Para la artista Frances Gallardo, quien trabaja hace varios años con los ciclones, María implicó un cambio en cómo veía los fenómenos atmosféricos. En la foto, la pieza “Murmuration”. (Suministrada)

El embate del huracán María a Puerto Rico hace dos años fue documentado de muchas maneras. En los medios de comunicación, en las imágenes compartidas en las redes sociales y en historias de quienes sufrieron la pérdida física o material que conllevó esta tragedia. Todo el mundo tenía algo que compartir.

En ese grupo de gente se encontraban los artistas, también observando, viviendo y sintiendo. Y hubo entre ellos la necesidad de traducir esas estampas que iban registrando sus pupilas a otro lenguaje: el lenguaje poético del arte. Es imposible compilar en un solo espacio todos los trabajos artísticos que surgieron a raíz del azote que sufrió Puerto Rico en septiembre de 2017. Pero sí es posible recordar varios que se quedarán en la memoria como testimonio de ese momento histórico.

Para varios artistas entrevistados, María marcó de varias maneras un antes y un después en la producción artística propia y colectiva al despertar discusiones acerca de temas sociales, políticos y ecológicos, entre otros, que no necesariamente recibían tanta atención previamente. Las realidades que destapó el fenómeno, tales como la dependencia del combustible, la situación del sistema de energía eléctrica, las dificultades con la comunicación, por mencionar solo algunas, empezaron a ser parte del diálogo. Fue necesario hablar de manera más contundente sobre estos asuntos y así sigue siendo dos años después.

“Siento que en general sí se puede decir que hubo un impacto significativo en la forma de la gente hacer arte y quizás en las prioridades que tienen al hacer arte, entendiendo que la comunidad de artistas en Puerto Rico es diversa y que para todo el mundo María fue una experiencia diferente. Cambiaron las prioridades, incluso desde el tipo de materiales en uso hasta el alcance, el propósito político que tiene el arte. Creo que el arte y los artistas han sido clave para resistir el hilo de injusticias sistemáticas que hubo después del huracán y cómo se han seguido manifestando”, opinó Rosaura Rodríguez.

La artista realizó la novela gráfica “Temporada” como respuesta a sus observaciones de la transformación en el paisaje, particularmente a su alrededor en el pueblo de Jayuya, a donde se había mudado poco antes del evento atmosférico. A esto le añadió sus reflexiones, ideas y narraciones de eventos personales con los que muchos puertorriqueños pueden identificarse al recordar los días durante los cuales la cotidianidad quedó transformada por la falta de servicios básicos como agua y luz eléctrica.

Durante marzo y junio de este año, Rodríguez exhibió en el Museo de Arte Contemporáneo (MAC), en Santurce, la muestra “Trabajo de campo”, que reunió obras realizadas antes y después de María. Sus dibujos en acuarela presentan el contraste del verdor y la exuberancia de la naturaleza frente al panorama que dejó el ciclón: árboles caídos, raíces expuestas y desolación. Actualmente y motivada por la aparición de nueva flora en las cercanías de sucasa, donde antes parecía que había ocurrido un incendio, se encuentra explorando los pigmentos naturales de las plantas y compartiendo esa información con niños a través de talleres.

Frances Gallardo es una artista visual cuya obra se relaciona con los fenómenos atmosféricos hace varios años. El embate de María fue un evento de gran significado para ella porque magnificó muchos temas que habían sido de su interés.

“Una de las cosas que para mí se transformó después de María fue pensar en los huracanes no solamente como algo que ocurre en el Caribe y el noreste de los Estados Unidos. Es que ahora es un fenómeno que se siente más global. Estamos mirándolo en función de una crisis mundial, por el cambio climático”, comentó la artista radicada en Nueva York.

Desde su labor artística, Gallardo ha realizado interpretaciones de la información gráfica y científica sobre estos fenómenos de la naturaleza que le han fascinado desde niña porque los considera parte de la cultura y el entendimiento del paisaje, que a su vez, es particular dependiendo del país donde se experimenten o incluso el área geográfica en que cada persona se encuentre dentro de una misma nación.

“Trabajé mucho durante un tiempo en retratos de huracanes, vistas aéreas utilizando imágenes en infrarrojo y sustituía la información con colores con patrones de encaje. Era importante con esos tejidos en papel subrayar la individualidad de cada huracán porque cada uno es bien diferente. A lo mejor de afuera no lo ves, pero es evidente cuando unes la experiencia vivida, personal y colectiva. Cuando ves que unos son rápidos, otros estacionarios, unos con vientos violentos y otros con enorme cantidad de lluvia”, reflexionó.

Gallardo ha continuado desarrollando su obra a partir de los fenómenos atmosféricos mientras observa que ahora hay más artistas interesados en explorarlos desde diferentes ópticas. Para ella, el interés actual son otras situaciones que están estrechamente relacionadas ellos, como las sequías extremas a causa del polvo del Sahara y la cantidad de mosquitos con la que lidiamos en el Caribe.

La artista busca hablar de los eventos difíciles de procesar a través de composiciones llenas de delicadeza.

En el caso de Carlos Dávila Rinaldi, un artista que consistentemente ha creado obra con contenido social y político, el huracán María abrió la puerta, antes que todo, a la transformación de su modo de trabajar durante un tiempo. Aunque su taller en Caguas no sufrió daños, estuvo casi ocho meses sin energía eléctrica, hasta que decidió instalar paneles solares. Eso conllevó que en lugar de noche pintara de día y, en vez de hacerlo adentro, se trasladara al exterior.

“Lo que estaba pasando alrededor mío de cierta manera me impactó. Empecé a indagar temas que tenían que ver con las filas para buscar gasolina, cómo la gente de Guaynabo se mezclaba con la de los caseríos en la misma fila y otras situaciones”, explicó.

La muestra “Aftermath” fue realizada por el artista en referencia directa al Puerto Rico post María. Sin embargo, el paso del tiempo no ha eliminado la influencia del ciclón en su trabajo.

“Hay más energía, más ganas. Lo digo por mí y por lo que siento y veo allá afuera. También creo que los temas están cambiando y hay más preocupación por la naturaleza, por la dependencia”, sostuvo Dávila Rinaldi al mencionar la emigración como un tema que ha quedado en su cabeza con mucha fuerza tras el evento.

Otro de los artistas que vio transformada su agenda a partir de María fue Charles Juhasz, director del proyecto Casa de los Contrafuertes en el Viejo San Juan. Justo cuando llegó el azote, él se encontraba trabajando en piezas grandes y muy ambiciosas que no ha vuelto a tocar. Al igual que su esposa, la también artista Ana Rosa Rivera, Juhasz determinó que las circunstancias en el país requerían que se afianzara el propósito de Casa de los Contrafuertes como un espacio de colaboración.

“Durante el huracán, participamos de numerosos esfuerzos para ayudar a los amigos artistas que habían perdido su taller, atender a la Escuela de Diseño y Artes Plásticas y otras personas que habían sufrido daños. Se nos ocurrió la idea de que Contrafuertes podía, simbólicamente, mostrar el camino para salir de la depresión”, indicó el escultor.


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