

20 de julio de 2017 - 10:00 AM


El estreno de “The Beguiled”, versión nueva del filme de 1971 del mismo título, dirigida por Sofia Coppola (“The Bling Ring”, “Lost in Translation”) que comienza a exhibirse hoy en Puerto Rico, funciona como una antítesis cinematográfica de los logros de “Wonder Woman”.
Si la producción más reciente de Warner Brothers y DC abre espacio para el talento femenino detrás de la cámara y lanza a su protagonista a contextos artísticos nuevos, el filme de Coppola amarra a un grupo de personajes femeninos infinitamente interesantes a la existencia de un personaje masculino que jamás trasciende el ser un estereotipo conveniente para la trama.
La dinámica entre unas mujeres sureñas que han sido marginadas por los estragos de la guerra civil, interpretadas por Nicole Kidman, Kristen Dunst y Elle Fanning, y el soldado yanqui que interrumpe su rutina, es algo que hemos visto anteriormente y no solo porque esta sea la segunda adaptación de la novela homónima de Thomas Cullinan.
La trama del filme está atada directamente a su contexto histórico, pero esta no es la primera historia donde un grupo de mujeres sacan las garras y se traicionan cuando son seducidas por el mismo hombre.
Los familiarizados con la filmografía de Sofia Coppola podrán reconocer sus dotes particulares como cineasta en la primera sección del filme.
Su habilidad para capturar los detalles que definen a sus personajes con sutileza y sin tener que recurrir a psicología barata.
En esta película, cada una de las actrices principales tiene uno de esos momentos, donde su humanidad se desborda de una forma genuina e inesperada. Y es precisamente por eso que la traición que más irrita en esta producción no es la de los personajes, sino la de Coppola, que como guionista margina por completo el potencial de todos los personajes femeninos.
La gran interrogante de esta historia es qué exactamente va a pasar una vez la mujeres de una escuela en Virginia deciden curar al cabo McBurney (Colin Farrell), un soldado del lado contrario que resultó herido cuando decidió huir de una batalla particularmente sangrienta.
La realidad es que no hay ningún inconveniente con que este sea el conflicto central. El problema es que la guionista no permite que el público pueda ver quiénes son estas mujeres antes de que este hombre llegue a sus vidas y, peor aún, tampoco nos permite ver cuáles son las consecuencias para ellas una vez el conflicto tiene su resolución.
Como escritora, Sofia Coppola parece estar convencida de que estas mujeres solo existen para ser seducidas, traicionadas, amenazadas o consoladas por el único personaje masculino de esta historia.
La posibilidad de que esto sea una crítica social rebuscada que no registra del todo se puede descartar una vez el final abrupto y anticlimático del filme se manifiesta.
A pesar de que como directora Coppola crea el espacio para que Kidman, Dunst y Fanning lleguen a lugares interesantes como intérpretes, no quita que el único personaje que tiene la oportunidad de explorar y expresarse ante los eventos violentos del filme es el de Farrell.
La vibra del filme es tan fluida y la puesta en escena tan elegante que la posibilidad de ofenderse es bloqueada a un nivel sensorial.
Desafortunadamente, para Coppola su talento tras la cámara no pude ocultar el precipicio intelectual que ha creado para estos personajes como guionista. El abismo entre su estética como directora y su trabajo guionista en este filme está destinado a dejar al público confundido e insatisfecho.
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