Limaris Sánchez creó el lugar después que una de sus hijas sufriera una crisis de salud.

Orlando - Limaris Sánchez no lo pensó dos veces cuando decidió dejar a un lado su exitosa carrera como profesora universitaria en al Recinto de Bayamón de la Universidad Interamericana para cuidar a su segunda hija. Ilse fue un regalo especial caído del cielo en el 2001, que requería cuidados especiales y todo el tiempo de mundo.

En el proceso para buscar terapias que pudieran ayudar a mitigar la epilepsia y atenuar los retos de la perlesía cerebral de la pequeña, la educadora encontró que las terapias con animales eran una opción con efectos positivos documentados.

Pero el día que Limaris tenía las maletas listas para partir a México en donde Ilse recibiría terapias con delfines, uno de los médicos de la niña le lanzó una frase que le cambió la vida. “El médico me dijo que no me fuera, que mejor me consiguiera un perro”, contó.

La idea le retumbó en la cabeza. Entonces, canceló el viaje, consiguió un perro al otro día, y empezó a investigar sobre las terapias con canes.

“Pero en Puerto Rico la medicina y las oportunidades terapéuticas son lentas, y decidí mudarme a Estados Unidos. Llegué a Florida Central en el 2006 y empecé a compartir con organizaciones sin fines de lucro dedicadas a trabajar con perros de servicio”, contó.

El perro aprendió a detectar cuando Ilse se sentía mal y hasta podía identificar si un ataque epiléptico estaba cuajándose. “Cuando se Ilse se ponía malita, ladraba y ladraba sin dejar a la niña sola y seguía ladrando hasta que alguien llegaba”, contó.

Ilse fue mejorando. Sus ataques se atenuaron. Limaris no solo celebró los frutos sanadores de tener un can como parte de la familia, sino que se le ocurrió la idea de abrir una escuela para adiestrar a personas interesadas en entrenar canes o en ofrecer servicios de peluquería para perros.

“En Florida no había lugares con educación formal”, dijo.                                                                                                                                             

Su hija mayor -Adamaris- se animó también y se fue a estudiar en una escuela especializada en Ohio. Esto le daría formalidad a la idea que luego se transformó en lo que hoy se llama Dog Grooming Academy.

Abrió sus puertas en un lugar en Kissimmee, pero comenzó a llegar tanta gente interesada en estudiar este oficio que el lugar se quedó pequeño. Entonces se mudó en marzo pasado a un lugar más grande en el 523 South Chicasaw Trail en Orlando.

La academia logró obtener la licencia del Departamento de Educación de Florida, así como del Departamento de la Familia y de Rehabilitación Vocacional. De esta forma, quienes interesen entrar a esta industria, podrán estudiar y al final obtendrán un diploma formal.

“La demografía ha ido cambiando. Mucha gente prefiere tener perros en lugar de hijos, aparte de que en Estados Unidos el tener una mascota se ha convertido en un asunto serio, tanto que hay leyes que garantizan su bienestar, ya se permiten en ciertos parques de diversiones, centros comerciales y restaurantes. Y todo esto ha generado una industria que genera miles de millones de dólares”, dijo.

Un estudio de la Asociación de Productos para Mascotas (APPA, por sus siglas en inglés) proyecta que cuando el 2019 termine, los norteamericanos habrán gastado $75,380 millones en productos para sus mascotas. En el 2010, esa cifra fue de $48,350 millones, cambio que ilustra el gran salto en esta industria.

Así, Limaris convirtió un momento de prueba familiar en una oportunidad empresarial. Hoy cosecha los frutos junto a su hija Adamaris, y claro, con quien inspiró toda esta aventura: Ilse, quien ahora tiene 18 años y es parte de la plantilla de esta empresa familiar. Ilse asiste en las tareas de peluquería y en los talleres de entrenamiento y se encamina a convertirse en una experta en la materia.

“Mami cambió a los humanos del salón de clases por los perros”, dijo Adamaris, quien junto a Limaris es una de las instructoras principales en esta academia.

Adamari se vira y suelta un comando a los perros que están en el salón. “Sit”. ‘Stay”, y los canes responden con tal obediencia que serían la envidia de cualquier padre que cría niños. “Go and lay down”, y los perros se alejan y se acuestan en un lado del salón.

“Fue difícil mudarnos de Puerto Rico para acá, dejarlo todo para comenzar de nuevo. Pero nos va bien. Somos tres mujeres. Tres puertorriqueñas. Tres empresarias”, dijo Limaris.


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