Carlos Joel Velázquez, presidente de la Corporación de Pescadores Unidos.
Carlos Joel Velázquez, presidente de la Corporación de Pescadores Unidos. (VANESSA SERRA DIAZ)

Naguabo - A unos pasos del malecón de Naguabo ubica una de las plataformas pesqueras más productivas del país, donde decenas de profesionales de la pesca acuden a diario para buscar productos frescos que sirven de inventario a los restaurantes y familias de la región.

Pero la clave para el éxito que tiene la Villa Pesquera se debe a la organización que se logró a través de la Corporación de Pescadores Unidos que se creó desde el 2012, fecha en que la prolífica industria estaba a la deriva debido al poco respaldo que recibía del gobierno.

“Esta Villa Pesquera se estableció en 1945 y estaba bien organizada, pero con el tiempo dejó de recibir ‘support’ del municipio y se dejó al abandono. Entonces, los pescadores decidimos reunirnos para reesturarnos y crear una junta de administración. Hicimos todo de manera formal e inscribimos a la corporación y de ahí surge en 2012 un grupo decidido a rescatar lo que había y nos organizamos con junta de directores. Las facilidades, que pertenecen al Departamento de Agricultura, ya estaban hechas, era cuestión de rehabilitar el lugar. Pero necesitábamos un compromiso de los gobiernos”, expresó Carlos Joel Velázquez, líder del sector pesquero, sobre el acuerdo que se ha logrado desde entonces con los alcaldes que han desfilado por Naguabo para que se encarguen del ornato y limpiezas del área.

Además, recibieron ayuda de diversas organizaciones, entre estas Conservación ConCiencia, la cual ha suplido a los pescadores de herramientas y equipos necesarios para realizar sus pescas. Asimismo, la organización ayudó en el recogido de escombros marinos tras el azote del huracán María, una acción que provocó que resurgieran especies como el pulpo, el cual “casi no se veía desde la tormenta”.

Gerardo Rivera y su sobrino, José Antonio Rivera, son pescadores de Naguabo y miembros de la Corporación de Pescadores Unidos.
Gerardo Rivera y su sobrino, José Antonio Rivera, son pescadores de Naguabo y miembros de la Corporación de Pescadores Unidos. (VANESSA SERRA DIAZ)

De otra parte, se ha instalado un sistema de acuicultura de carrucho con el fin de criar esta especie en un laboratorio desde la etapa de huevos hasta su estado final, para luego llevarlos al ecosistema marino y puedan reproducirse.

“Ahora mismo tenemos 23 pescadores comerciales activos que se destacan en tres áreas: pesca de buceo, de cordel y de nasas”, explicó Velázquez al agregar que el trabajador más joven tiene 29 años y el mayor 85 años.

Del mar a la mesa

Como parte de la dinámica en la Villa Pesquera se estableció una pescadería donde los profesionales venden las capturas del día. Estas, a su vez, se revenden al detal a clientes que llegan al lugar y a restaurantes de la región.

“Es una iniciativa de apoyo y pesca sostenible”, aseguró al mencionar que en la villa se manejan “par de quintales de langostas, pescados y carrucho en un mes”. Un quintal equivale a 100 libras, explicó.

El próximo paso dentro de la corporación es lograr que el gobierno les ayude a reabrir el restaurante El Capitán 7, el cual pertenece a la Villa Pesquera pero tuvo que clausurarse por su cercanía a un derrumbe luego del huracán María.

Entre los pescadores que pertenecen a la corporación se encuentra Gerardo Rivera, quien tiene 85 años y se destaca en la pesca de cordel, caracterizada porque se realiza durante las noches y madrugadas.

“Todavía pesco algo y doy la lucha... estoy en esto desde los nueve años. Me críe aquí, en la orilla del mar”, expresó el hombre.

Su sobrino, José Antonio Rivera, siguió sus pasos. Este corre todas las bases de la pesca pues lo mismo maneja las nasas que el buceo y el cordel.

“Hoy llegué con 27 libras de langostas y un montón de burgaos. ¿Sabes lo que son burgaos?”, comentó para explicar que esta última especie es un caracol, cuya carne es bien “cotizada” entre los amantes de los mariscos.

“Eso es oro... lo mejor que hay. Y como no se pesca todos los días, todo el mundo lo quiere”, agregó al decir que usualmente estos “caracoles” están en las piedras y solo se pueden capturar con el mar calmado.

Rivera considera un milagro que pueda acudir diariamente a pescar pues en 1994, precisamente buceando, le dio una embolia gaseosa arterial. Esto es un tipo de obstrucción del flujo de sangre a los órganos causada por la presencia de burbujas en una arteria.

“La burbuja me dio aquí (señala su pecho) y estuve 26 días en el hospital en una cámara de compresión... además de eso que me dio tengo un reemplazo de hombro y caderas”, comenta el hombre que debido a la embolia camina con dificultad.

“No camino bien, pero camino... y si papá Dios me da permiso de estar aquí voy a seguir pescando. Papá Dios me está dando el break, ese tipo está pasa’o conmigo. Así que vamos pa’ encima”, expresó con un simpático humor.

💬Ver comentarios