

4 de noviembre de 2026 - 12:17 AM

El demócrata James Talarico conquistó el martes un escaño en el Senado de Estados Unidos por Texas, al derrotar al republicano Ken Paxton y lograr la primera victoria estatal de su partido en más de 30 años. El resultado sacudió uno de los bastiones históricos del Partido Republicano, que el presidente Donald Trump ganó por un margen de dos dígitos hace apenas dos años.
El legislador estatal de 37 años, exmaestro de escuela intermedia y seminarista presbiteriano, se convertirá en el primer senador demócrata por Texas desde 1993. Su victoria dejó al descubierto cómo el descontento de los votantes a mitad del segundo mandato de Trump puso en peligro a los republicanos incluso en territorios que suelen considerarse seguros. El resultado representa un rechazo al candidato que Trump respaldó para el escaño y amenaza el control republicano del Senado, donde los demócratas necesitaban ganar cuatro puestos para recuperar la mayoría.
Talarico se convertirá en el miembro más joven del Senado y sustituirá al veterano senador John Cornyn, de 74 años, quien perdió unas reñidas primarias republicanas frente a Paxton, cuya candidatura, marcada por escándalos, aumentó el atractivo de Talarico entre los votantes republicanos e independientes.
La intensa campaña en Texas, una de las contiendas más costosas de las elecciones de mitad de mandato, se convirtió en parte en un referéndum sobre los problemas legales, personales y éticos de Paxton, que han ensombrecido buena parte de sus tres mandatos como fiscal general del estado. Entre ellos figuró una investigación federal por corrupción que no terminó en acusaciones formales, así como un juicio político impulsado por su propio partido en la Cámara de Representantes de Texas, tras señalamientos de que abusó de su cargo para favorecer a un donante político. Posteriormente, el Senado estatal lo absolvió.
Durante buena parte de este siglo, los demócratas han perseguido sin éxito una victoria en Texas. Finalmente conseguirla podría ofrecerles una hoja de ruta para competir en otros estados donde han tenido dificultades. Talarico logró imponerse con una campaña que evitó en gran medida las divisiones partidistas, videos en TikTok que acumularon millones de reproducciones y críticas a los multimillonarios que, según dijo, corrompen la política en perjuicio de los estadounidenses comunes. Entre sus objetivos estuvo Elon Musk, la persona más rica del mundo y residente de Texas, quien gastó grandes cantidades para respaldar a Paxton.
Para los republicanos, cuyo gobierno en Texas ha restringido los derechos al aborto y ha ofrecido a la administración Trump un modelo para endurecer las medidas contra la inmigración, la derrota frente a un demócrata que en el pasado se presentó como un progresista orgulloso de Austin amenaza con profundizar las divisiones internas del partido.
Los líderes republicanos del Senado advirtieron desde temprano que Paxton y el lastre de sus controversias pondrían en peligro el escaño en un panorama electoral de mitad de mandato que ya se perfilaba difícil para los republicanos.
Pero Trump, confiando en su instinto político, respaldó a su leal aliado en las primarias frente a Cornyn.
Talarico, nieto de un predicador bautista, llevó adelante una campaña que evitó las batallas culturales y, en cambio, hizo hincapié en un mensaje de populismo económico, mientras criticaba el historial de escándalos de Paxton.
En sus mítines, decía que la mayor división en Estados Unidos “no es entre la izquierda y la derecha, sino entre los de arriba y los de abajo”. El demócrata, cuya victoria dependía de atraer a votantes republicanos, rara vez atacó al Partido Republicano en su conjunto y concentró su mensaje en el principal problema de un electorado frustrado: el aumento del costo de vida.
Talarico estableció una relación directa entre los altos precios y la corrupción: multimillonarios que inundan la política con enormes cantidades de dinero. Utilizó ese argumento para cuestionar la dependencia de Paxton de los grandes donantes. Mientras tanto, una incesante campaña de anuncios televisivos difundió titulares sobre una investigación federal por corrupción contra Paxton, iniciada después de que sus propios colaboradores lo denunciaran ante el FBI en 2020, aunque los fiscales finalmente decidieron no presentar cargos.
Aun así, el camino hacia la victoria era cuesta arriba. En años anteriores, candidatos demócratas —en particular Beto O’Rourke, durante su campaña de 2018 contra el senador Ted Cruz— habían despertado un entusiasmo que se desvaneció rápidamente la noche de las elecciones. La última vez que Texas envió a un demócrata al Senado fue cuando Lloyd Bentsen logró la reelección en 1988, un año antes del nacimiento de Talarico.
La derrota de Paxton pone fin a una década de resistencia política frente a sus problemas legales y personales. Entre ellos figuran una acusación formal de 2015 por fraude de valores y la solicitud de divorcio presentada el año pasado por su esposa, la senadora estatal Angela Paxton, quien alegó “razones bíblicas” relacionadas con señalamientos de adulterio.
Esa capacidad para resistir las controversias se desmoronó en la contienda más importante de su carrera. Paxton, quien evitó debatir con Talarico, centró su candidatura en presentar a su rival como un extremista liberal y describió la elección como una batalla por el rumbo del país.
Desató una avalancha de ataques que destacaban declaraciones de Talarico durante su gestión como legislador de un distrito liberal de Austin, entre ellas haber llamado a Dios “no binario” y haber dicho que existen seis géneros. Talarico ahora considera que esos comentarios fueron “vergonzosos”.
Sin embargo, Paxton tuvo dificultades para unificar a los republicanos después de las primarias contra Cornyn. Trump hizo campaña en Texas durante la recta final para impulsar la participación electoral republicana, pero sus esfuerzos no fueron suficientes ante su profunda impopularidad en buena parte del país.
La contienda fue una de las más costosas del país. Según AdImpact, ambos bandos inundaron los medios de comunicación con anuncios de campaña cuyo gasto combinado superó los $500 millones.
La mayor parte de ese dinero se destinó a impulsar a Paxton en el segundo estado más poblado de Estados Unidos, hogar de 31 millones de habitantes y que durante años ha servido como contrapeso conservador a la influencia liberal de California.
Musk aportó un total de $158 millones al Senate Leadership Fund, la misma cantidad que posteriormente esa organización entregó al Texas PAC, el mayor contribuyente a la campaña de Paxton. Musk también donó $10 millones al Lone Star Liberty PAC, que respaldaba al republicano.
Talarico argumentó que ese gasto desmesurado demostraba la necesidad urgente de establecer límites al poder de los intereses económicos más influyentes. Durante la campaña, repitió con frecuencia una consigna: “Texas no está en venta”.
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