marcha de
La marcha de "Here to Stay" en el Monumento a la Hambruna de Irlanda, en Boston, donde se reunieron activistas de inmigración y grupos laborales para protestar contra la campaña del presidente contra la inmigración irregular. (AP)

Boston - Con frecuencia, los europeos se escondían a simple vista, mientras los latinoamericanos, asiáticos y otras personas que vivían de forma ilegal en Estados Unidos eran deportados. Pero ahora empiezan a darse cuenta de que no son inmunes a la campaña del gobierno contra la inmigración ilegal y están preocupados.

El número de europeos deportados de Estados Unidos en este año fiscal va camino de superar el total del año fiscal anterior, según cifras proporcionadas a The Associated Press por el Servicio de Control de Inmigración y Aduanas de EstadosUnidos (ICE, por sus siglas en inglés).

Del 2 de octubre al 24 de junio se habían expulsado 1,300 europeos este año, en comparación con los 1,450 del año fiscal 2016, el último bajo la presidencia de Barack Obama. La agencia no dio estimaciones desglosadas por años naturales.

En San José, California, un solicitante de asilo ruso seropositivo afronta una posible deportación tras exceder la duración de su visa. En Chicago, grupos de las comunidades polaca e irlandesa dijeron haber recibido consultas sobre servicios de inmigración y ciudadanía de gente que buscaba protecciones legales.

Y en Boston, John Cunningham, un irlandés conocido que había excedido la duración de su visa en 14 años, fue enviado de vuelta a Irlanda la semana pasada, haciendo temblar a la considerable comunidad de expatriados irlandeses en la ciudad.

“La gente está muy, muy preocupada y mantiene un perfil bajo”, dijo Ronnie Millar, del Irish International Inmigrant Center, con sede en Boston. “El mensaje es que si le puede pasar a John, le puede pasar a cualquiera”.

Los europeos suponen en torno a 440,000 de los aproximadamente 11 millones de personas que viven sin permiso en Estados Unidos, según el Migration Policy Institute.

El gobierno de Donald Trump ha deportado a 167,350 extranjeros desde el inicio del año presupuestario, en comparación con los 240,255 de todo el año fiscal 2016. Los inmigrantes latinoamericanos son de lejos el grupo más grande, liderados por los mexicanos con unas 93,000 personas afectadas.

Entre los europeos, los rumanos son los más numerosos con 193 deportaciones este año fiscal. Les siguen los españoles con 117, británicos con 102, rusos con 81 y polacos con 74. Esos países también encabezaron la lista el año pasado, con 176 rumanos, 160 británicos, 160 polacos, 115 españoles y 94 rusos.

Los activistas de inmigración dicen que han instado a la gente a que conozca sus derechos por si les dan el alto, y a que los padres hagan planes de contingencia para sus hijos por si son detenidos.

“El peor aspecto de estas cifras desde nuestro punto de vista es que nuestras organizaciones comunitarias no saben a quién se está deportando y por qué, y son incapaces de enviar abogados de inmigración para asistirles”, dijo Dmitri Daniel Glinski, presidente del Russian-Speaking Community Council de Manhattan y el Bronx.

Denis Davydov, que vive en San José, California, estuvo más de un mes detenido tras regresar de unas vacaciones en las Islas Vírgenes estadounidenses.

Finalmente salió libre, después de que su abogado alegara que Davydov podía regresar de forma legal porque había pedido asilo político por ser gay y seropositivo. Sin embargo, podría verse obligado a regresar a Rusia si se rechaza su petición.

Davydov dijo que la experiencia de la detención y la incertidumbre que ha arrojado sobre su solicitud de asilo le hacen sentirse vulnerable.

“Antes de esto creía que lo estaba haciendo todo bien, pero ahora tengo miedo de que hacerlo todo bien no baste. No sé qué más puedo hacer”, dijo. “Siento que puede ocurrirme de nuevo en cualquier lugar. En el aeropuerto o en la calle”.

A la Polish American Association de Chicago se le ha pedido que ofrezca charlas sobre qué deben hacer los residentes si aparecen agentes de inmigración en su puerta, explicó la directora ejecutiva de la asociación, Magdalena Dolas.

“A la gente le preocupan sus derechos”, dijo. “Demuestra que hay concienciación, pero que también hay ansiedad”.

El Chicago Irish Immigrant Support Center recibe ahora el triple de consultas sobre inmigración y cuestiones de servicios legales que hace un año, dijo Michael Collins, director ejecutivo.

En todo el país han sido deportados 18 irlandeses, frente a los 26 de todo el año fiscal anterior, según datos del ICE.

El caso de Cunningham se ha convertido en una advertencia entre la comunidad de irlandeses expatriados en Boston.

“Ha circulado el rumor, ‘No vayas a ninguna corte, y si llaman a la puerta y no esperas a nadie, no abras’”, dijo Benny Murphy, un camarero de 32 años en Boston que vive de forma ilegal en Estados Unidos desde hace unos tres años, cuando se casó con una mujer de ciudadanía estadounidense.

Muchos creen que a Cunningham simplemente se le olvidó la regla de oro de vivir en las sombras: No llames la atención.

Meses antes de su detención, apareció en un programa nacional de noticias en Irlanda para compartir su experiencia viviendo de forma ilegal en Estados Unidos.

Cunningham, que declinó hacer comentarios para este artículo a través de su abogado, tampoco estaba del todo limpio. Tenía una orden de arresto por no presentarse a un tribunal en una disputa por 1,300 dólares con un cliente de su empresa de electricistas, y según registros estatales no tenía licencia de electricista.

Los activistas denuncian que, al adoptar una estrategia dura contra las infracciones de inmigración, Trump está atacando a mucha gente trabajadora y que paga impuestos, que en muchos casos tiene hijos con ciudadanía estadounidense.

El gobierno de Obama, por el contrario, centraba sus controles de inmigración en los delincuentes más serios.

Muchos de los que viven sin permiso de residencia en el país cayeron en un “falso sentido de seguridad” durante los mandatos de Obama, señaló Jessica Vaughan, directora de estudios de política en el Center for Inmigration Studies, que defiende políticas migratorias más restrictivas.

“Esto es un regreso a un control de inmigración más tradicional”, señaló Vaughan. “Tiene que haber un cierto nivel de vigilancia generalizada rutinaria, del mismo modo que su policía local no se centra sólo en los asesinatos, robos y violaciones. También tienen patrullas de tráfico”.

Pero Ali Noorani, director ejecutivo del grupo de derechos de los inmigrantes National Inmigration Forum, alegó que el gobierno se está excediendo.

“Está bastante claro que el ICE está expulsando a cualquier indocumentado con el que se encuentran”, dijo. “El problema mayor es que el gobierno de Trump está desperdiciando recursos muy valiosos de las fuerzas de la ley en mucha gente que no es una amenaza de seguridad, ya sean irlandeses, latinos, asiáticos o de otro lugar”. 


💬Ver 0 comentarios