

30 de julio de 2023 - 11:40 PM


Corre el año 1868. El yugo de España pesa sobre el cuello de Puerto Rico. Los gobiernos militares hacen y deshacen con los recursos de la isla y someten a los trabajadores a regímenes violentos de trabajo duro. La esclavitud no se aboliría en cinco años más y la invasión por parte de otra nación que cambiaría para siempre el rumbo del país exactamente 30 años después no era un concepto remotamente imaginable.
No queda claro dónde se llevó a cabo la obra. Seguramente en cuartos oscuros, en lugares remotos, en silencio y en secreto. Tampoco se sabe cuánto tiempo tomó la gesta. Quizás días, quizás semanas, quizás meses. Pero allí, contra el miedo y contra el tiempo, una mujer bordó un artefacto de composición sencilla y poderosa. Dos cuadros de azul y dos cuadros de rojo divididos por una cruz de blanco. Como toque final, una gran estrella solitaria.
La rabia bordada en tela. El emblema de una revolución fallida. El símbolo sempiterno del Grito de Lares. Una leyenda transformada en mito.
Por años, ha quedado claro que varias mujeres asociadas a la revolución fueron responsables de bordar banderas siguiendo un diseño del líder revolucionario Ramón Emeterio Betances. Muchas de esas banderas se perdieron luego de que las personas asociadas a la revolución fueran arrestadas o se vieran forzadas a la huida y al exilio. Pero sea cual fuere el caso, el nombre de una mujer en particular quedó por siempre asociado al acto de bordar la bandera. Una costurera del oeste, que trenzaba sus cabellos, llamada Mariana Bracety: la icónica mujer apodada “Brazo de Oro”.
Pero dos libros publicados recientemente retan lo que se ha dado por hecho por más de un siglo y aseguran que “Brazo de oro” es una mujer que había sido olvidada por la historia, una mujer llamada María Eduviges Beauchamp.
Las publicaciones consisten de dos investigaciones independientes realizadas por los historiadores Raquel Rosario Rivera y Joseph Harrison Flores, quienes publicaron, respectivamente, los títulos “María Eduviges Beauchamp: Brazo de Oro” y “La identidad de Brazo de Oro” este año. Aunque los autores no trabajaron juntos y los contenidos de sus libros son muy diferentes, ambos alcanzaron la conclusión basándose en fuentes primarias.

En el caso de Raquel Rosario Rivera, su libro lee más como una biografía extensa de María Eduviges Beauchamp, en la que recuenta fragmentos de su vida y la de su familia. Harrison Flores, por su parte, dedica parte de su trabajo al análisis de las distintas banderas conocidas o asociadas con la revuelta de Lares al igual que al proceso que llevó a que Bracety fuera asociada con el famoso pseudónimo por tantos años. Ambos libros cuentan con extensos apéndices repletos de copias de documentos que sustentan y apoyan a gran parte de los contenidos.
Pero, ¿quién era María Eduviges Beauchamp?
Esto se sabe. Su familia era de ascendencia francesa y se trasladó a Puerto Rico desde Haití. “Su padre se va para Añasco y funda una hacienda de mercería, una tienda de mercería, que es una tienda para vender hilos, telas, botones. Se hace rico. Ahí nacen todos los hijos y se va para el pueblo y compró una casa de dos pisos en el pueblo. Sigue creciendo su riqueza y entonces va a comprar tierras en Las Marías”, cuenta Raquel Rosario Rivera. “Él se convierte en el más rico productor, el más rico hacendado productor de café de Mayagüez”.
María Eduviges era la menor en su familia y cuando su padre muere hereda gran parte de su fortuna. Luego de ese periodo inicial de su vida, llega uno de los primeros eventos que marca su destino. “A los 30 años ella se casa con Agustín Mangual. Agustín Mangual era hijo de un alcalde español muy poderoso”, continúa Rosario Rivera.
Pero, según las fuentes históricas, su marido era un tirano. Varios documentos y testimonios aseguran que María Eduviges era maltratada y golpeada por su esposo, quien era un alcohólico empedernido. Sus abusos podían ser de tal intensidad, que en más de una ocasión la mujer debió recibir asistencia médica. De hecho, los médicos iban y venían del hogar, pues Agustín Mangual, debido a su condición, debía ser atendido frecuentemente. Otro de los hitos cruciales de la vida de María Eduviges se da durante este periodo, pues uno de esos médicos era el propio Ramón Emeterio Betances.
“Como ella era una mujer muy rica, solicita los servicios de Betances para que vea a su esposo. ¿Pero qué pasa? Betances comienza a notar que ella está siendo víctima de maltrato conyugal, a tal punto que cuando va a curar a su esposo, la encuentra golpeada en la cara”, explica Rosario Rivera.
Aquí la historia se complica un poco. Su marido muere en 1863 y María Eduviges se convierte en una viuda rica. Nunca vuelve a casarse y tampoco tiene hijos. Siendo adinerada, adquiere una independencia poco común para la época, se vuelve amiga de Betances y se une a su causa.
“En el año 2014, me encuentro específicamente con un documento que ya había sido citado por Germán Delgado Pasapera y por Loida Figueroa, que identificaba con la bandera de Lares a otra persona como la autora y a otra persona como ‘Brazo de Oro’. Y el documento decía ‘Eduviges Beauchamp aparece como encargada de bordar las banderas y conservar los fondos. Algunos procesados la citan como a la señora que con sus gracias y seducciones hacía prosélitos y era conocida como ‘Brazo de Oro’ y la marcaban ausente’”, dice Joseph Harrison Flores.
Se le atribuyen varios roles relacionados con los actos revolucionarios. “Eduviges también participó en el Grito de Lares con la compra de unos revólveres y en ese momento estaba soltera porque el marido había fallecido en 1863. Ella se encargaba de reclutar prosélitos, cobrar las cuotas de los que podían pagar las cuotas”, añade el historiador.
¿Cómo, entonces, es que se le atribuye su rol a Mariana Bracety?
Esto, también, resulta un tanto complicado. Varias mujeres revolucionarias bordaron banderas para el Grito y no necesariamente existía algún tipo de comunicación entre ellas. “Tenemos a María Eduviges Beauchamp, a Mariana Bracety, a Dolores González Coss, a Rosalía Márquez y a Obdulia Valentina Serrano como personas definitivas que cosieron la bandera. Fueron muchas las mujeres las que bordaron bandera. Las juntas quedaban distantes: una en Lares, una en Mayagüez, una en Quebradillas, y se estaba hablando de crear una en Arecibo, se hablaba de una de Ponce, se hablaba de la posible existencia de una en Yauco”, dice Raquel Rosario Rivera.
Esta confusión puede deberse a una breve nota al calce del libro “Historia de la Insurrección de Lares”, del español Juan Pérez Moris, considerada la obra más completa sobre el suceso.
“Hay una declaración de Manuel María González que era venezolano y que era el jefe de todas las células revolucionarias, aquel que una noche ve al coronel Uturriaga, entra en su casa y en un libro de contabilidad le encontró los papeles relacionados con sus actos revolucionarios y él cuando hace la declaración, según José Pérez Moris, dijo ‘que en Capá Prieto vio escrito el nombre de la Braceti (sic), mas no recuerda el nombre si es señora o señorita(...)’”, explica la historiadora. Pero esta errada nota no se convertiría en leyenda hasta casi medio siglo después. “El mito de Mariana lo crea Llorens Torres”.
“Lo que marca el hito verdaderamente que cambió fue un drama que escribió Luis Llorens Torres. Luis Llorens Torres y Luis Muñoz Rivera se encontraban en una bohemia y en un momento determinado en que aquí no se había escrito ningún evento, ningún drama que contara la historia de Brazo de Oro. No hay Facebook, no hay televisión, no hay radio. Por lo tanto, esto se montó en todos los pueblos de la isla desde 1914 al 1918, y ahí se populariza la imagen de Mariana Bracety, atado también a la estrategia que se estaba trabajando en contra de la ciudadanía americana en 1917 como parte la Ley Jones, así que fue un evento como que de influencia política”, sostiene Harrison Flores.

“Esta nota es la que todos los libros de historia, toda la investigación que existe a nivel de historiográfico, poesía, drama, han utilizado como cartas de identificación, de que Mariana Bracety era Brazo de Oro”.
Una brevísima anotación, dada por hecho. La mitificación de Mariana Bracety solo continuaría a través de los años con otros trabajos literarios y obras como “Mariana o el alba” de René Marqués en 1966. El nombre de María Eduviges Beauchamp quedaría borrado para siempre. O al menos eso parecía hasta hace aproximadamente diez años, cuando dos historiadores dieron de forma independiente con esta figura.
Y tal como fue desapercibida su vida, su muerte, muchos años después de la revolución fallida, no fue un suceso notable.
“Ella murió de metritis ulcerosa cancerosa”, dice Rosario Rivera. Tenía 65 años. De ella no existen fotografías ni descripciones más allá de comentarios breves acerca de su belleza.
“Su muerte pasó desapercibida para el movimiento independentista del país. Había muerto la verdadera Brazo de Oro y, como remate, su papel en la revolución y sus cualidades habían sido atribuidas a otra persona. No hubo notas en los periódicos, ni anécdotas, ni imágenes populares. Brazo de Oro murió como vivió: secretamente”, concluye Harrison Flores en su libro.
La labor de ambos historiadores ha sido extensa y ha requerido de mucho tiempo de investigación. Pero sus hallazgos, más allá de cambiar parte de la narrativa conocida del Grito de Lares, son también una invitación a retar lo conocido y a atreverse a revisar la historia.
“Nadie se fijó en nada de esto. Una cosa que estaba visible estuvo por ahí, nadie lo vio. Por lo tanto, esto puede dar pie a que se encuentren otras cosas adicionales en la historia conocida del país. Esto no cambia la historia de Lares. La historia de Lares está atada a un grupo de valientes que se levantaron en armas y lucharon. Eso no lo cambia. Cambia quizás los personajes, dónde estaban, cambia la bandera, pero no está cambiando necesariamente lo que fue la narrativa principal”, expresa Harrison.
Cambien estos hallazgos o no de manera contundente el imaginario popular sobre el Grito de Lares, resulta clara, sobre todo, una cosa: aún quedan muchas preguntas sin responder.
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