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Este es un espacio fundado para generar un gran centro cultural en el que pudieran coexistir diferentes colectivos de artistas. (Luis Alcalá del Olmo)

Al final de la calle San Sebastián, frente a la Plaza de la Beneficencia en el Viejo San Juan, se asoma la esperanza. 

En una antigua estructura colonial, que tiempo atrás albergó las oficinas de arqueología del Instituto de Cultura Puertorriqueña (ICP), se encuentra El Bastión, nuevo centro cultural que abre sus puertas hoy, viernes, a las 7:00 p.m., y que sirve de ejemplo de lo que se puede crear con los espacios en desuso que pertenecen al gobierno. 

Este proyecto es una iniciativa de la Asociación ACirc, encargada de generar proyectos como el festival Circo Fest, que hace cuatro años se puso como meta conseguir un espacio para generar un gran centro cultural en el que pudieran coexistir diferentes colectivos de artistas. La idea era buscar un espacio en desuso, ya fuera un edificio de gobierno, una escuela o un edificio privado, y darle nueva vida con un proyecto de emprendimiento cultural que aportara a la comunidad. 

Los artistas Maite Rivera Carbonell, Maximiliano Rivas y José Carreño, miembros de ACirc, estuvieron durante varios años tocando las puertas de diversas instituciones gubernamentales y escribiendo propuestas con la meta de lograr este centro. Fueron muchas reuniones y promesas, pero al final nada ocurría. 

Hasta que el año pasado, el entonces director del Instituto de Cultura Puertorriqueña (ICP), Jorge Irizarry les mostró un espacio ubicado en las instalaciones de Casa Blanca que lo había ofrecido a otros grupos, pero debido al avanzado estado de deterioro, nadie lo había querido. 

Maximiliano Rivas recuerda que la primera vez que entró al espacio casi no podía respirar debido a la alta concentración de hongos que había en el lugar, el cual estuvo cerrado durante ocho años. El edificio contaba con diversas oficinas dividas con paredes falsas, una unidad de aire inservible, plafones en el techo, no contaba con agua y tenía múltiples problemas. En conclusión, era un desastre.  

Pero artista al fin, Maximiliano vio la posibilidad. Conversó con el resto de los integrantes de ACirc y poco tiempo después firmaban, a nombre de la entidad, un contrato de arrendamiento por cinco años con posibilidad de renovación. Los acuerdos quedaron establecidos: Pagarían $75 mensuales de renta, cubrirían los gastos de seguros y debían cumplir con las normativas de la oficina de patrimonio histórico para trabajar con el edificio. 

En solo ocho meses este colectivo, junto a otros 13 colaboradores a quienes han invitado a formar parte del proyecto, han hecho lo que parecía imposible: Darle una nueva vida a este hermoso edificio en desuso para fines culturales y comunitarios.

 Para lograr que el lugar se viera abierto, amplio, tumbaron las paredes falsas y sacaron los plafones del techo. También pintaron, arreglaron abanicos, reusaron materiales que había en el lugar    y hasta crearon su propia cisterna para tener agua en los baños.  Se habilitó el área principal del edificio para crear una escuela de circo estable y para generar un aula de danza con tarima flotante. 

“Recuperar los espacios en desuso es algo que se tiene que fomentar más”, dice Maximiliano. 

“Lo que buscamos con este tipo de iniciativa es contagiar a más artistas a generar sus propios proyectos y desarrollarlos”, agrega con entusiasmo. 

 Natural de Argentina, Maximiliano vivió en diversos países de América y Europa, donde laboró en proyectos como este que parten de la autogestión. 

 Sus colegas de ACirc, el chileno José Carreño y la puertorriqueña Maite Rivas Carbonell, también conocían y habían participado de iniciativas similares en otros países, por lo que aseguran que esta es la alternativa ante la crisis económica que arropa al país y que ha dejado desprovista de fondos a múltiples entidades culturales.

“Para nosotros El Bastión debe servir de referente para que, en época de crisis, como la que vivimos, estimule a que esto empiece a suceder como algo más normal”, continúa Maximiliano. 

Es por eso que invita a artistas y grupos del país a identificar espacios en desuso y desarrollar propuestas para gestar proyectos que nutran no solo a los artistas, sino también a la comunidad.

En el caso de El Bastión estarán trabajando activamente con las comunidades del Viejo San Juan, La Perla y Puerta de Tierra, ofreciendo talleres, charlas, conciertos, obras, presentaciones circenses, performance, entre otras actividades que realizarán, por lo menos, una vez al mes.  

 El proyecto contará con residencias artísticas y con un programa de becas que funcionará a manera de trueque. Es decir, cada persona que sea aceptada al programa para tomar talleres gratuitos, tendrá que aportar con horas de trabajo en El Bastión.

En el lugar, además, habrá un pequeño café biblioteca con internet que estará abierto para el disfrute de los visitantes y que servirá como espacio de descanso e interacción.

“Nosotros nos dimos cuenta desde el primer año que hicimos Circo Fest que teníamos la capacidad de generar un emprendimiento que creara trabajo para artistas y que tuviera un desarrollo económico. Y hemos visto que proyectos como estos, sí funcionan”, asegura José Carreño.

Maite Rivas Carbonell suma que es tiempo de salir del estigma de que para hacer arte y cultura hay que mendigar y que proyectos como este lo demuestran. 

 “Esto realmente es una empresa cultural. Nosotros desarrollamos nuestro arte y como consecuencia de lo que hacemos generamos dinero. No estamos pensando en el dinero para hacer arte, sino que es al revés. Nos enfocamos en lo que sabemos hacer para recibir esa recompensa económica”, expone toda vez que destaca que este centro no cuenta con ninguna subvención económica y que lo que se ha logrado ha sido gracias al trabajo de artista y colaboradores. 

Al ser un centro cultural a cargo de una entidad sin fines de lucro, toda presentación que se lleve a cabo en El Bastión funcionará a base de donativos. Lo que se reciba, tanto de esas actividades, como de los talleres, se dividirá entre los artistas y un por ciento fijo siempre irá para el espacio para asegurar la continuidad y desarrollo del proyecto.

 “Todo lo que hacemos aquí lo vamos a intentar mantener con la modalidad que hemos hecho con el Circo Fest, que es educar a la gente a que el sombrero no es una limosna, sino que es la posibilidad de abrirle la puerta a todo el mundo”, expone Maximiliano.

Fiesta de apertura

Aunque la rehabilitación de El Bastión continúa, los encargados del proyecto decidieron que era hora de abrir las puertas para que el público y los artistas formen parte del proceso. 

Por tal razón, el espacio abrirá hoy, viernes, a las 7:00 p.m., con una gran fiesta cultural, en la que habrá performance de circo, danza a cargo del colectivo La Trinchera, teatro, proyección audiovisual y una exhibición con obras de artistas como Rafi Trelles, Nick Quijano, María Antonia Ordóñez y Edgardo Rodríguez Luiggi, entre otros.

 También habrá música a cargo de Rique Colón, Efraín Martínez y Lizbeth y los duendes invisibles. 

“Ese día vamos a estar de fiesta. Aunque el espacio todavía no está 100 % listo es importante ponerlo activo y que ya comience a generar. Que empiece el arte”, comparte Maite Rivas Carbonell. 

La apertura, además, servirá para que el público, artistas y toda la comunidad pueda apreciar lo que es posible cuando hay voluntad, visión y empeño. 

“Esto que está pasando a la mayoría quizás le parece extraño, le parece raro, pero si nosotros conseguimos que más gente se meta en esta locura va a llegar el momento que va a ser normal. Y el hecho de que un país tenga tantos espacios culturales que fomenten el crecimiento intelectual del individuo es algo que, inevitablemente, tiene que llevar a un buen puerto al país”, manifiesta Maximiliano.  

 La idea es que El Bastión pueda seguir creciendo. Después de todo esto será un lugar donde se ofrecerán desde cursos de danza, circo, teatro, música, artes plásticas, técnicas audiovisuales, fotografía, construcción escenográfica y permacultura, hasta presentaciones de espectáculos, charlas, conferencias y talleres intensivos con artistas locales e internacionales. 

Cabe destacar que para este ciclo inicial de El Bastión se invitó a ocho grupos de artistas y emprendedores que serán los primeros residentes del proyecto. Estos se escogieron por su calidad y por las diversas disciplinas que trabajan y que servirán para alimentar el proyecto. Ellos son Estudio Díptico (diseño-artes plásticas), Taller Madera (construcción escenográfica), Eduardo Rubio (comerciante del Viejo San Juan), El Adoquín (teatro-audiovisual), Compañía M+M (circo-teatro), Compañía SubCielo (circo), Radical Gardeners (colectivo de permacultura) y La Trinchera (danza).

Desde este mes, El Bastión estará brindando una programación de talleres y espectáculos que permitirá ampliar la oferta cultural en San Juan.


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