25 de junio de 2026 - 11:10 PM

La diseñadora Erika Peña celebró sus 20 años de trayectoria con una colección que honra sus distintas etapas desde sus inicios bohemios hasta llegar a la alta costura, como una profesional establecida, segunda de su propuesta y convencida de que merece el sitial que ha alcanzado en la industria de la moda global.
La colección Prosecco está inspirada en su carrera, su estilo y en las clientas que la han acompañado durante su carrera, que son mujeres independientes, trabajadoras, que les gusta explorar el mundo. Son amantes de la moda, la joyería, el volumen, el encaje. Es bohemia y romántica, pero también encara su “boss girl”.
Esa ha sido la guía para sus colecciones desde el principio. “Yo diseño para mis clientas”, aseguró Peña a Magacín, desde la suite presidencial del Hotel La Concha, donde presentó su colección de aniversario.
Prosecco es romántica, bohemia, etérea y supremamente femenina. La colección está marcada por el volumen, la pedrería y el encaje en tres tonos principales, los favoritos de Erika: el blanco roto, el negro y el “dorado”, como la diseñadora llama al amarillo mantequilla que, considera, “le queda bien a todo el mundo”.
La colección hace homenaje a las múltiples etapas de la vida de su creadora hasta establecerse como una diseñadora que confía plenamente en su propuesta de moda femenina. Las piezas hacen un recorrido por distintas ciudades y países que ha habitado, como Nueva York, Miami, Bali y Puerto Rico.
La “Erika de Puerto Rico” está inspirada en sus padres. Particularmente, en la estética de su papá en la década de 1970, cuando era percusionista en la isla. El conjunto “off white” cuenta con un pantalón acampanado hecho en encaje y una chaqueta tipo bolero.
Después de 20 años de consistencia, Erika se ve como una diseñadora establecida, que siente la libertad de ser y crear desde su autenticidad.
“Me parece que, hoy en día, con todo el enfoque de ‘age’ y todo lo que está pasando, yo estoy agradecida que todavía estoy viva, que tengo salud, que tengo mi familia, que todavía estoy diseñando, que a la gente le gustan las colecciones y que estoy de moda todavía. ¡Imagínate, 20 años!”, expresó la boricua radicada en Bali, Indonesia, hace 10 años.
Desde sus inicios, Peña ha diseñado con sus clientas en mente, con la meta clara que se sientan hermosas y cómodas con sus vestidos, en todas las etapas de su vida. Dos décadas después de crear su marca, cree que está cumpliendo su “propósito de vida”.
“Diseñar para mis diosas es un honor”, verbalizó la diseñadora.
Aunque ahora se cumplen dos décadas consecutivas desde que tiene su marca, Erika era una diseñadora innata desde pequeña, cuando diseñaba sus vestidos “de princesa” y de novia.
Peña se formó en Parsons School of Design y, al graduarse, trabajó con diseñadoras como Josie Natori y Donna Karan. Luego, comenzó a vender piezas de diseñadores que le “encantaban”.
En uno de esos viajes, vino a Puerto Rico, el lugar en el que nació y al que no había regresado desde que, junto a su familia, emigró a los cinco años.
“Me enamoré de los diseñadores de acá y dije: ‘wow, ese es mi estilo’. Vine a ver donde yo nací, de donde soy y me quedé. Me quedé enamorada de Puerto Rico”, destacó la artista.
En San Juan, continuó su carrera como vendedora de líneas hasta que el proyecto en el que trabajaba cerró y se quedó sin trabajo. En ese duro momento, comenzó a diseñar accesorios, que pronto llegaron a ojos de editores de importantes publicaciones de moda. Desde entonces, comenzó a vender su línea y no la de otros.
“En la vida todo pasa por una razón. Algunas veces cuando algo te pasa, tú dices: ¿Por qué? ¿Porque me pasó a mí? Yo creo mucho en Dios. Yo sé que Él me está cuidando. [...] Siempre (hay que) tener fe y confiar en el universo te va a llevar al camino que es, porque si yo no hubiera trabajado esos años vendiendo líneas, no tuviera esos contactos”, destacó.
A lo largo de su carrera, Peña se ha dedicado al “wholesale”, con ventas en línea o supliendo a tiendas como Anthropologie, Revolve y Bloomingdale’s, entre otros.
Sin embargo, el año pasado se adentró en el “couture” en un contexto también complejo que la obligó a limitar su producción al por mayor: los aranceles que impuso el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, a la mayoría de sus socios comerciales.
“Yo fabrico en Asia. Cuando se dio (el aumento) a 120% las tarifas, me cancelaron todas las órdenes. Ahí es que yo digo, bueno, tengo esta mercancía, tenemos que vender. Empiezo a hacer ‘pop ups’, ya sea en la Filipinas, en Singapur, en Australia, Milano”, contó.
Entonces, comenzó a cambiar el modelo de su marca a uno con piezas únicas, en vez de apostar al volumen, pues reconoce que no era la única diseñadora afectada con esa decisión política, sino que “todo el mundo en el mundo estaba afectado por las tarifas”.
“Siempre me estoy reinventando con los tiempos y lo que está pasando alrededor, porque eso es lo que se tiene que hacer”, consideró.
Ante esta nueva realidad, Peña se dirige a expandir la presencia de sus tiendas propias, que actualmente tienen cinco sucursales en su hogar en Bali, Indonesia.
La colección Prosecco se presentó en un desfile de moda en el Hotel La Concha con motivo de la Noche de San Juan. Junto a Peña, se presentaron Hermán Nadal y A. Monique Swim.
A Erika le ilusiona compartir la pasarela con colegas de la nueva generación de diseñadores de Puerto Rico, archipiélago con el que se ha mantenido conectada, pese a vivir hace una década en Indonesia.
“Espero que ellos logren todo lo que yo he hecho y más, que lo logremos todos juntos. Seguimos porque hay mucho, mucho talento en el Caribe, específicamente en Puerto Rico, y algunas veces tenemos que salir para lograr la fama mundial, pero es bueno regresar, como hizo Bad Bunny”, puntualizó la diseñadora, quien instó a siempre estar orgullosos “de dónde venimos y del son que le damos al mundo”.
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