El destacado abogado criminalista habla sobre el Proyecto Inocencia, el caso que marcó su vida y los temas que le indignan en la Isla

En su más de 25 años de trayectoria legal, el abogado Julio Fontanet no ha vacilado en levantar su voz para repudiar la injusticia y, más aun, combatirla.

De hecho, su más reciente tarea, Proyecto Inocencia, así lo atestigua. Pero por estos días, contó, no solo le indigna que haya gente inocente en la cárcel y fiscales que se presten para encauzarlos, sino que igualmente le indignan “las actitudes y la arrogancia” del presidente de la Junta de Supervisión Fiscal, José Carrión III.  

Fontanet dijo a "Cuéntame" que la forma en que se maneja ese cuerpo a cargo de las finanzas del país es, junto a la injusticia, uno de las varias cosas que le resultan intolerables.  

¿Qué le es intolerable?, se le cuestionó.  

“La injusticia que, a mi juicio, se manifiesta mucho en los abusos. Uno lo ve del Estado hacia las personas. Veo  ahora, con la crisis económica… me indigna la Junta y sus actitudes hacia el pueblo de Puerto Rico. Creo que las actitudes y la arrogancia de Carrión III es inaceptable y eso me molesta mucho. Gente que no ha sido electa, que utiliza su poder para adelantar su agenda personal, sus intereses personales a costa de todos nosotros. Me molesta”, recalcó el expresidente del Colegio de Abogados y actual decano de la Facultad de Derecho de la Universidad Interamericana de Puerto Rico.

“Igual que toda esta legislación que pretende quitar derechos a las personas, que minimizan las posibilidades de una condena errónea. Son esas injusticias, esos abusos de poderes lo más que me indignan”, agregó.

De la misma forma y atado a su labor como director del Proyecto Inocencia, dedicado a la excarcelación de personas inocentes, Fontanet dijo que no logra entender cómo hay fiscales que, en su “insensibilidad”, se presten para llevar a prisión a gente que no es culpable de un delito. “La insensibilidad de los fiscales, y son fiscales a quien yo les tengo aprecio personal, pero a veces me parece que ellos no entienden lo que está detrás de todo esto”, afirmó.

Contó que Proyecto Inocencia recibe a la semana más de 100 cartas de gente interesada en que atiendan su caso. Fontanet -junto a un equipo de abogados y estudiantes de Derecho- selecciona cuidadosamente los beneficiarios de esta iniciativa que nació en el 2012 y está atado a la Ley de Análisis de ADN Post Sentencia (Ley 246).

“Yo pensaría que ese mismo proceso de depuración que yo hago -de ver este caso sí, este caso no- lo deberían hacer los fiscales que trabajan estos casos y decir ‘oye yo no voy a oponerme porque sí a todos los casos”, aseveró. 

“Hay casos donde la prueba es tan abrumadora, donde el manejo del caso -a nivel del juicio- fue tan atropellado, tan abusivo y lleno de alegaciones de ilegalidad que uno pensaría que los fiscales estarían más receptivos a tratar de hacerle justicia a estas personas 20, 30 años después.  A mí como abogado me frustra que un miembro de la abogacía sea capaz de hacer una ilegalidad, que sea capaz de fabricar un caso, que sea capaz de inducir a un testigo a que mienta bajo juramento. Eso para mí es inconcebible”, sentenció.  

Esa realidad lleva a Fontanet a pensar que el país, mide más a sus fiscales por el número de condenas conseguidas que por su fibra ética y moral para ejercer  la abogacía.

Por eso, dijo el veterano abogado, Proyecto Inocencia le causa tanto disfrute. Le permite experimentar lo mismo que vivió a sus 23 años cuando comenzó a laborar como abogado en la Sociedad para Asistencia Legal en San Juan. Aún recuerda -con todo detalle- el caso que marcó su vida y que probó sin duda el síndrome de la mujer maltratada, espina dorsal de la Ley 154 contra la Violencia Doméstica. Fue el caso de una mujer abusada por años por su esposo que optó por asesinarlo mientras dormía.

“Yo planteé que eso era una legítima defensa porque el Estado fue tan indolente, tan poco efectivo que la señora tuvo que tomar la justicia en sus manos. Ver que eso (la violencia doméstica) era algo tan común en el país, me llamó la atención. Pero, sobre todo, ver la pobre reacción del Estado, me impactó”, comentó.

“Fueron años de mucho crecimiento personal y emocional y que marcaron mi vida profesional. Proyecto Inocencia me recordó cómo era mi vida en aquel tiempo. Esa ansiedad. Esa preocupación constante por el caso, por el cliente. Era una cosa que era abrumadora inclusive yo -a veces- estaba en una fiesta y me decía ‘no debería estar yo trabajando en el caso?’”, contó.  

Los casos de Proyecto Inocencia, los más relevantes el de los llamados Inocentes de Aguada y los convictos por la Masacre de Trujillo Alto, le hacen pensar “todo el tiempo” en sus clientes. Pero a la vez Proyecto Inocencia le genera una satisfacción casi indescriptible.

“Uno siente una gran satisfacción profesional en el sentido de que uno dice ‘valió la pena el esfuerzo’.  Siento que hasta estudiar Derecho valió la pena porque esto solo (excarcelar un inocente) justifica todo el esfuerzo de dedicar una vida a la abogacía. También -en términos personales- uno se siente bien con uno mismo. Sentir que uno ha hecho una cosa de tanto valor para esa familia, para el país, para el sistema de justicia penal… te da una gran satisfacción personal y, por otro, uno miembro de una sociedad, pues yo estoy haciendo mi rol como miembro de esta sociedad”, destacó.

“Sí ha afectado mi agenda de futuro. Uno siempre está pensando en proyectos futuros… yo pienso que ya este me ha marcado. Yo hasta que me muera voy a estar en Proyecto Inocencia”, concluyó.


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