

22 de agosto de 2025 - 8:00 AM


Washington D.C. - Como parte del cese de decenas de miles de empleados federales, la boricua-dominicana Débora Menieur Núñez vivió una montaña rusa de despidos y restituciones en su puesto en el Departamento de Educación de Estados Unidos, hasta ser cesada en una tercera y final ocasión.
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Menieur Núñez, natural de Camuy, cayó inicialmente en el primer grupo de despidos implantados de forma caótica por la comisión Departamento de Eficiencia Gubernamental (DOGE, en inglés) que lideró Elon Musk, en ese momento asesor especial del presidente Donald Trump.
De padre dominicano y madre puertorriqueña, Menieur Núñez trabajó en la oficina de Prensa, Relaciones Públicas y Servicio al Cliente de Educación federal. Tuvo a su cargo las comunicaciones sobre el proyecto de descentralización del Departamento de Educación de Puerto Rico, que fue frenado por la gobernadora Jenniffer González.
La primera notificación de despido –sobre la cual El Nuevo Día informó en marzo– tuvo lugar el 12 de febrero, cuando la administración Trump cesanteó a miles de empleados en probatoria.
En su carta de despido original, le notificaron que tenía la responsabilidad de demostrar que su puesto de trabajo era necesario, pese a que tenía “dos evaluaciones de desempeño que habían sido ‘excepcionales’”.
Un juez, sin embargo, la restituyó en su puesto un mes después, el 14 de marzo, aunque no le notificaron hasta el día 20 de ese mes.
Pero, al otro día de ser restituida, la jefatura de Educación federal le informó, el 10 de abril, que sería despedida, por segunda vez, efectivo el 10 de junio, como parte del proceso de reducción de la fuerza laboral (RIF, en inglés), que puso en marcha la comisión DOGE.
No obstante, en momentos en que el caso judicial en que se impugnaron los despidos fue acogido por el Tribunal Supremo de Estados Unidos, el gobierno le informó, el 23 de mayo, que había sido reinstalada en su puesto.
Nunca, sin embargo, volvió a sus funciones, pues Educación federal la colocó en licencia con sueldo.
Pero, cuando el caso llegó al Supremo estadounidense, la dirección de Educación federal comenzó a enviar mensajes que buscaban encuestar si pensaba regresar a su trabajo, informes que presentaban ante el máximo foro judicial.
El veredicto final tuvo lugar tras la decisión del 14 de julio del Supremo estadounidense, que autorizó al gobierno de Trump reducir a casi la mitad el total de empleados de Educación federal.
A base de esa decisión judicial, volvió a ser despedida, esta vez de forma final, efectivo el 1 de agosto, aunque no fue hasta el pasado día 14 que se le notificó.
Durante los seis meses que duró su odisea, nunca volvió a la oficina. La licencia con sueldo significó dejar de recibir la aportación patronal a los planes médico y de retiro. Al cumplir un año en el puesto, sin embargo, hasta le dieron el aumento salarial correspondiente.
El personal de su oficina fue reducido significativamente. “Te envían un e-mail de que la separación del puesto fue procesada. Enviaron documentos oficiales del cambio de estatus de mi trabajo”, indicó.
Para Menieur Núñez –quien dedicó los pasados meses a sus estudios de maestría en Política Pública y Análisis Educativo en la Universidad de Harvard–, ha sido un proceso frustrante.
“Muchas personas que habían dedicado su vida al servicio público fueron impactadas. Yo me veía retirándome del Departamento de Educación federal, como compañeros que habían estado 45 años en su puesto. Era un buen ambiente laboral. Te sentías apoyada. Era un trabajo complicado, pero me gustaba. Era un equipo extraordinario”, anotó.
Entre renuncias voluntarias y jubilaciones, los trabajadores de Educación federal iban a quedar en unos 2,100, tras los despidos y renuncias de más de 1,900.
El pasado secretario de Educación, el puertorriqueño Miguel Cardona, ha advertido que la dramática reducción en el personal afectará adversamente la distribución de fondos clave para estudiantes desfavorecidos, como los de Título 1, con discapacidad y beneficiarios de las becas Pell.
Menieur Núñez afirmó que la oportunidad de trabajar en Educación federal con los temas de Puerto Rico ha sido “uno de los grandes honores de mi vida”.
Prevé continuar en el campo educativo. “Mi pasión siempre ha sido equipar a la gente con el conocimiento que les permita construir la carrera que ellos quieren. Esa ha sido mi gasolina, y seguirá siendo mi gasolina”, dijo la comunicadora y educadora.
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