

4 de noviembre de 2026 - 12:43 AM

En una sorprendente victoria electoral, Gina Hinojosa fue elegida el martes como la primera gobernadora demócrata de Texas en más de 30 años, al derrotar al gobernador republicano incumbente Greg Abbott. El resultado catapultó a una candidata que partía como clara favorita a perder hacia la prominencia nacional, al frente del estado republicano más poblado del país.
Hinojosa se convertirá en la primera gobernadora latina de Texas y en la primera demócrata en ocupar el cargo desde Ann Richards, en la década de 1990. Su histórica victoria desplaza a uno de los gobernadores republicanos más prominentes del país y firme aliado del presidente Donald Trump, y podría acelerar la transformación del estado en un territorio electoral cada vez más competitivo.
Su triunfo representa una reivindicación para los demócratas, que durante mucho tiempo han mantenido la esperanza de que los cambios demográficos en Texas eventualmente se traduzcan en una transformación del poder político. También coloca a Hinojosa, legisladora estatal de 52 años que representa desde 2017 a un distrito liberal de Austin, como una de las nuevas figuras destacadas del Partido Demócrata, pese a que no contó con un respaldo significativo de la organización nacional para su campaña.
Hinojosa entró en la contienda con poco dinero y escaso reconocimiento público, pero logró articular una desafiante campaña de corte populista en la que criticó los centros de datos para inteligencia artificial y la corrupción para derrotar a Abbott. También demostró que el dinero tiene límites en la política. El multimillonario Elon Musk había gastado decenas de millones de dólares para respaldar a los republicanos, mientras que la campaña de Abbott había invertido $180 millones desde el año pasado en lo que se consideraba un camino seguro hacia un cuarto mandato.
Sin embargo, Hinojosa demostró tener resistencia electoral y, al mismo tiempo, se benefició del impulso de la intensa campaña del demócrata James Talarico al Senado federal contra el republicano Ken Paxton, una de las contiendas electorales más importantes del país.
Apenas dos años después de que Trump ganara Texas por un margen de dos dígitos, esta sorpresiva derrota también refleja claramente cómo el descontento generalizado a nivel nacional afectó a los republicanos incluso en uno de sus bastiones, donde los demócratas no habían ganado en décadas.
A nivel nacional, la derrota encenderá las alarmas entre los republicanos, que dependen de ganar Texas en las elecciones presidenciales para mantener una ruta hacia la Casa Blanca.
La manera en que Hinojosa ejerza el cargo probablemente dará paso a un cambio político y cultural significativo en el Capitolio de Texas, donde durante la última década se ha aprobado una de las leyes más estrictas del país contra el aborto y se han intensificado las medidas contra la inmigración.
Su victoria otorga a los demócratas un poderoso instrumento de veto, aunque el alcance de su autoridad se pondrá a prueba en una legislatura estatal donde los republicanos todavía mantienen la mayoría.
Abbott, quien asumió el cargo por primera vez en 2015, había ganado todas sus elecciones anteriores por márgenes de dos dígitos.
Entonces surgió Hinojosa, quien comenzó su campaña el año pasado, en un momento en que figuras demócratas de mayor renombre parecían poco dispuestas a entrar en la contienda.
Desde el principio, acusó a Abbott de dar prioridad a los más ricos por encima de la gente común y de no lograr reducir el costo de vida. Abbott sostuvo que Hinojosa quería aumentar los impuestos y la presentó como una radical y una amenaza para el estilo de vida de los texanos.
Una de las primeras promesas de campaña de Hinojosa fue entregar un pago único de $1,500 a cada uno de los casi 32 millones de residentes del estado. Denominó la propuesta “Reembolso del impuesto por corrupción” (Corruption Tax Refund). Aseguró que el dinero saldría del enorme fondo de ahorros de emergencia de Texas.
Hinojosa también aprovechó el creciente rechazo a nivel nacional a los centros de datos y acusó a Abbott de permitir la proliferación de estas instalaciones, que consumen grandes cantidades de energía para operar sus servidores. Abbott respondió al descontento público con una moratoria temporal sobre la aprobación de nuevos centros de datos.
En el pasado, Hinojosa había sido una orgullosa vicepresidenta del Caucus Progresista de la Legislatura de Texas y defensora de los derechos de las personas transgénero, temas que se convirtieron en el eje de los ataques de Abbott.
Durante toda la campaña intentó distanciarse de la etiqueta de progresista y evitó las controversias relacionadas con las llamadas guerras culturales. En su lugar, se presentó como una candidata populista. Su campaña incluyó anuncios en los que aparecían votantes republicanos que afirmaban que la apoyarían.
“Quieren hacer toda una campaña diciendo que soy demasiado woke”, expresó Hinojosa en uno de sus anuncios. “Yo pienso dedicar toda mi campaña a destacar que los trabajadores están demasiado arruinados”.
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