Perfecto Santiago Rosario ansiaba ser piloto y, ante las adversidades, hace seis décadas se abrió paso en el mundo de las artesanías creando modelos de aeronaves.

Bajo la sombra de los árboles que mantiene en el patio frontal de su hogar, en un improvisado y peculiar taller de trabajo, el artesano Perfecto Santiago Rosario da rienda suelta a sus manos en el tallado de aviones de madera.

Siempre quiso ser piloto, pero la falta de recursos económicos para estudiar la carrera se impuso como un obstáculo. Sin embargo, Santiago Rosario convirtió su desventaja en una oportunidad y hace seis décadas se abrió paso en el mundo de las artesanías hasta pulir su talento recreando distintos modelos de aviones. Fue así como juntó sus dos pasiones.

“Una maestra un día me preguntó qué yo quería estudiar. Yo le dije: ‘Maestra, yo quiero ser piloto’”, contó Santiago Rosario, el mayor de 10 hermanos.

Pero, ¿cómo aprendió su arte? La curiosidad de Santiago Rosario lo llevó a descubrir su talento; aprendió por sí solo.

“Cuando llegaba de la escuela le tumbaba las navajas al viejo y me metía al baño a trabajar. Así fue como empecé (a tallar) y seguí poco a poco hasta al sol de hoy”, destacó.

El deseo de Santiago Rosario de trabajar como piloto era tanto que, “me dije, ‘yo me voy a dedicar a hacerlos en madera’”.

Desde muy joven, trabajó en el municipio de Culebra y, en las tardes o en su tiempo libre, aprovechaba para mejorar su técnica en la talla de estas piezas.

En sus tallas, replica los colores y detalles de los aviones que ve aterrizar en el aeropuerto de la isla municipio.
En sus tallas, replica los colores y detalles de los aviones que ve aterrizar en el aeropuerto de la isla municipio. (XAVIER GARCIA)

“Esto me encantó desde muchacho, me encanta y me seguirá encantando. Yo le digo a mi esposa: ‘yo creo que yo voy a morir con las cuchillas en las manos’, porque es que me fascina. Era tanto el anhelo que yo tenía de ser piloto que esto se me quedó en la sangre”, sostuvo el culebrense.

A diferencia de algunas residencias en Culebra, la casa del hombre de 72 años no tiene vista al mar, sino que tiene como paisaje la pista del Aeropuerto Benjamín Rivera Noriega, que queda justo al frente de la entrada de su hogar.

El artesano ve todos los días la llegada y salida de los aviones mientras trabaja en la artesanía como pasatiempo, tras haberse retirado del Gobierno. Su paisaje le sirve de inspiración para dar color y asignar numeraciones a los avioncitos.

“No tengo la mínima idea de cuántos aviones he hecho desde que empecé hasta hoy”, destacó. Sin embargo, recuerda los modelos que ha recreado. Por ejemplo, el Cherokee, Cessna y el Britten-Norman Islander, el modelo de su avioneta favorita que aterriza todos los días en el aeropuerto frente a su casa.

El pescador utiliza la caoba, el cedro y madera que encuentra en la orilla de la playa para elaborar sus artes.

“No me siento del todo satisfecho, porque realmente era eso lo que quería (ser piloto), ese era mi sueño (la aviación), pero satisfecho de cierta manera porque no me queda otra alternativa que aceptarlo. Así es la vida, tenemos que aceptar las cosas como vienen, como se dan porque no hay otra manera”, concluyó.

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