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“School of Rock” abre las puertas para nuevas generaciones en el escenario

Michelle Brava, coach vocal para la producción, habló con El Nuevo Día sobre el proceso de ayudar a formar a jóvenes en las artes

28 de marzo de 2026 - 11:10 PM

De izquierda a derecha: Sofía Picorelli, Michelle Brava y Valeria Berríos. (Suministrada)

El escenario del Centro de Bellas Artes de Santurce se prepara para recibir el 10 y 11 de abril una de las apuestas más enérgicas del teatro musical reciente en la isla “School of Rock”, una producción que no solo apuesta por el espectáculo, sino por el talento joven y el poder transformador de la música.

Para la cantante y coach vocal Michelle Brava, quien forma parte del equipo creativo, el montaje llega en un momento clave. “Es algo que me emociona mucho, porque definitivamente aquí en Puerto Rico hay un talento demasiado grande a nivel de música”, afirmó, al tiempo que reconoció el auge actual del teatro musical en el país como una oportunidad para visibilizar nuevas generaciones de artistas.

Su rol dentro de la producción va mucho más allá de afinar voces. Brava describe el trabajo del coach vocal como un proceso integral que comienza con el estudio detallado de la partitura, el estilo musical y las exigencias técnicas de cada personaje. A partir de ahí, se convierte en un puente entre la visión escénica, la dirección musical y el elenco, asegurando que cada interpretación no solo sea correcta en lo técnico, sino efectiva en lo narrativo. “Esto no es cantar bonito nada más, aquí estamos para contar historias”, subrayó.

Uno de los mayores retos de “School of Rock” radica en equilibrar la energía del rock con la disciplina vocal que exige sostener una función completa, especialmente cuando se trata de voces jóvenes en desarrollo. La producción integra a niños y adolescentes en escena, lo que añade una capa adicional de complejidad.

Ese espíritu juvenil se encarna en intérpretes como Valeria Berrios y Sofía Picorelli, quienes debutan teatralmente en esta puesta en escena como las coristas Chanel y Marcy. Ambas coinciden en que el proceso comenzó casi por casualidad, al enterarse de las audiciones a través de redes sociales. “Yo estaba como que ‘tengo que audicionar’”, recordó Berrios, quien ya había seguido otras producciones teatrales en la isla.

Sus personajes, explicaron, son figuras llenas de energía, siempre listas para aprovechar cualquier oportunidad dentro de la banda ficticia que articula la historia. “Les encanta cantar, bailar y estar presentes”, resumió Picorelli, de 14 años, mientras destaca el entusiasmo que define a estas jóvenes dentro del relato.

Para Brava, esta es una gran oportunidad para abrirle camino a nuevas generaciones.
Para Brava, esta es una gran oportunidad para abrirle camino a nuevas generaciones. (Suministrada)

Para ambas, formar parte de una producción de esta escala ha sido tan retante como emocionante. “La palabra para mí es agradecida”, dijo Berrios sobre su primera experiencia profesional en el teatro. Picorelli, por su parte, enfatizó el disfrute del proceso. “Es nuestra primera vez haciendo algo así de grande y es muy divertido. Todas las semanas estamos esperando los ensayos”.

Ese ambiente de camaradería ha sido clave en el desarrollo del elenco infantil. Según relataron, desde el primer encuentro los jóvenes establecieron vínculos cercanos que se traducen en escena. “Ya somos como mejores amigos”, comentó Picorelli, mientras Berrios aseguró que ese “bonding bien bonito” será evidente para el público.

Brava coincidió con esa apreciación. Para ella, trabajar con jóvenes implica no solo pulir aspectos técnicos, sino también crear un espacio de confianza. “Es bien importante que se sientan protegidos y cuidados”, explicó. Ese entorno permite que los intérpretes asuman los retos de un musical exigente, donde deben cantar, bailar, actuar e incluso tocar instrumentos en vivo.

La exigencia física de la obra es notable. Los números requieren mantener una alta intensidad energética mientras se ejecutan coreografías complejas. Para lograrlo, el equipo incorpora rutinas de calentamiento vocal y físico que ayudan a integrar movimiento y voz. “La idea es que, cuando llegue el día del show, todo sea como una segunda naturaleza”, señaló Brava.

Uno de los momentos más significativos del proceso es el encuentro con la orquesta en vivo, dirigida por el maestro Juan Carlos Rodríguez. Ese primer ensayo conjunto, marca la culminación de semanas de trabajo. “Es un momento bien emotivo porque ves cómo todo cobra vida”, describió la coach vocal.

Más allá del espectáculo, este musical propone una reflexión sobre la importancia de escuchar a los jóvenes. Las propias actrices lo reconocen como uno de los mensajes centrales. “Los niños están tratando de que los papás los escuchen”, dijo Picorelli, quien entiende que la obra invita tanto a hijos como a adultos a replantear sus formas de comunicación.

Berrios añadió que el público puede esperar una experiencia emocional completa. “Van a reír, van a llorar, van a sentir de todo”, aseguró.

En un contexto donde las artes enfrentan constantes desafíos, Brava defiende la música como herramienta de formación integral. “No se trata solo de cantar o actuar; se trata de trabajar en equipo, de ganar confianza, de descubrir de lo que eres capaz”, sostuvo.

Sube a escena el 10 y 11 de abril producido por BAS Entertainment, y los boletos están disponibles a través de Ticketera.

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