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La Maestría en Creación Literaria de la Universidad del Sagrado Corazón, fundada en el 2004 por el escritor Luis López Nieves . ([email protected])

Para llegar al mismo sitio sobran las rutas. Y parte de nuestra experiencia humana consiste precisamente en escoger el camino que mejor se ajuste a nuestros deseos y necesidades. Sin embargo, el lugar donde se nace, la cultura, el contexto de cada cual, incide en la cantidad de  opciones que tendremos de frente al momento de escoger.

 El mundo de la literatura no es la excepción y desde hace una década en Puerto Rico aquellos que han tenido el interés en desarrollarse como escritores, cuentan con la alternativa que surgió con la creación de la  Maestría en Creación Literaria de la Universidad del Sagrado Corazón, fundada en el 2004 por el escritor  Luis López Nieves  y que, en agosto, celebrará su décimo aniversario. Desde su aparición, su creador fue categórico, “los egresados serán escritores”; y para ello se desarrolló un programa académico que complementa los saberes teóricos planteados desde la perspectiva de un escritor con los procesos de taller, así como un proyecto final de tesis que los alumnos  defienden.

Se trata pues de un programa académico que sintoniza con la multiplicidad de programas de este tipo que existen en universidades alrededor del mundo y del cual han surgido egresados tan exitosos como por ejemplo Junot Díaz, han aparecido escritores con menor o mayor proyección y existen fracasos como sucedería en cualquier clase graduada. Para algunos estos programas son la mejor alternativa para desarrollar disciplina, atender lagunas literarias y forjarse una carrera como escritores profesionales. Para otros, la mejor manera de hacerse escritor es una mezcla de lecturas, talento y trabajo, por entender que nadie puede enseñar a escribir.

Este es, al día de hoy, y a pesar de la larga tradición de talleres literarios y de la existencia de estos programas, un debate abierto. Sin embargo, lo cierto es que estos programas han llegado para quedarse y que en el caso de Puerto Rico, a juzgar por la reciente cosecha, se ha probado como una alternativa viable para aquellos que deseen elegir esta ruta formativa.

 En el 2007, a tres años del inicio de la maestría,  El Nuevo Día  conversó con un grupo de alumnos y recientemente repetimos el ejercicio con cinco de los estudiantes que estuvieron presentes en esa ocasión, hoy día egresados de la maestría y escritores y escritoras probados con publicaciones, importantes premios y carreras encaminadas en el mundo de la literatura. ¿Cómo cambiaron como escritores? ¿Puede enseñarse a escribir? ¿Cómo sienten que la maestría ha incidido en el panorama literario nacional? ¿Tienen conciencia de generación? Estas y otras preguntas quedaron sobre la mesa. 

Profesionales de la palabra. “Ha habido un salto dramático de aficionados a profesionales”, afirma López Nieves toda vez que destaca los logros de sus alumnos como barómetro del éxito de la maestría.

 A José Rabelo, médico de profesión y ganador del Premio de literatura infantil El Barco de Vapor en el 2013, la maestría le ha abierto una puerta de posibilidades a la exploración de técnicas narrativas así como al conocimiento de la tradición literaria. “Cualquier escuela va a tener a sus grandes egresados y sus fracasos”, señala toda vez que afirma que así como es posible enseñar a actuar, a bailar y a dibujar, es posible enseñar a escribir.

 “Me siento más exigente, uno lee y reconoce lo que hizo mal. Tienes más herramientas para escribir tus historias. Cuando estudias una profesión, la que sea, siempre hay una clase que aborda los orígenes, de dónde salen las bases de la disciplina, quién fue el primero que hizo qué. En la maestría vamos a la base, las teorías que se forman acerca del cuento, son conocimientos importantes para profesionalizar la escritura. Hoy día un escritor que va a ferias, a simposios, necesita un conocimiento más allá de su obra porque va a exponerse a debates y preguntas”, señala Awilda Cáez, quien ha sido publicada en antologías en Argentina, Estados Unidos, México y próximamente en España, además de haber publicado dos libros de cuentos, entre otros logros.

 Cáez es enfática en que la maestría es una especie de filtro. Quién vaya a perder el tiempo no durará un semestre. Se lee y se escribe mucho, con fechas de entrega y un compromiso serio de traer material nuevo y trabajado a las discusiones de taller.

José Borges iba a ser piloto... pero entró a la maestría. Hoy día ha publicado dos novelas, una de ellas premiada por el Pen Club, y actualmente es crítico literario en  El Nuevo Día.

“Exigente es la palabra operativa aquí. Le doy más pensamiento a todo y hay un deseo continuo de aprender y experimentar. Estudiamos desde el punto de vista del escritor, no es tanto qué sucede sino cómo lo hicieron”, opina Borges quien celebra de la maestría la experiencia de taller al contrastar las ideas con compañeros.

“En mi caso ha habido un proceso de madurez, te da la oportunidad de auscultar unos temas, y ya uno sabe dónde conseguir herramientas”, destaca Damarys Reyes Vicente, quien ha representado al País en eventos literarios en Cuba, además de haber publicado dos libros de cuentos infantiles, entre otros logros como el haber ganado el Certamen de Cuento de El Nuevo Día en el 2007.

Reyes Vicente resalta además que “hay una voz en la maestría que se está haciendo más fuerte. Antes había un sector exclusivo de escritores y habían otras voces muy calladas y ahora siento que ha habido como un boom. Se ha vuelto a revolucionar el proceso literario en Puerto Rico, tanto, que ha obligado a los escritores consagrados a crear obra nueva y a darse cuenta de que la literatura puertorriqueña va encaminada a un norte claro y ha tenido un empuje internacional importante”, opina.

“El paso por los talleres le deja a uno no la búsqueda del halago fácil sino la crítica constructiva. La maestría ha cambiado la escena de la literatura en Puerto Rico” asevera Luis Saldaña, ganador del Certamen de Cuento de El Nuevo Día en el 2012 y autor de una novela y un libro de cuentos premiado por el Pen Club.

“Ha sido importante publicar porque ayuda a ese proceso de tomarlo en serio, de asumir que es tu profesión. Hay que tener la piel dura pero al mismo tiempo uno logra eliminar clichés y lugares comunes. No es lo mismo separarse de la regla a conciencia que no cumplirla porque no la conoces”, puntualiza Saldaña quien al igual que sus compañeros asegura tener una conciencia de generación.

En fin, una nueva ruta en nuestro panorama literario con voces que la han andado, una década de nuevas letras.


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