Los actores China Zorrilla y Manuel Alexandre en
Los actores China Zorrilla y Manuel Alexandre en "Elsa y Fred".

Cuestionar el modo de pensar de sí mismo y de los demás es el motor que mueve la imaginación del director de cine argentino Marcos Carnevale. A través de sus películas, entre las que se encuentra “Elsa y Fred”, desea que el espectador encuentre nuevos ángulos de observar lo que acontece a su alrededor. Piensa que somos muy rápidos al juzgar y mirarnos en el espejo de sus personajes puede ser una forma de entendernos mejor.

No es que quiera sermonear. Carnevale simplemente no sabe hacer otro tipo de cine. Por eso sus personajes suelen representar a la gente que en la vida real está excluida o forma parte de la minoría. Ancianos, gente con limitaciones físicas o mentales son algunos de los protagonistas de sus filmes. ¿Es justo o preciso lo que pensamos de ellos o juzgamos y ya está?; es una pregunta latente en las historias de Carnevale.

Sobre este modo de hacer su arte, el director conversará durante la charla magistral “El arte de contar una buena historia”, que será el 11 de septiembre a las 7:00 p.m. en el Museo de Arte de Puerto Rico.

La actividad, auspiciada por Wiesner Distribution, incluye un cóctel, la conversación y la proyección de “Elsa y Fred”.

Esta es la primera vez que el director visita la isla, una cuenta pendiente en su agenda desde que en 2008 su película sobre una pareja de ancianos que se enamora se convirtió en un suceso sin comparación en Puerto Rico, al estar en cartelera en una sala de cine durante un año y medio. En ese período, al menos 120,000 personas la vieron, de acuerdo con declaraciones que en aquel momento hizo a Prensa Asociada Carlos Madera, asistente de mercadeo de Caribbean Cinemas, empresa encargada del cine Fine Arts Café, donde se presentó el filme.

En una entrevista telefónica, Carnevale compartió algunas claves de su proceso creativo, su amor por el cine y sus planes futuros.

Marcos Carnevale

¿Qué cosas se pueden enseñar sobre contar historias y qué cosas vienen ya con nosotros?

— Hay que diferenciar muy bien lo que es la vocación -que es eso que uno siente que, si no lo hace, no podría hacer otra cosa – y lo que es el talento, que es la capacidad que uno tiene para hacer eso. Yo nací con eso y también con una mirada sobre lo humano. Desde muy pequeño me pasaba mirando a los seres humanos en sus actitudes, sus comportamientos, sus historias. Fui un captador de historias. Siempre me he sentado con la gente, incluso mucho mayor que yo, que me contaba historias y después yo las recreaba y las ficcionaba y volvía a hacer una historia primero verbal y luego -desde muy pequeño- en el cine, filmando en Super 8. Yo creo que los directores somos contadores de historias y hay que tener esa mirada sobre la vida, sobre los demás, para ver dónde están las historias. Lo mismo los escritores y los músicos.

¿Cuándo se dio cuenta de que podía asumir ese riesgo de contar historias para el disfrute de miles de personas?

— Yo nací en una población muy pequeña. Una provincia en Argentina que se llama Córdoba. Desde que tengo memoria quería hacer cine. No me preguntes por qué. Es el único dato concreto que tengo porque en mi pueblo no había ningún referente artístico de ningún tipo. Mi familia son todos dentistas, odontólogos, gente de ciencia, y de pronto yo nací con esta vocación de querer hacer cine. Y vivía en el cine del pueblo, como el niño de Cinema Paradiso. Después, cayó en mis manos una cámara de Super 8 y empecé a filmar, a producir, a escribir y actuar. Era innato totalmente lo que traía. En la medida que pasaba el tiempo y todos se iban preocupando -porque no se me pasaba y no iba a ser odontólogo- mi padre me vio tan seguro de lo que quería hacer que me apoyó totalmente. Me vine a Buenos Aires, estudié periodismo y publicidad, porque era muy difícil hacer cine. Después de unos años hipotequé mi casa y con ese dinero hice mi primera película que fue un fracaso total, pero me abrió todas las puertas y me dio la seguridad de que podía hacer cine.

¿Ese es el mayor riesgo que ha asumido para hacer una película o ha habido otros de carácter artístico o personal?

— El mayor riesgo, sí. Hipotequé varias veces mi casa. Fue un riesgo más que nada económico, pero no me importaba porque iba detrás de lo que quería y sabía que si no hacía eso nunca iba a ser feliz. Después he tenido riesgos afectivos, si quieres, de pareja; porque al principio asusta tener a un aventurero tan peligroso al lado. Pero hace rato que no asusto a nadie porque me está yendo bastante bien. Puedo vivir de esto.

Al momento de armar historias, hay algo que venga primero a su mente, ¿un personaje, una historia, una línea?

— Siempre es distinto. A veces veo una persona y me inspira esa persona. Una historia de vida de alguien o un tema. Por ejemplo, en “Elsa y Fred” el tema era no perder el tiempo, vivir en el tiempo presente y no postergar los sueños. Siempre tengo inquietudes de corte filosófico, existencialista, y trato de plasmarlas en las películas para que se conviertan en un espejo. Para que el expectador se vea reflejado, haga empatía con lo que estoy contando y le sirva . Para mí el cine tiene que aportar algo más que entretenimiento, poner a pensar en algo al espectador.

En general, filmo personajes diferentes, que están marginados, que presentan una faceta distinta a lo que se vive en general. En “Corazón de León”, el personaje era un hombre más bajo (que la mujer de quien se enamoró). Lo que estoy mostrando ahí es cómo estamos programados culturalmente para que unas cosas sean de una manera y no de otra. Es una mirada ridícula porque, ¿quién dijo que los hombres tienen que ser más altos que las mujeres? Algún estúpido en la historia de la humanidad lo dijo; son cosas que ocurren. He tenido personajes con síndrome Down, bipolares, parapléjicos, qué sé yo. Siempre estoy buscando lo diferente porque creo que en lo diferente es donde tenemos mal puesta la mirada los que no nos creemos diferentes.

Usted habla mucho de esa intención que hay en sus películas de invitar a la audiencia a repensar su manera ver las cosas. ¿Tiene alguna manera de describir como mira usted a la vida, a la gente, a las cosas que nos pasan?

— Me considero humanista. Con el tiempo fui aprendiendo que no tenía que emitir juicio sobre nada de lo que vivieran los demás. Es muy difícil vivir. Cada uno nace en la circunstancia que le toca. Entonces, cada uno hace lo que mejor puede. A veces se equivoca, a veces toma caminos cerrados y demás. Pero es la historia individual de cada persona. Entonces, creo que eso es muy respetable y no hay que juzgar, porque sino uno siempre está exigiéndole al otro que cambie, que sea como a uno le conviene. Eso uno lo hace con la pareja, con los hijos, y no está bien. Aprendí con el tiempo a querer a la humanidad así, en su imperfección. Y después, bueno si empatizo o no empatizo con esa persona, está bien. No exijo que cambie para poder empatizar. Sino empatizo, no hay vínculo. Antes era más criticón, exigía más al otro. Hoy ya no. Trato de plasmarlo y aprender de mí mismo porque esa mirada la ponía en las películas pero yo no era del todo así.

Se quita uno un peso muy grande al mirar las cosas así.

— Sí. Es muy difícil, pero es una manera más liviana de vivir. De tener menos conflictos y de vivir con un peso menos encima.

“Elsa y Fred” hipnotizó a los puertorriqueños logrando estar por un año y medio en cartelera. ¿Qué impresión tiene de esto que ocurrió aquí con su película? ¿Pasó en otras partes del mundo?

—Este fenómeno no ocurrió tanto como en Puerto Rico, que estuvo año y medio en cartel. Me fui enterando por la distribuidora, por Cynthia Wiesner, que me iba contando y no podía creer lo que estaba pasando. En Suiza estuvo seis meses. Fue ocurriendo en distintos lugares que la peli se volvió muy hipnótica. Me trajo muchos premios a nivel humano. De pronto gente de cualquier lugar del mundo me escribía y me decía: por ver esta peli me di cuenta de que hace 20 años me tenía que separar y me separé. Gente que había postergado viajes, los hizo. Es que la película despierta el sentido de la muerte. Te dice: entérate de que te vas a morir un día. Entonces, no pierdas el tiempo y la gente empezó a sentirse como más libre.

Puerto Rico me lo debo hace mucho tiempo. Me habían invitado, pero no había podido por la agenda.

¿Conoce algo del cine que se realiza en Puerto Rico?

—Sé que hacen un esfuerzo bastante parecido al nuestro. Pero se logra y eso está bueno. Tengo muchísimas ganas de filmar allí.

¿Y qué quiere filmar ahora?

—En noviembre comienzo a filmar una película sobre una mujer que por decisión no quiere ser madre y se va en contra de toda la inercia cultural que impacta a todo el mundo porque ¿qué mujer no quiere ser madre? Es una imposición de la cultura de que todos tenemos que tener hijos. Pero solo deberían tener hijos los que están capacitados porque es un nivel de responsabilidad muy alto y hay padres que quizás no debieron haber tenido hijos. Es enorme la responsabilidad. Crees que vas a tener bebé y no vas a tener bebé, vas a tener a una persona.


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