El exjugador de los Vaqueros continúa ligado al básquet como dirigente de una escuela elemental.

The Villages - Sus seis pies con ocho pulgadas de estatura hacen que su presencia en la cancha no pase desapercibida. Pero él no está allí para jugar, como en los viejos tiempos en Puerto Rico, sino para entrenar a un grupo de niños de la escuela elemental charter de The Villages, una comunidad en el Condado de Sumter, conocida por ser un destino para personas retiradas.

Jerome Mincy, uno de los jugadores estelares del Baloncesto Superior Nacional (BSN) y del Equipo Nacional por más de dos décadas y quien cumple 55 años el próximo noviembre, decidió hace cuatro años dejar la isla y mudarse al estado de Florida.

Llevaba tiempo buscando un lugar donde pudiera retirarse y, al mismo tiempo encontrar una buena escuela para su hijo Jerome —que hoy día tiene 14 años. Inicialmente le ofrecieron en empleo como entrenador de baloncesto en Alabama. “Pero hace mucho frío allí y no hay tantos hispanos, algo que buscaba para el beneficio de mi esposa y mi suegra”, contó el exjugador de la Universidad de Alabama a El Nuevo Día.

También surgió una oportunidad laboral en Memphis. “Pero fue allí donde me crié y pasé casi toda mi juventud, y en realidad buscaba un cambio para mi retiro. Quería otro lugar”, explicó.

Un día, su hermano Jordan Mincy, quien es asistente técnico del equipo de baloncesto en la Universidad de Florida con los Gators, le habló de una oportunidad laboral en este estado.

Le contó que en la escuela The Villages —a una hora al noroeste de Orlando— buscaban un entrenador de baloncesto. Si conseguía el empleo, lograría que su hijo saltara una lista de espera de más de un año para entrar a esta escuela, considerada una de las mejores del estado.

Le salió bien la jugada. Le dieron el empleo y se mudó con su familia a esta comunidad. “The Villages es un mundo aparte. Es tan tranquilo que después de las 9 de la noche esto es un pueblo fantasma. Tuve que aprender a irme a dormir temprano”, relató el exjugador de los Vaqueros de Bayamón y de los Leones de Ponce.

Pero este trabajo es uno parcial. Lo ejerce en las tardes tres veces a la semana, por lo que intentó buscar otro empleo en algo relacionado con su preparación en Justicia Criminal, función que ejerció cuando vivió en Puerto Rico y laboró en el Tribunal Supremo.

“Pero los horarios eran irregulares y lo mismo podías trabajar los fines de semana que muy tarde en la noche y quería algo más estable”, dijo Mincy, quien participó en tres Olimpiadas y cinco Mundiales con el seleccionado.

Y consiguió un empleo en la empresa Massey, una de las más grandes empresas fumigadores y de mantenimiento de jardines. Allí vende planes de exterminación, pero también hace funciones de fumigador en un estado donde la misión de deshacerse de plagas y sabandijas puede hacer la diferencia entre la infelicidad y la paz comunitaria. “Ya voy para cuatro años ahí y me gusta”, manifestó el excanastero.

Antes de eso, ocupó un puesto de supervisión para la cadena de comida rápida Chick-Fil-A aprovechando la experiencia que tuvo en el mundo de los negocios, luego de haber manejado en Puerto Rico el establecimiento “Two J’s Café”, junto a su amigo y excanastero, James Carter.

Desde la lejanía, observa de vez en cuando por televisión los juegos del BSN. “Algunos canales de Puerto Rico los puedo ver acá y a veces puedo ver a mi equipo los Vaqueros de Bayamón... también a Arecibo y al Equipo Nacional que no anda muy bien”, indicó.


Mincy se desplegaba en la cancha en una de las mejores épocas del Equipo Nacional, cuando compartió la cancha con figuras como José “Piculín” Ortiz, “Fico” López, Ramón Rivas y Mario “Quijote” Morales. Fue parte de la escuadra que alcanzó el cuarto lugar en el Mundial de Argentina 1990.

Pero las cosas han cambiado. La Selección Nacional no luce en su mejor momento. De hecho, no clasifica para unas Olimpiadas desde el 2004 ni ha avanzado a una segunda ronda en los últimos tres Mundiales.

Cambios en el BSN

“El baloncesto hoy día se hace distinto. Está muy comercializado. En mi época, se jugaba más táctico, era un poco más organizado y se jugaba más en equipo. Hoy día hay mucho protagonismo y hay jugadores estrellas que son a los únicos que le pasan el balón. Claro, hoy día hay más jugadores grandes, de 6”7’, que de esos no había tantos en mis tiempos”, dijo Mincy, quien jugó su última temporada con Ponce en 2003.

“Mira, antes la taquilla a un juego costaba $3 o $5 y los equipos tenían muchos fanáticos y ellos conocían a los jugadores. Ahora es caro ir a ver un juego y todo es un gran show. La gente no siempre conoce a sus jugadores, pues ahora a cada rato cambian de equipo. En nuestra época no había eso de la agencia libre. Yo jugué 20 años (21 temporadas) para Bayamón. No había tantos cambios. Además, los apoderados de los equipos son más comerciantes que personas que aman el deporte como tal”, opinó el exdelantero, quien totalizó 7,464 puntos en 451 partidos para un promedio de 16.5 por juego.

Mincy también reconoció que la reglamentación establecida por la NCAA en 2002 para impedirle a los jugadores colegiales participar simultáneamente en el BSN afectó la calidad de la competencia. “Eso afecta la calidad de los equipos, pues no puedes tenerlos en la isla”.

Feliz por Piculín

Mincy, a su vez, celebró la exaltación de su amigo Piculín Ortiz,quien fue su compañero por casi dos décadas en la escuadra nacional, al Salón de la Fama de la Federación Internacional de Baloncesto (FIBA).

“Hace mucho tiempo que debieron haberlo hecho. Piculín dedicó su vida al deporte en Puerto Rico y con lo buen jugador que fue, ayudó a mejorar la calidad del baloncesto en una época cuando Estados Unidos enviaba (a los torneos) a jugadores colegiales. Y como se quejaban de que nosotros éramos profesionales, pues entonces empezaron a cambiar las reglas y a mandar a jugadores profesionales (de la NBA a partir de 1992)”.

Contó que llamó a Piculín para felicitarlo. “Me alegré mucho, sobre todo luego de los momentos difíciles que tuvo (tras ser arrestado en 2011 por posesión de drogas). Porque cuando uno está arriba todos te quieren, pero cuando te pasa algo malo, muchos se olvidan excepto tus amigos, y él ha sido mi amigo por más de 20 años. Pero ahora él está bien. Tiene su pizzería en La Parguera y le va muy bien”, narró.

Mentor de los chiquitines

Mincy regresó a la cancha. Sus jugadores son niños de escuela elemental. Se desplazó lentamente y se colocó bajo el canasto. Desde allí gritó frases. Algunas fueron instrucciones, pero las más que abundaron fueron expresiones de aliento para los jovencitos que aprendían este deporte: “!Good job!, ¡Excellent job!”.

“Esto es algo que me apasiona. Tener la oportunidad de pasar mis conocimientos a los niños. Me emociona al verlos progresar. Ha sido una experiencia bien buena”, concluyó Mincy.


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