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Aquién no se le ha hecho la boca agua frente al pasillo de las galletas, la nevera de los quesos o el estante de los panes. Sea cual sea tu punto débil,   seguramente el supermercado ha puesto a  prueba tu fuerza de voluntad. Y es más que comprensible. Asociamos la comida con  la comodidad y  con esa sensación de gratificación instantánea que brinda. 

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