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El huracán María destruyó su casa en Río Piedras y terminó refugiándose en un hotel de Florida, donde ahora ayuda al prójimo mediante la organización comunitaria Latino Leadership

Orlando - Tiene sus labios perfectamente coloreados y luce unos pendientes de esos redonditos que llaman “dormilonas” color azul cielo, que combinan perfectamente con el color blanquiazul de su camisa.

Sonríe aun cuando vive en un hotel desde el 15 de diciembre luego que el huracán María destruyó su casita en la comunidad Villa Navarra, en Río Piedras, y optó por refugiarse en esta ciudad de Florida. Se le achinan los ojos de contentura a pesar de que a veces le escasean los alimentos o tiene que ingeniárselas para llegar a alguna cita médica para tratar varias condiciones médicas. Ríe porque descubrió que la mejor medicina para su salud física y emocional es dar a otros lo que recibió cuando llegó a Florida central buscando un aliciente a la crisis que vive la isla en estos días, cuando se cumplen seis meses del paso de ese ciclón y a tres meses para que inicie de nuevo la temporada de huracanes.

“Mucha gente me ha ayudado. Ahora quiero devolver los abrazos que me dieron cuando llegué aquí”, dijo Blanca Cintrón, de 64 años y quien es voluntaria en la organización comunitaria Latino Leadership. Allí ayuda a empacar alimentos que se donan a puertorriqueños que llegan a este estado, colabora dando consejos y, sobre todo, se dedica a dar esos apretones borincanos que escasean por estas tierras.

“Hemos reclutado voluntarios entre los que llegaron tras María y hemos contratado a otros a través de una agencia de empleos. Dicen que los hemos ayudado a salir de su depresión y que quieren sentirse útiles”, dijo Marytza Sans, directora de Latino Leadership.

En un principio, esta entidad se propuso enviar miles de libras de alimentos, ropa y artículos de primera necesidad para ayudar a los damnificados en la Isla. Pero, ante la avalancha de boricuas mudándose a esta región, la entidad ha optado por entregar las ayudas a familias que han llegado aquí con las manos vacías.

Poco a poco, los boricuas que se han anclado en estos planos campos van insertándose en la cotidianidad floridana. “Se han integrado a organizaciones locales para ayudar, pues lo ven como una manera de devolver lo que han recibido cuando llegaron”, agregó Jimmy Torres, líder de Iniciativa Acción Puertorriqueña y quien también ha reclutado en su organización a algunos boricuas que el huracán trajo a Florida central.

En el ámbito empresarial, la Cámara de Comercio Hispana Orlando-Metro –la entidad más grande que agrupa a comerciantes hispanos– reveló que desde el paso del huracán siete empresarios puertorriqueños se integraron a la organización aprovechando membresías de cortesía que esa entidad está ofreciendo a los negociantes boricuas que lleguen a esta zona. La Cámara de Comercio Hispana Orlando-Metro tiene como miembros a 607 compañías que suman 1,337 profesionales, informó la entidad.

Este proceso de integración es lento en parte porque la mayoría de los puertorriqueños que ha llegado vive día a día en una carrera por resolver sus situaciones particulares y en tratar de adaptarse a la vida en un lugar desconocido, según Fernando Rivera, sociólogo y profesor de la Universidad de Florida Central (UCF). De paso, en ese centro docente ya el 25% de los estudiantes son de origen hispano. Esto ha hecho que la UCF busque que se le designe como un “Hispanic Service Institution”, dijo. Esto le permitirá recibir fondos federales para nuevos programas educativos, reclutar profesores, adquirir equipo y otros servicios de apoyo a esta comunidad latina.

También, el boricua que llega se enfrenta a otro golpe: en la isla vive pensando que es el centro de la discusión noticiosa sobre el status, la economía y la policía, “pero cuando llega aquí se da cuenta que mucha gente ni siquiera sabe que los puertorriqueños somos ciudadanos americanos. Llegas pensando que eres superimportante para Estados Unidos y aquí te das cuenta de que no es así, y hasta te preguntan por tu pasaporte”, agregó el académico.

Más de 50,000

Los datos oficiales que divulga el gobierno de Florida sobre los puertorriqueños que han llegado a este estado descansan en las cifras de pasajeros que traen los 16 vuelos diarios que llegan desde Puerto Rico. La cifra supera los 300,000, pero se trata de una figura inflada e irreal a la que el estado echa mano ante la ausencia de un dato categórico, explicó Stefan Rayer, director del Programa de Población del Negociado de Investigación Económica y Comercial de la Universidad de Florida. Esta entidad tiene la responsabilidad de preparar estimados y proyecciones poblacionales para el estado de Florida.

Rayer dijo que, de forma preliminar, la cifra neta de puertorriqueños que ha llegado a este estado es de 53,000. La cifra sale de un análisis que considera los estudiantes matriculados en escuelas públicas y las personas que han ido a buscar ayuda a los centros de asistencia gubernamental. “El número podría aumentar a quizás 60,000 ya que es un análisis hasta diciembre y no tenemos aún los datos de enero ni febrero”, dijo.

“Habrá que esperar al menos un año para tener unos datos concretos completos”, agregó. Las cifras del demógrafo coinciden con unas divulgadas recientemente por el Centro de Estudios Puertorriqueños del Hunter College que estiman en 56,477 los boricuas que han emigrado a Florida. Según esa entidad, esta cifra representa el 42% del total de residentes de Puerto Rico que emigraron hacia Estados Unidos tras el huracán María. La cantidad total de puertorriqueños que se movieron a Estados Unidos fue de 135,000, pero podría alcanzar los 470,000 al cabo del 2019, según el Centro de Estudios Puertorriqueños.

“Nueva York es el lugar que más puertorriqueños tiene fuera de la isla, pero pronto Florida será el número uno cuando el Censo considere las cifras de los que han llegado luego del huracán. Y claro, la situación en la isla será otra variable, pues depende cómo las cosas vayan recuperándose allá, la migración podría frenarse o podría incrementar”, pronosticó.

Esta migración ha tenido un impacto positivo en las finanzas del estado al añadir ingresos al erario por más de $160 millones, dijo el representante boricua en la legislatura floridana, Bob Cortés. Estos ingresos son por el pago de impuestos por servicios como el trámite de licencias, tablillas, sales tax, entre otros, explicó.

A falta de un dato preciso que ilustre la magnitud de esta migración, la cifra de estudiantes matriculados es un indicador realista de este movimiento de personas. El distrito escolar de Osceola, donde ubica Kissimmee –una de las ciudades con el mayor asentamiento boricua– mostró datos que revelan el incremento sostenido de niños matriculados en sus aulas, cifras que recopilan desde el 2 de octubre de 2017. De 34 niños boricuas matriculados ese día, la cifra había incrementado a 2,745 para el 8 de marzo de 2018, dijo Dana Schaefer, portavoz de prensa de ese distrito escolar.

Mientras, en el condado de Orange (donde está la ciudad de Orlando), el sistema de escuelas públicas ha registrado a esta fecha cerca de 3,500 niños puertorriqueños, según cifras de esa agencia gubernamental.


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