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A veces el amor guía el proceso de confrontar el pasado.
A veces el amor guía el proceso de confrontar el pasado. (Shutterstock)

La primera vez que regresé a mi escuela elemental y la miré con ojos de adulta la encontré minúscula. La inmensa glorieta en la que jugaba al esconder, los pupitres del salón de clases en los que ajustaba mi mano zurda a un mundo de derechos y hasta el tamaño de la pizarra se achicaron ante mí. La fuente de agua, que sin quererlo se convirtió en el comprobante de mi crecimiento infantil en los ‘70, parecía diseñado para casas de muñecas. No soy alta, solo entré en el túnel del tiempo y repasé el recuerdo.

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