

11 de agosto de 2026 - 6:00 AM

“Donde sea que haya interacción social de dos personas o más en internet, puede haber cyberbullying”.
Así destacó el psicólogo Andrés Cruz Santos, cofundador del Laboratorio de Ciberpsicología de la Universidad Carlos Albizu (UCA), en San Juan, lo generalizado que está este comportamiento.
El también catedrático auxiliar de la UCA dijo que el cyberbullying ocurre “cuando se reciben ataques no deseados y repetitivos, de manera virtual, con la intención de hacer daño”. Indicó que se le llama así cuando ocurre dentro del contexto escolar, ya sea entre estudiantes o que involucre a maestros o a otro personal del plantel. Agregó que se llama acoso cibernético cuando no está relacionado con la escuela.
De acuerdo con el sitio web Stopbullying.gov, que es administrado por el Departamento de Salud y Servicios Humanos de los Estados Unidos, el cyberbullying suele ocurrir en redes sociales; por mensajes de texto o aplicaciones de mensajería instantánea; por correo electrónico; en videojuegos en línea; en foros y salas de chat y en tablones de anuncios en internet.
Incluye enviar, publicar o compartir contenido negativo, dañino, falso o malintencionado sobre otra persona, así como compartir información personal o privada sobre otro, causándole vergüenza o humillación.
“Se da en todas las edades y no solo de estudiante a estudiante, ya que puede ser de estudiante a maestro o viceversa, como cuando hacemos memes del profesor y lo compartimos en un chat”, expuso el psicólogo.
Es tan común que, según un estudio realizado en Estados Unidos el año pasado por el Cyberbullying Research Center, un 58% de los estudiantes de escuela intermedia y superior reportó haber sido víctima de cyberbullying en algún momento de su vida, mientras que un 33% afirmó haberlo sufrido en los últimos 30 días.
En el bullying cibernético están involucrados el que molesta, el que recibe el daño y quienes ven lo que sucede. Entre estos últimos está el espectador pasivo, que no hace nada para impedir lo que ocurre, y el espectador activo, que lo comparte con otros y así se vuelve cómplice.
El psicólogo destacó que dos factores importantes en el acoso escolar en línea son la anonimidad y la desinhibición. “El cerebro percibe que, al estar tras una pantalla, sin revelar tu nombre ni mostrar tu foto, puedes hacer lo que quieras sin consecuencias, lo que baja el control de impulsos y la empatía”, explicó Cruz. “Es un pensamiento erróneo, porque todo lo que haces en línea se queda ahí y el FBI (Negociado Federal de Investigaciones) y otras agencias de ley y orden pueden acceder luego esa información”.
Quienes reciben el daño pueden dejar de compartir con amigos y evitar situaciones sociales, incluso las que antes disfrutaba. También pueden manifestar su tristeza y frustración al aislarse, dejar de comer, experimentar dificultad para dormir y manifestar coraje o cambios de humor, dijo Cruz.
Para ayudar a las víctimas de cyberbullying, “recomiendo a los padres que mantengan una relación transparente y comunicación abierta con sus hijos, para que el menor pueda decirles lo que le está pasando y no se sienta culpable de haber sido acosado”, dijo el experto, quien es colaborador de Fields of Joy, fundación que promueve la salud mental de niños y jóvenes.
Agregó que, como hay conductas de bullying cibernético que pueden constituir delito, es importante no borrar los mensajes y guardar evidencia de lo ocurrido mediante capturas de pantalla u otros medios.
El portal Stopbullying.gov aconseja: “Si un compañero de clase está acosando cibernéticamente, denúncialo a la escuela. También puedes contactar a las plataformas de aplicaciones o redes sociales para denunciar contenido ofensivo y solicitar su eliminación. Si un niño ha recibido amenazas físicas o si se está produciendo un posible delito o comportamiento ilegal, denúncialo a la Policía”.
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