

31 de julio de 2026 - 11:10 PM


No importa el destino ni el momento, creo firmemente que viajar te transforma.
Mi más reciente aventura me llevó a Japón durante tres semanas. Pensé que estaba preparada: zapatos cómodos, itinerario organizado y una lista de lugares que quería conocer. Lo que no tenía en agenda era enfrentar un calor capaz de cambiar por completo la manera de viajar; desde el ritmo de las caminatas hasta la forma de disfrutar cada experiencia. Todavía estoy procesando todo lo vivido, las experiencias, la barrera del idioma, la historia, las costumbres, el día a día… tantas cosas que en un solo artículo no serían suficientes. Si lo piensas visitar pronto, está en tu “bucket list” o sientes curiosidad, te invito a seguir leyendo.
Regresé con la maleta llena de recuerdos, fotos increíbles, experiencias culturales inolvidables, “souvenirs” y una lección muy clara: el calor del verano japonés no se parece al de Puerto Rico. Era algo así como ese golpe de vapor que se siente cuando uno abre el horno de la cocina para ver si el bizcocho ya está listo.
Justo mientras el país ocupaba titulares por una ola de calor que elevó las temperaturas hasta cerca de los 104 grados Fahrenheit y provocó más de 10,000 traslados de emergencia por golpes de calor en una sola semana, yo estaba con mis amigos entre templos, santuarios, estaciones de tren y calles abarrotadas de gente descubriendo que disfrutar el viaje también dependía de aprender a sobrevivir bajo el sol.
Y no, no solo de abanicarte con un mapa o correr al primer 7Eleven, Lawson o Family Mart con aire acondicionado (que tienen unas paletas de mangó riquísimas para refrescarse). Hablo de esos básicos que, cuando la temperatura subió (y nunca bajó), se convirtieron en los cinco esenciales que me ayudaron a caminar, turistear y seguir sonriendo —aunque estuviera sudando— durante una ola de calor en Japón.
En Japón se camina muchísimo, hubo días en los que alcanzamos las diez millas, y entre una estación a otra, subir y bajar las escaleras de un templo, una tienda y el próximo restaurante, el cuerpo va perdiendo energía sin que uno se dé cuenta. Las máquinas expendedoras se volvieron una parada obligada, casi como parte del itinerario. Agua siempre en mano, y cuando el día estaba demasiado intenso, alguna bebida para reponer sales minerales. Recomiendo que lleves tu propio termo insulado y lo rellenes con agua fría mientras transcurre el día y puedas mantenerlo en esa temperatura. De lo contrario, prepárate para tomar agua a temperatura ambiente.
Comodidad sin sacrificar el estilo. En mi caso, los pantalones cortos fueron mis mejores aliados porque me permitían moverme mejor y sentir menos calor. También las camisas y pantalones (y hasta la ropa interior) con telas de ejercicio, livianas, transpirables, que absorban el sudor o sequen rápido. Old Navy y Aerie tienen buenas opciones. No está de más llevar una camisa adicional en el bulto si en el día quisieras refrescarte. Recuerda que pasan casi más de 10 horas antes de que regreses al hotel. Allá, en Japón, conseguí camisillas de la línea AIRism de Uniqlo que me resultaron supercómodas y frescas.
El bloqueador solar fue parte de mi rutina antes de salir del cuarto del hotel y también durante el día. De un lugar a otro la exposición al sol se acumula, aunque uno no lo note al momento. La clave fue reaplicarlo, especialmente después de sudar o pasar muchas horas afuera, usualmente en las paradas del tren o al comer. Procura hacerle espacio en la cartera, lo vas a necesitar. En Japón utilicé el Bioré UV Aquarich que se puede conseguir en cualquier tienda. Su textura es liviana y no deja residuos en el rostro. De hecho, las tiendas tienen muchas opciones no solo de bloqueadores solares sino de productos para refrescarte del calor.
Esta fue una compra que jamás contemplé en mi preparación para el viaje. Si antes pensaba que una sombrilla era un accesorio extra, solo para la lluvia, Japón me corrigió rápido. Después del primer día de excursión por Tokio, no dudé en conseguir una con protección UV, y terminó siendo mi mejor amiga. Me daba sombra inmediata, hacía más llevaderas las caminatas y ayudaba muchísimo cuando no había árboles o sombra cerca. Entendí por qué tantos japoneses la llevan en verano, al igual que los abanicos eléctricos de mano. Si optas por ambos, tienes el combo perfecto. Una de las mejores inversiones.

Elegir el bolso correcto también importa. Un “backpack” o una cartera “crossbody” impermeable (repito, impermeable) me dio tranquilidad entre el sudor, la humedad, las botellas de agua frías que condensan, las lluvias repentinas y todo lo que uno termina cargando: agua, “battery packs”, bloqueador, sombrilla, abanico portátil, compras pequeñas, dinero, “snacks” y documentos. No era solo un accesorio; era mi “kit” de supervivencia. Trata de llevarte uno cómodo, lo tendrás todo el día. Utilicé uno que adquirí hace unos años para excursiones en nieve en la Patagonia.
No subestimes el calor de Japón ni te culpes si llega ese momento en que sientes que “no puedes más” y necesitas un “break” de las caminatas o las escaleras.
Las altas temperaturas no son tema liviano, no solo en Japón, sino en el mundo. Escuchar al cuerpo y cambiar planes si hace falta descansar también son parte de la aventura.
Con estos artículos clave pudimos disfrutar de Japón sin derretirnos en el intento.
A ver si regreso en temporada de invierno…
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