Los puertorriqueños radicados en Florida Central pasaron varios días en vilo ante el posible paso del destructivo ciclón por el estado.

Orlando – A medida que el huracán Dorian se alejaba del litoral floridano, los residentes de la zona central en este estado retomaban hoy su cotidianidad mientras que las autoridades dejaban sin efecto órdenes de desalojo, comenzaban a cerrar refugios y cancelaban los toques de queda.

Las clases en el sistema de escuelas públicas del Condado de Osceola -el octavo más grande en Estados Unidos- se reanudan mañana jueves. Mientras, el Aeropuerto Internacional de Orlando retomó sus operaciones a mediodía de hoy tan pronto el huracán enfilaba lejos de la zona central.

El Condado de Osceola (donde ubica Kissimmee) levantó el toque de queda, mientras que brigadas de diversas empresas eléctricas de Florida y estados aledaños ya trabajaban a todo vapor con reparaciones que buscaban devolver el servicio a más de 10,000 personas en un estado que tiene más de 10 millones de clientes.

Dos personas murieron mientras llevaban a cabo preparativos ante un huracán que mantuvo en vilo por más de una semana a toda la península, dijo el alcalde de Condado de Orange, Jerry Demings. El mandatario no ofreció detalles sobre estas fatalidades.

“Ya podemos respirar”, dijo Demings cuando a eso de la 1:00 pm, el huracán salía del litoral más cercano a este condado y al anunciar que los refugios comenzarían a cerrar en la medida que sus ocupantes pudieran retornar a sus viviendas de forma segura.

El comercio comenzaba a normalizarse. “Hoy abrimos a las 10 am y ya había gente afuera, esperando”, dijo Eduardo Colón, dueño de Melao Bakery en Kissimmee, que es uno de los puntos de encuentro de los puertorriqueños en la Florida Central. 

La vida tiene que continuar y la gente aquí entiende eso”, dijo su esposa, Janira Tores. “Lo que sí noté fue que quienes llegaron a Florida desde Puerto Rico, luego de María, estaban muy ansiosos, preocupados, lo cual es normal considerando el tráuma que vivieron”, agregó la comerciante.

Allí estaban los esposos Edwin Soto y Mirelys Ojeda, naturales de Toa Alta, residentes en Poinciana y que trabajan en la empresa Amazon en Orlando. 

“La compañía nos cedió libre nuestros turnos y con paga para que pudiéramos prepararnos para lo que venía”, dijo Ojeda. “Pero ya pasó, y ya estamos preparados para lo que venga en lo que queda del mes de septiembre, que es el más fuerte”, agregó.

Edwin, por su parte, dijo que dedicó la mañana a sacar de su casa todos los bártulos que había almacenado. “Boricuas al fin, tenemos muchas cosas, plantas, hamacas y muchas cosas. Pero ya las sacamos. Sólo dejamos puestos los paneles por si acaso llega otro”, dijo el hombre.


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