This image released by Warner Bros. Entertainment shows Harry Styles, left, and Florence Pugh in a scene from "Don't Worry Darling." (Warner Bros. Entertainment via AP)
This image released by Warner Bros. Entertainment shows Harry Styles, left, and Florence Pugh in a scene from "Don't Worry Darling." (Warner Bros. Entertainment via AP) (The Associated Press)

Don’t Worry Darling, producción de Warner Brothers que estrenó esta semana en los cines de Puerto Rico y Estados Unidos, es un filme de suspenso que derrumba toda su tensión dramática una vez se revelan todos los detalles de su misterio central.

Antes de que eso suceda, la película le da la oportunidad a Olivia Wilde de explotar su talento considerable como directora en una denuncia perturbadora del patriarcado. La cineasta correctamente centra todo alrededor de la interpretación de Florence Pugh, quien continua deslumbrando con su versatilidad, y construye la tensión del filme con una propuesta que alterna entre la sutiliza y la agresividad. Ambas técnicas son efectivas, pero ninguna puede sobrellevar los problemas de la sección final de la trama.

Mucho antes de que la protagonista tenga evidencia concreta de que algo siniestro está sucediendo en la comunidad idílica donde vive con su esposo (Harry Styles), la dirección de Wilde enfatiza lo opresivo y desagradable de una estructura social que atrapa la mujer en un rol de servitud y es presentado como el recurso esencial para una familia ejemplar.

Al inicio de la trama, Alice (Pugh) y Jack (Styles) parecen estar viviendo intensamente la etapa de luna de miel de su matrimonio. Su pasión sexual está a flor de piel y es solo interrumpida por una rutina doméstica convencional. La misma establece que él tiene que ir a trabajar todos los días en un proyecto gubernamental secreto importante que podría revolucionar el mundo, mientras que ella se dedica a limpiar y decorar la casa mientras busca formas nuevas de satisfacer todos los apetitos de su pareja.

Todos los matrimonios que viven en esta comunidad parecen estar en la misma frecuencia que los protagonistas. Los hombres tienen la carga de llenar las expectativas de Frank (Chris Pine), el creador y supervisor del proyecto secreto en el que laboran, mientras se espera que las mujeres estén perpetuamente agradecidas de ser su sistema de apoyo. Cuando un evento inesperado pone en tela de juicio el orden social de la supuesta utopía de su comunidad, la curiosidad se apodera de Alice y la lanza a buscar las contestaciones de un misterio que más nadie quiere resolver.

Aunque existe la tentación de descartar Don’t Worry Darling como una variación moderna de lo que se hizo en la versión original de The Stepford Wives (1975), el dinamismo de la dirección de Olivia Wilde es lo que hace la diferencia. La cineasta alterna efectivamente con momentos de expresionismo agresivo y crear el espacio para que las interpretaciones de su elenco no sean aplastadas por las maquinaciones del guión. La mejor escena del filme es una simple. Un choque psicológico y verbal entre los personajes de Pine y Pugh donde se cuestiona las convenciones con las que se sostiene la supuesta utopía donde viven.

Luego de esto el filme se derrumba. La trama entra en un territorio mucho mas tradicional para una producción de suspenso, pero todas las ideas y planteamientos de la primera sección son opacados por los huecos e inconsistencias del guión. La dirección de Wilde logra que la anticipación del misterio sea mucho más potente que su explicación simple y poco creíble.

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