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Fernando Picó (semisquare-x3)
Fernando Picó mientras llegaba al recinto de Río Piedras de la Universidad de Puerto Rico, tras culminada la huelga estudiantil a principio de este mes. (Alex Figueroa Cancel)

El historiador y sacerdote jesuita Fernando Picó falleció esta mañana súbitamente en su hogar, en la Residencia San Ignacio en Río Piedras, confirmó el cura Jorge Ferrer, director del Instituto de Bioética Eugenio María de Hostos del Recinto de Ciencias Médicas de la Universidad de Puerto Rico.

De inmediato, no se ha informado la causa del fallecimiento.

El cuerpo de Picó, de 75 años, fue encontrado en su cuarto por otro de los sacerdotes jesuitas que viven en dicho lugar, que ubica en la calle Sauco de la urbanización Santa María en Puerto Nuevo, en los predios del Colegio San Ignacio. 

La Policía fue notificada del hallazgo a las 8:46 a.m. La agente de prensa de la Uniformada, María del Pilar Bon, indicó que los paramédicos llegaron al lugar pero Picó no presentaba signos vitales. 

“Yo lo conozco hace muchos años. Fernando seguía activo en la Universidad de Puerto Rico, recinto de Río Piedras, como profesor distinguido de Historia. Me comentaron que ayer él insistió en ir a clases aunque no se sentía bien de salud”, sostuvo, por su parte, Ferrer.

Picó nació en Santurce en 1941 y fue considerado por muchos como uno de los historiadores puertorriqueños que mayor amplitud de temas ha abordado en sus libros. Fue profesor del recinto riopedrense de la UPR desde 1972 y antes de eso obtuvo su doctorado en 1970 en la Universidad de John Hopkins, en Maryland.

Se supo que Picó tenía limitaciones de salud desde el año 2015. De hecho, ese año sufrió un pequeño infarto que le afectó la movilidad de su pierna derecha.

Previo a su muerte, el historiador estaba escribiendo un nuevo libro sobre el municipio de Guaynabo

“Él viajaba conmigo por las mañanas y estaba bien entusiasmado con su nuevo libro. También seguía con su trabajo en la cárcel, con un programa de educación universitaria para los confinados. Él iba todos los viernes a la cárcel de Bayamón a dar clases a los confinados y lo hacía con mucho entusiasmo”, puntualizó Ferrer.


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