríos, como los conocen en la isla, son habituales en esta época del año, por lo que los cubanos se prepararon para las cotidianas entradas de mar en las zonas bajas, lluvia y algunos vientos fuertes, y no tomaron tan en serio las alarmas dadas por el gobierno, sin conocer que el fenómeno atmosférico tenía sus propios planes.

Tras un día en calma y hasta soleado, con la llegada de la noche, el mar se picó, el cielo se encapotó y el viento comenzó a silbar.

Rondando las 8:45 de la noche se desató el infierno. Fue la hora más larga que muchos de los residentes de la capital han vivido en su toda su existencia.

Hasta las 9:45 p.m. un intenso tornado que se cree rondó la categoría cuatro golpeó con dureza a varios de los municipios de la periferia capitalina, entre ellos 10 de Octubre, Santos Suárez, Luyanó, Regla, reparto Chivas y Celimar, así como las zonas de Casino Deportivo y La Víbora, dos populosos sectores de clase media.

Los estragos que causó el tornado todavía son medidos por las autoridades, pero las primeras cifras dan tres muertos y sobre 170 heridos, así como caídas de árboles, derrumbes de edificaciones, inundaciones severas, caída de tendido eléctrico, carros aplastados o volteados, daños internos y externos a residencias, entre muchas otras afectaciones a la infraestructura.

El presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel, hizo un recorrido por las zonas afectadas y señaló en su cuenta de Twitter que “los daños son severos, hasta el momento lamentamos la pérdida de tres vidas humanas y se atienden 172 heridos. Varias brigadas trabajando ya en el restablecimiento”.

Ordenó, igualmente, al Consejo de Ministros poner en ejecución un plan de recuperación expedita para los daños, que se dan en el marco de la preparación para el 500 aniversario de la fundación de la ciudad.

Los vientos de la tempestad superaron en ráfaga las 70 millas por hora y vinieron acompañados de fuertes lluvias y tronadas.

Los del tornado fueron todavía más violentos.

Armando Caymares, especialista del IMC, dijo al sitio oficial Cubadebate que el tornado pudo haber alcanzado la categoría de F4, lo cual lo ubica sobre las 200 millas por hora.

“Fue tan fuerte como el de Bejucal en 1940. Creo que es un F4. Entre tres y cuatro, pero más posible cuatro”, señaló el meteorólogo a Cubadebate, medio al que reveló que el IMC sólo cuenta con imágenes y testigos, por lo que será necesario hacer mediciones y observaciones en el terreno para determinar el poder del fenómeno.

Los testimonios de los cubanos expresan el terror que vivieron.

Ángel Pérez tiene 72 años y vive con su esposa y su cuñada, de 84 y 92 años, respectivamente. Los vidrios de las ventanas explotaron y el viento comenzó a sacudir con furia todo lo que había en el interior.

Su cuñada está encamada y logró meterse al cuarto de ella, junto con su esposa, para salvar sus vidas.

“Si me tardo un minutos más, estoy seguro que estaría muerto, me mataba. Todo empezó a volar. Me levantó en peso de la butaca y mevtiró. Los vidrios de las ventanas explotaron, todavía estoy lleno de esquirlas de cristal en la cabeza”, relató el anciano a El Nuevo Día mientras mostraba sus manos ensangrentadas, y sus hijos limpiaban la casa y ordenaban lo que podían.

No lejos de allí, en el municipio 10 de octubre, las cosas no eran diferentes. Carros aplastados por árboles o postes, techos caídos y daños múltiples en casas e infraestructura eran la orden del día.

Como es habitual en Cuba, la mayoría del barrio estaba en la calle limpiando y dando la mano a los vecinos más afectados, pero todos tenían vivo en sus mentes el recuerdo de esa hora infernal.

“Ningún huracán había hecho esto, nunca. Yo pensaba que la casa se me estaba cayendo, que iba a explotar. Duró una eternidad. Dice que fue rápido, pero no. Fueron horas largas, de mucho miedo. Jamás olvidaré ese sonido, como un avión que despega, o peor que eso, que va estrellarse contra tu casa”, relata a El Nuevo Día la residente de 10 de octubre Nancy Rodríguez, al dejar claro que lo que vivió junto con su familia quedará retratado para siempre en su memoria de 85 años.


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