

17 de febrero de 2026 - 9:22 PM

California fue azotada el lunes por una poderosa tormenta invernal que trajo consigo tormentas eléctricas, intensos vientos y fuertes nevadas en zonas montañosas.
Millones de habitantes del condado Los Ángeles enfrentaban advertencias de inundaciones repentinas mientras la lluvia azotaba la región. Además, residentes de algunas de las zonas más afectadas por los devastadores incendios forestales del año pasado estaban bajo advertencia de evacuación hasta el martes debido a la posibilidad de que haya ríos de fango y escombros.
La alcaldesa de Los Ángeles, Karen Bass, ordenó que los equipos de emergencia y las agencias de la ciudad se alisten para responder ante cualquier problema.
La tormenta causó estragos en las carreteras desde el condado Sonoma hasta la Sierra Nevada. El tráfico fue detenido temporalmente en ambos sentidos de la autopista interestatal 80, cerca de los límites con Nevada, debido a derrapes y choques, informó el Departamento de Transporte de California. En el condado Santa Bárbara, un árbol de gran tamaño cayó sobre la autopista 101, obligando a cerrar la circulación en dirección sur.
Los meteorólogos informaron que la ladera occidental de la Sierra Nevada, el norte del condado Shasta —incluidas partes de la autopista Interestatal 5— y sectores de la Cordillera Costera del estado podrían registrar hasta 2,4 metros (8 pies) de nieve antes de que la tormenta atraviese la zona el miércoles por la noche. La nieve intensa, el viento y la baja visibilidad también podrían hacer que las condiciones de viaje sean peligrosas, casi imposibles, agregaron los meteorólogos.
“Gran parte de lo que va de 2026 ha dado la impresión de ser ‘primaveral’, pero el invierno está listo para demostrar que aún no ha terminado del todo”, indicó la policía del condado Shasta en redes sociales, e instó a los residentes a mantenerse atentos a la tormenta.
La Oficina de Servicios de Emergencia de California indicó que está desplegando bomberos y rescatistas en áreas con mayor riesgo de inundaciones, así como de flujos de lodo y escombros.
En el sur de California, el parque de diversiones Six Flags Magic Mountain cerró el lunes debido a la tormenta, y el de Knotts Berry Farm cerró sus puertas temprano. Pero las estaciones de esquí locales celebraron la llegada de la nieve tras una espera de semanas.
Otros estados se preparaban para diferentes fenómenos meteorológicos amenazantes. Los residentes de partes del este de Colorado recibieron advertencias el lunes de que podrían correr riesgos de incendios debido a una combinación de temperaturas anormalmente altas, ráfagas de viento y condiciones secas. Se prevé que los riesgos continúen durante la semana, ya que ráfagas de hasta 96 kilómetros por hora (60 millas por hora) probablemente recorran las llanuras orientales de Colorado el martes. Partes de Texas, Nuevo México y Kansas también estuvieron bajo advertencias de bandera roja.
La tormenta más reciente llega en medio de falta de nieve en gran parte del oeste de Estados Unidos, que padece los niveles más bajos de cobertura y profundidad de nieve en décadas. La mayoría de los estados registraron la mitad de su precipitación promedio o menos durante el mes de enero, aunque a California le fue mejor que a otros estados, pues tuvo fuertes lluvias de diciembre.
Fue el primero de varios días de clima tormentoso que se pronostican para California. Un aviso de inundación costera estaba vigente para San Francisco hasta el martes por la tarde, con chubascos más fríos y posibilidad de granizo el martes, mientras que se prevé que caiga nieve en las montañas cercanas, informó el Servicio Meteorológico Nacional en Monterey.
Kashawna McInerny, una agente inmobiliaria en la comunidad del pueblo montañoso de Wrightwood, a unos 130 kilómetros (80 millas) al noreste de Los Ángeles, dijo el lunes que todavía debe lidiar con varias toneladas de rocas y escombros en su propiedad debido a las tormentas de Navidad y Año Nuevo que azotaron su comunidad. Después de la última, dijo que recibió ayuda para cavar una zanja en una parte de su jardín con el fin de canalizar el agua de la tormenta hacia la calle, y colocó una barrera de metal y madera junto a una puerta con la esperanza de mantener fuera el lodo y los escombros.
“No estamos entrando en pánico todavía. Al menos yo no”, expresó entre risas.
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