Nota de archivo: Este contenido fue publicado hace más de 90 días

La complicidad es rotunda entre un trío que cree en la palabra como su salvación. Novelistas y periodistas, las tres se contonean en el elogio máximo que la academia brinda a aquellos que promueven el saber humano. En el caso de la mexicana Elena Poniatowska, la cubana Mayra Montero y la española Rosa Montero, el galardón en tierra puertorriqueña resuena porque las tres son ciudadanas del mundo.

Tras bastidores los nervios chispeaban. La atmósfera estaba impregnada de elogios y gritos de alegría cuando las cronistas se encontraron. Las dos Mayra se confundieron en un abrazo. Elena capturaba todo a su alrededor, con la suavidad de su personalidad. En un aparte con El Nuevo Día, Poniatowska aseguró que estaba "muy feliz de estar en Puerto Rico, en Arecibo. La gente es tan cálida con uno, que eso es muy bonito".

Cuando el reloj marcó las 5:00 de la tarde de ayer, la ceremonia que nombraría a las dos Montero y a Poniatowska doctoras Honoris Causa en Letras Humanas por la Universidad de Puerto Rico en Arecibo (UPRA) dio comienzo en el teatro de la institución.

El desfile de las autoras desnudó la expectación de ellas ante todos. Ya en el escenario, las escritoras miraban con agradecimiento, como grabando el momento en su memoria.

El acto -que se enmarcó en la celebración del IV Congreso Internacional Escritura, Individuo y Sociedad en España, Las Américas y Puerto Rico- tuvo a decenas de espectadores, amantes del trabajo de estas mujeres. La jornada incluyó la intervención del presidente de la UPR, José Ramón de la Torre, quien resaltó la producción literaria de las homenajeadas, en cuyas páginas develan "las contradicciones humanas exponiéndolas con valentía, sensibilidad y sabiduría".

Durante el acto, entre la audiencia no faltaron mensajes en hojas de papel, carteles y prendedores dirigidos a la cabeza de la Universidad, que leían "De la Torre renuncia" y "No a la cuota", en alusión a la imposición de la cuota especial de $800 a los estudiantes de la UPR.

El momento ansiado del homenaje arribó, comenzando por Poniatowska. Fue su hijo, Felipe Haro Poniatowska, el que tuvo la encomienda de leer la semblanza de su madre, provocando en varios momentos la risa de los espectadores por las anécdotas que hizo sobre la personalidad alegre de la mexicana. Remató sus palabras diciendo: "Mamá, ¿qué hay allá atrás? Aquí, al frente (señalando al público), está el amor de todo Puerto Rico". La audiencia no pudo evitar honrar de pie a Poniatowska.

La dueña de un abanico de doctorados Honoris Causa dio sus gracias recordando que no es sólo ella quien recibe la distinción, sino todas las personas que la ayudaron en su transitar por la vida. En su disertación repasó cuando su hijo era pequeño, este realizó un retrato de su madre para la escuela. Narró, con su único sentido del humor, que él "pintó una mesita con unas patas blancas, una máquina de escribir encima y dijo que esa era su mamá".

El turno de la española Rosa Montero llegó, siendo Mayra Montero la voz de la semblanza de la autora de "La loca de la casa". Mayra contó que cuando aún no conocía a Rosa, saber a otra Montero, de tal calibre, le engendraba una envidia… "y no de la buena". "Me daba rabia que otra Montero escribiese de esa manera impecable, con esas frases deslumbrantes, con esa perfecta naturalidad como si las frases, la buena literatura no costase trabajo", sostuvo Mayra de su amiga y cómplice, Rosa.

Tanto en su alocución como en un aparte con la prensa, Rosa Montero dejó claro que la escritura, con las "larguísimas horas que estás sentada en una esquina de tu casa inventando mentiras", da "una seguridad medicinal".

La autora puertorriqueña Ana Lydia Vega tuvo a su cargo la presentación de Mayra Montero destacando "el periodismo duro que practica la Montero" que ha marcado la cultura mediática borincana. Ya en el podio, Montero contó que su primer amanecer puertorriqueño fue en Arecibo. La vida y sus misterios parecen haber conspirado para que, de aquel despertar frente al mar, décadas después recibiera su primer Honoris Causa en la Villa del Capitán Correa.

Montero no podía desligarse en su discurso del país que ama y escribe. Por eso los conflictos por lo que atraviesa la UPR fueron objeto de su filoso pensamiento en dicha coyuntura. "Los que me conocen saben que no tengo que pronunciar aquí muchas palabras para dejar constancia de mi pensamiento y de mi compromiso. Pero pronunciaré las necesarias: no merecería este doctorado si no abrazara con él a los profesores, a los estudiantes, al personal no docente, al edificio moral que sustenta nuestra más alta institución educativa", expresó durante su discurso, recibiendo sonoros "bravo" desde el público.

El congreso concluye hoy con plenarias durante esta mañana en el recinto arecibeño de la UPR. Asimismo, los seguidores de estas hacedoras de la palabra podrán ser testigos de las seductoras ideas cuando éstas conversen sobre la literatura y el español a las 12 del mediodía.


💬Ver 0 comentarios